La historia del emigrante que sobrevivió a una caída de 150 m, asombra al mundo.
Caído del cielo para Navidad; milagro en la calle 66; el ecuatoriano volador. La historia da para títulos de lo más inspirados. Lo cierto es que los médicos no caben en su asombro: Alcides Moreno, un inmigrante de 37 años que trabaja en Nueva York, cayó de un andamio colgado a 150 m y sobrevivió.
Alcides se precipitó al vacío hace más de un mes junto con su hermano menor, Édgar, luego de que cediera la plataforma donde se montaban para limpiar los vidrios del piso 47 de un rascacielos de la calle 66.
Édgar murió en forma instantánea, y Alcides se recupera junto a su esposa y sus tres hijos. Sufrió graves daños en el cerebro, la médula, los riñones y el abdomen y se rompió las dos piernas, el brazo derecho y las costillas, pero tras varias operaciones, y justo para Navidad, recuperó la conciencia y se espera que vuelva a caminar.
“Si usted cree en los milagros, este es uno de ellos”, dijo el cirujano Phillip Barie, del Hospital Presbiteriano donde está internado Alcides. “Cuando los obreros caen desde más arriba que el piso 10, la mayoría de las veces ni los vemos, porque van directo a la morgue”, dijo. “Esto está a la altura de las historias de quienes sobreviven a la caída de un avión”, agregó.
Los Moreno, oriundos de Ecuador, dudaron si ir a trabajar o no el pasado 7 de diciembre, porque desconfiaban de la seguridad del andamio y además hacía frío. Pero un supervisor les confirmó que las fallas habían sido ajustadas, dijeron sus familiares a la prensa estadounidense, y resolvieron ir.
Los Moreno, que residían en Nueva Jersey, no usaron arneses y lo único que los mantenía suspendidos era la plataforma defectuosa. Al momento se investiga las causas del accidente en la Torre Solow.
Minutos después de caer, Alcides recibía 24 unidades de sangre y varias de plasma. Para recomponer su cuerpo maltrecho, se lo debió someter a nueve operaciones. Pero ya mueve todos los miembros y habla, revelaron en el hospital ubicado en el corazón de Manhattan.
Su esposa, Rosario, dijo al The New York Times que un día Alcides levantó la mano y le tocó el rostro a una enfermera.
Ella, que desde el accidente le había hablado y acariciado sin esperar que pudieran comunicarse, le dijo en broma: “Ey, no deberías hacer eso. Yo soy tu esposa; tú tocas a tu esposa”. Alcides contestó: “¿Pero qué hice?”. No está claro si se trató de una respuesta pícara al comentario de su mujer o si se preguntaba cómo hizo para “volar”.
El doctor Barie dijo que “aunque aún queda mucho que hacer, somos optimistas respecto a sus posibilidades de supervivencia”. Alcides deberá someterse a varias intervenciones en los próximos meses y el equipo médico no descarta que surjan complicaciones serias.
Alcides Moreno llegó a Estados Unidos hace más de diez años y ahora es ciudadano estadounidense. Su hermano menor era residente legal y su ciudadanía estaba en trámite.