En la época recientemente concluida de dar regalos, la proporción de libros comprados en relación a la de libros leídos se inclina bastante hacia los primeros.
Los libros son regalos populares porque conllevan un poco de auto complacencia y halago. Dicen: soy inteligente y creo que tú también lo eres. La gente con frecuencia compra estos libros con la esperanza de llenar sus estantes con títulos que le dicen al mundo “quién soy”, incluso si todo lo que realmente pueden decir es “yo lo compré”.
“Te imaginas a ti mismo como alguien más culto de lo que eres y, sobre todo, imaginas que en el futuro vas a ser más culto de lo que eres”, dijo Michael Kinsley, columnista para la revista Time. En ocasiones, un título se convierte en un éxito de ventas aún cuando la mayoría de la gente nunca pasa de la página 9. Un ejemplo famoso es “Breve historia del tiempo”, de Stephen Hawking, libro que prometía convertir a la física teórica en una lectura sencilla. Pasó más de dos años en la lista de The New York Times de bestsellers en pasta dura y en los 20 años transcurridos desde su publicación ha vendido 3,5 millones de ejemplares en Norteamérica, de acuerdo a la casa editorial Bantam Dell Publishing Group. Ésa es una cifra que muy probablemente excede por mucho al número de personas que, de hecho, lograron leer el delgado volumen. “Lo bueno es que no le exigimos a cada consumidor que presente un reporte del libro”, dijo Irwyn Applebaum, editor de Bantam.
Es difícil cuantificar el fenómeno de comprar sin leer. Pero el año pasado, en Gran Bretaña, una encuesta del Consejo de Museos, Bibliotecas y Archivo encontró que el 33 por ciento de los adultos confesó mentir con respecto a leer un libro para parecer más inteligente.
Muchos de los libros más vendidos del 2007 en Estados Unidos, de acuerdo a Nielsen BookScan, que incluye a aproximadamente el 70 por ciento de las ventas al por menor, son libros que, con mucha probabilidad, realmente son leídos: “Mil soles espléndidos”, la segunda novela de Khaled Hosseini, “Comer, rezar, amar”, la biografía de Elizabeth Gilbert, así como tres títulos de James Patterson.
Pero los vendedores de libros y otros en la industria coinciden en que siempre hay libros que reciben más honores en las compras que en la lectura.
“Los llamamos GLNL”, dijo Elaine Petrocelli, dueña de la librería Book Passage, en California, como abreviación de “Grandes libros no leídos”. Petrocelli dijo haber escuchado a un representante de ventas editoriales idear la frase hace casi 20 años, cuando ella intentaba obtener ejemplares adicionales de “Los versos satánicos”, de Salman Rushdie.