Federico García Lorca le decía “el duende”: una musa oscura e irracional que lleva a los artistas a profundidades trágicas. Esta peligrosa criatura, que disfruta de las “pequeñas hierbas de la muerte”, como el poeta y dramaturgo español de principios del siglo XX dijo en una conferencia realizada en La Habana, rondaba las calles de “Poeta en Nueva York” y la noche iluminada por la luna de “Bodas de Sangre” de García Lorca. Se negaba a apiadarse de las matrices estériles, las guitarras que lloraban o las gitanas de ojos plateados de las otras obras de García Lorca.
El diablillo todavía no ha dejado de hacer de las suyas. Más de 70 años después de la muerte de García Lorca, a manos de un pelotón de fusilamiento fascista al inicio de la guerra Civil española, el enigmático duende aparentemente habita la finca de García Lorca en Granada, llamada La Huerta de San Vicente, donde escribió algunas de sus obras más famosas y buscó refugio en las semanas previas a su ejecución.
Treinta artistas internacionales han visitado la finca en los últimos dos años en busca de vestigios de ese misterioso espíritu. Lo persiguieron por la recámara de García Lorca, donde escribía hasta el amanecer; junto a su piano, donde tocaba para sus hermanos menores; y frente al fogón de la cocina, donde, de acuerdo con su sobrina, Laura García Lorca, presidenta de la Fundación Federico García Lorca, conversaba con la servidumbre acerca del folklore andaluz que colorea sus versos.
El producto de las visitas de esos artistas es una exhibición de instalaciones inspiradas en García Lorca, titulada “Siempretodavía”, inaugurada a fines de noviembre en la finca. La familia García Lorca pasó los veranos en esa casa andaluza tradicional, hoy un museo en las afueras de la ciudad, desde 1926 hasta la muerte del poeta, en 1936.
“Hice una meditación en su cama”, afirmó John Giorno, poeta neoyorquino y artista de performance que fue el tema del filme de Andy Warhol de 1963 “Sleep”, en la inauguración de la exhibición. “Pensé: ‘Ahí es donde escribió los poemas, ahí es donde se sintió solo, ahí es donde planeó el escape de la familia a la que amaba porque era homosexual, como yo’”.
La rapsodia de Giorno junto a la cama lo ayudó a escribir un poema dedicado a García Lorca: Quiero que llueva por el resto de mi vida Quiero un aguacero hasta el fin de los tiempos.
Grabó el poema en cuatro “Fuentes de poesía” en los jardines de la finca.
Otros artistas tomaron más literalmente la inspiración extraída de la recámara de García Lorca. Gilbert Prousch y George Passmore se fotografiaron con trajes de tweed sobre la estrecha cama de armazón de madera de García Lorca. El sugerente título de la imagen, que ahora cuelga sobre el escritorio del poeta, es “En la cama con Lorca”. Los artistas yacen rígidos debajo de una pintura de una Virgen María que llora, como amantes distanciados o cadáveres en un velorio.
“Se trata de la opresión, de ocultarle su sexualidad a su madre”, dijo George.
“Si quieres acercarte a un sujeto, tienes que acercarte a la parte menos pública de su vida”, concluyó Gilbert. Debajo de la cama de García Lorca, dos artistas españoles, David Bestué y Marc Vives, instalaron un espectáculo de marionetas parecido a los que García Lorca producía con el compositor Manuel de Falla para su hermana menor. Pero estas marionetas toman la forma de insectos mecanizados, y sus diálogos grabados fueron adaptados de “Bodas de sangre”, obra de García Lorca acerca de una vendetta familiar. “Los monstruos viven bajo la cama”, dijo Bestué. “Si alguien pudiera contar la historia de esta casa, serán las pequeñas criaturas que quedaron ahí”.
La artista estadounidense Sarah Morris, famosa por sus vistosos diseños geométricos, pintó un lienzo inspirado en los coloridos azulejos moriscos que hay en la recámara de García Lorca. La artista de instalaciones coreana Koo Jeong-a recreó un traje de García Lorca muy fotografiado, a la medida de su propio cuerpo pequeño.
En la cocina, una espeluznante banda sonora del cantante de flamenco Enrique Morente combina los gritos del cante jondo o canción grave que resuena en los textos de García Lorca, con el doblar de campanas y silencios prolongados.
“Lorca es un poeta de artistas”, comentó Hans Ulbrich Obrist, curador de la exhibición y codirector de proyectos internacionales en la Serpentine Gallery, en Londres. “Generación tras generación se ha visto inspirada por él”.