Durante siglos, los combates y la anarquía han sido parte del tejido de la vida en esta ciudad fronteriza. Pero desde el año pasado, la guerra de Paquistán contra las milicias islámicas ha penetrado hasta sus callejones y bazares, sus fortalezas y armerías, matado a policías y soldados y asustado a sus ciudadanos famosamente resistentes.
Hay una sensación de asedio en Peshawar, ahora que la insurgencia islámica se desborda de la adyacente región tribal hacia esta ciudad, una de las más grandes de Paquistán, y sus distritos circundantes.
El talibán y sus milicianos actualmente controlan pequeñas áreas estratégicas en las afueras de la ciudad, señala la policía, desde donde atacan a las fuerzas armadas y a la policía, ordenan a niñas a usar el burka y hacen estallar tiendas que venden DVDs, entre otros actos de violencia.
Los ataques suicidas, explosiones de bombas y ataques con misiles ocurrieron, en promedio, una vez por semana en Peshawar en 2007, según un conteo del departamento de policía de la ciudad. Aunque en 2006 hubo ocasionales ataques con granadas y explosiones, las autoridades no registraron un solo ataque con bomba suicida o cohetes.
La proximidad de Peshawar a las áreas tribales donde se han reagrupado el talibán y Al-Qaeda en los últimos dos años hace que la ciudad sea un premio factible para las milicias en el conflicto interno en rápida escalada que opone a los extremistas islámicos contra el gobierno respaldado por Estados Unidos del Presidente Pervez Musharraf.
Aunque pocos en Peshawar creen que el talibán gobierne en un futuro próximo, la policía y los residentes afirman que, a los extremistas les va bien, según los estándares de una guerra de contrainsurgencia.
Han socavado la fe pública en el gobierno, sembrado la desconfianza y hecho que los policías teman por sus vidas.
“La gente siente que la inseguridad es tal, que nadie la puede remediar”, expresó Humair Bilour, cuñada de Malik Saad, popular jefe de policía de Peshawar que murió en un atentado suicida con bomba el año pasado. “¿Cómo puede el gobierno hacer algo cuando el mismo gobierno está involucrado en ello?”.
Comentó que ella y sus amigas ahora tienen miedo de salir. “La gente va al bazar y bromea: ‘¿Va ésta a ser mi última visita?’”, dijo.
Los extremistas han escogido a la policía y el ejército, dos importantes pilares del estado paquistaní, como sus blancos particulares. Recientemente se dispararon cohetes contra un cuartel del ejército, en Warsak, en el perímetro de la ciudad, un aviso del poder de los milicianos para atacar desde Mohmand, distrito en las áreas tribales adyacentes a Peshawar, región que hace unos meses era considerada libre del talibán.
El cuartel general del ejército en el centro de la ciudad fue atacado el mes pasado por una bombardera que ocultaba explosivos debajo de su burka, que fueron detonados por control remoto. El asesinato hace un año de Saad, quien murió mientras estaba de servicio intentando controlar una procesión religiosa, sacudió a la ciudad.
El meollo de los problemas en Peshawar, afirman muchos, son las demandas de Estados Unidos de que las fuerzas armadas de Paquistán, generosamente financiadas por Washington, se unan a su campaña contra el terrorismo, lo que significa matar a compatriotas paquistaníes en las áreas tribales.
Incluso si esos paquistaníes son extremistas, dicen las personas en Peshawar, no les gusta la política de matar a compañeros de tribu, y compatriotas, particularmente en nombre de Estados Unidos.
El gobierno de Bush está convencido de que Al-Qaeda y el talibán han cobrado nueva fuerza en los últimos dos años, particularmente en las regiones tribales de Waziristán del Norte y del Sur y Bajaur. Ha indicado que tiene bajo consideración enviar a fuerzas estadounidenses para ayudar a los soldados paquistaníes en esas áreas.
Cualquier intervención directa por fuerzas estadounidenses sólo reforzaría la reacción negativa actualmente en marcha contra soldados y la policía en Peshawar, señaló Farook Adam Khan, abogado en la ciudad.
Esa reacción se extendió recientemente a Lahore, capital de la Provincia de Punjab, donde un bombardero suicida mató a casi dos docenas de policías en un mitin de abogados, mencionó.
“Los soldados paquistaníes nunca solían ser blancos”, dijo Khan. “Ahora los radicales están enemistados por Musharraf y sus políticas de congraciarse con Estados Unidos”.
El próspero negocio de Peshawar de DVD ilegales occidentales e indios ha sido otro blanco de los milicianos. Muchas de las veintenas de tiendas al menudeo de la ciudad han cerrado tras ser bombardeadas, o amenazadas con violencia.
En Bilal DVD Parlor, los propietarios, Bilal Javed y Akhtar Ali, comentaron que sus ventas, desde “Orgullo y Prejuicio” y “Duro de Matar 4.0” hasta las películas más recientes de Bollywood y viejas cintas de Bruce Lee— han caído en un 90 por ciento.
En un día reciente, su moderna tienda estaba atiborrada de piso a techo con DVDs.
No había clientes. Señalaron que la gente tenía miedo de comprar allí desde que una bomba oculta en un aparato despachador de agua explotó en una tienda de DVDs al otro lado de la calle el año pasado y mató a cinco personas, entre ellas un niño de siete años que quería comprar un ratón para computadora.