Colón, al parecer, hizo otro descubrimiento de algo que no buscaba.
En un exhaustivo estudio genético, varios científicos encontraron lo que dicen es la evidencia más fuerte hasta la fecha que vincula a los primeros exploradores europeos del Nuevo Mundo con el origen de la sífilis transmitida sexualmente.
La investigación, afirman, respalda la hipótesis de que los exploradores que regresaban introdujeron organismos que llevaron, probablemente en formas modificadas, a la primera epidemia de sífilis registrada, que inició en Europa en 1493.
La llamada hipótesis colombina previamente se había basado en evidencia circunstancial, principalmente el momento en que se dio la epidemia. Además, se había señalado que indicios más antiguos de sífilis o enfermedades relacionadas habían sido pocos y dudosos en Europa. Las formas no venéreas de las enfermedades eran generalizadas en los trópicos americanos.
Los líderes del nuevo estudio dijeron que los resultados más contundentes fueron que la bacteria que causa la sífilis transmitida sexualmente surgió en fecha relativamente reciente en los humanos y estaba estrechamente relacionada con una variedad responsable de la infección no venérea conocida como pián o frambesia.
La semejanza era especialmente evidente, añadieron los investigadores, en una variación del patógeno del pián aislado hace poco entre niños aquejados de ella en una remota región de Guyana, en Sudamérica.
Los investigadores que realizaron el estudio y otros familiarizados con el mismo, dijeron que los hallazgos sugerían que Colón y sus hombres pudieron haber llevado la bacteria tropical no venérea a casa, donde los organismos podrían haber mutado en una forma más mortal en las diferentes condiciones de Europa.
En el Nuevo Mundo, los organismos infecciosos de la sífilis no venérea, conocida como bejel (o sífilis endémica), y pián eran transmitidos por contacto de piel a piel y oral, más comúnmente en los niños. Los síntomas son lesiones principalmente en las piernas, no en o cerca de los genitales.
Kristin N. Harper, investigadora de genética molecular en la Universidad Emory, en Atlanta, Georgia, quien fue la investigadora principal del estudio, comentó que los hallazgos apoyaban “la hipótesis de que la sífilis, o algún progenitor, provino del Nuevo Mundo”.
El examen del parentesco evolutivo de organismos asociados con la sífilis fue reportado el 14 de enero en la revista en línea Public Library of Science/Neglected Tropical Diseases.
Harper, estudiante de doctorado en el departamento de biología poblacional, ecología y evolución de Emory, fue la autora titular. Sus co-autores incluyeron a George J. Armelagos, antropólogo de Emory quien tiene más de 30 años de estudiar los orígenes de la sífilis, y Michael S. Silverman, médico canadiense especializado en enfermedades infecciosas, quien recolectó y analizó especímenes de lesiones de pián en Guyana, el único sitio conocido en la actualidad con infecciones de pián en el hemisferio occidental.
Los investigadores dijeron que su estudio “representa el primer intento de abordar el problema del origen de la sífilis utilizando la genética molecular, así como la primera fuente de información respecto a la composición genética de variedades no venéreas del hemisferio occidental”.
Aplicaron la filogenética, estudio de las relaciones evolutivas entre los organismos, al examinar 26 variedades geográficamente dispares en la familia de la bacteria Treponema. La subespecie pallidum de la Treponema pallidum es el agente para el flagelo de la sífilis venérea. La subespecie endemicum causa bejel, por lo general en climas calientes y áridos, y la pertenue propaga el pián en lugares calientes y húmedos.
Della Collins Cook, paleontóloga en la Universidad de Indiana, en Bloomington, Indiana, quien no participó en el estudio, pero se especializa en enfermedades causadas por treponemas, elogió la investigación como un “paso sumamente interesante” en el avance de la comprensión de la sífilis.
John W. Verano, antropólogo de la Universidad de Tulane, en Nueva Orleans, indicó que los hallazgos “probablemente no resolverían el debate” sobre los orígenes de la sífilis venérea, aunque la mayoría de los científicos se ha convencido de que la enfermedad no era transmitida sexualmente antes de que los europeos hicieran contacto con el Nuevo Mundo.