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Recuerde darle de comer a los elefantes en Bangkok

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Un joven elefante macho y su manejador (no fotografiado) recorren de noche las áreas turísticas de Bangkok. Ambos trabajan hasta que cierran los bares.
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Enero 27, 2008

Por THOMAS FULLER | BANGKOK

De todas las actividades ilegales que dan vida a las calles de Bangkok, los vendedores que venden DVD piratas y relojes falsos, y los burdeles que se autodenominan saunasu, una sobresale.

Se supone que los elefantes no deben pasear por las calles de la ciudad, como lo hacen casi todas las noches. Durante por lo menos dos décadas, las gigantescas bestias grises han recorrido con pesados pasos esta enorme ciudad gris, deteniéndose en las zonas de tolerancia donde las prostitutas ejercen su oficio y las áreas turísticas donde sus manejadores venden a los transeúntes bocadillos para elefante de caña de azúcar y plátanos.

En ocasiones, los paquidermos tumban los espejos laterales de los autos o se tropiezan con las cunetas de las calles y se cortan con objetos filosos.

La policía se encoge de hombros, los políticos periódicamente ordenan implementar medidas enérgicas y los amantes de los animales se desesperan.

En 2006, la creación de un Grupo de Trabajo de Elefantes Sueltos no mantuvo a los elefantes fuera de las calles citadinas, como tampoco lo hizo una fuerza de elementos encubiertos que periódicamente recorre Bangkok en motocicleta en busca de las bestias.

“Para ser sincero, nadie quiere hacer este trabajo”, dijo Prayote Promsuwon, quien está a cargo del Grupo de Trabajo, formado a raíz de que un manejador de elefantes, al huir de la policía, condujo a su elefante en sentido contrario por un boulevard de Bangkok, lo que provocó un caos vial.

La policía evita detener a los manejadores de elefantes, conocidos como mahouts, porque los oficiales temen no poder controlar solos a los animales.

“Es un trabajo peligroso”, señaló Prayote. “Un elefante furioso puede destruir autos y causar problemas y entonces la responsabilidad del daño recae en nosotros”.

El gobierno dice que hoy existen 3.837 elefantes domesticados en Tailandia. Sólo una pequeña fracción entra a Bangkok, generalmente no más de media docena todas las tardes, pero es difícil que pasen inadvertidos.

Muchos tailandeses dicen que sirven como recordatorio diario de las desigualdades en Tailandia, la brecha entre la pobreza provincial y la riqueza urbana.

Los mahouts llevan a sus elefantes a la ciudad por las mismas razones que los hijos y las hijas de los agricultores de arroz prueban suerte como meseros, caddies de golf y terapeutas de masajes en Bangkok: necesitan dinero.

“Nos han multado muchas veces”, dijo Nattawut Inthong, mahout de 24 años, que viaja alrededor de Bangkok con Grapo, su elefante de dos años.

Nattawut trata la multa, del equivalente a unos diez dólares, como un gasto de negocios. La mayoría de las noches desfila a Grapo por la zona de tolerancia Nana.

El elefante se suma a la atmósfera carnavalezca creada por la música estridente, los vendedores ambulantes vestidos con trajes de las tribus de las colinas y las chicas de los bares que giran alrededor de tubos.

Nattawut gana aproximadamente 67 dólares diarios, al vender caña de azúcar a los transeúntes, buena cantidad en un País donde el sueldo en una fábrica común y corriente es de alrededor de 269 dólares mensuales.

Durante siglos, se ha considerado nobles a los elefantes, coleccionados por reyes y usados en tiempos antiguos como tanques en los campos de batalla.

Hace ocho años, Anand Panyarachun, ex Primer Ministro, lamentó que cuando los tailandeses veían a los elefantes caminar por las calles de Bangkok, “no sólo sentimos pena por el elefante, sino también nos avergonzamos de nosotros mismos.

“El elefante era símbolo de honor, de dignidad, de liderazgo”, señaló, “sin embargo, ahora se ha convertido en el símbolo de las fallas e injusticias del desarrollo de Tailandia”.


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