La iluminación roja parece la de un burdel, pero los bibliotecarios insisten en que su exposición sólo para adultos es una cosa seria.
“Infierno en la biblioteca, eros en secreto”, inaugurada en la Biblioteca Nacional de París, el mes pasado, ofrece un vistazo a su archivo secreto de arte erótico al exponer más de 350 obras literarias, manuscritos, grabados, litografías, fotografías, extractos de cintas y hasta tarjetas de presentación sexualmente explícitos.
Los visitantes pueden escuchar la grabación moderna de un “diálogo” durante una relación sexual del siglo XVIII (hasta con orgasmos simultáneos) y ver un extracto de seis minutos de un filme pornográfico mudo en blanco y negro, rodado en 1921 (un hombre, dos mujeres y lencería).
Se les da su lugar al sadismo, masoquismo, zoofilia, genitales inflables y las fantasías sexuales más creativas.
Con el fin de evitar quejas de que una institución pública corrompe a la juventud del país, no se permite la entrada a menores de 16 años.
“En una época en que las imágenes sexuales constituyen un producto de consumo popular, la biblioteca ha decidido retirarle el velo a este mundo de imaginación y fantasías”, explicó Bruno Racine, director de la biblioteca, en una entrevista. “La biblioteca es una institución sumamente seria y el proyecto se llevó a cabo con seriedad. Pero tal vez no seamos enteramente lo que piensen, y también encontrará humor”.
Hasta hoy, los investigadores legítimos eran las únicas personas ajenas a la institución que eran autorizadas a ver la extensa colección erótica, que consta de unas dos mil piezas. La respuesta del público ha sido indudable. La muestra es una de las más populares en años. Hay una hora de espera para entrar.
Los objetos, que estarán a la vista hasta el 22 de marzo, provienen de una colección permanente creada en los años 1830, cuando la biblioteca aisló obras consideradas “contrarias a la moral”. Fueron colocadas en una sección cerrada con llave y recibieron el nombre de Infierno. Muchas piezas han sido consignadas allí por la policía con el paso de los años.
La exposición llega en un momento en que Francia enfrenta una variedad de problemáticas sociales: los límites a la privacidad de sus personalidades públicas, la censura y la definición del buen gusto. Una jornada de conferencias en la biblioteca acerca de la muestra, con la participación de expertos, incluyó un debate en torno al significado de la censura hoy en día.
París parece estar orgullosa de la exposición. El metro parisino creó un panorámico promocional en su línea 10. Al pasar por la estación Croix Rouge, ahora en desuso, los usuarios disfrutan del más fugaz de los vistazos de grabados eróticos iluminados con una chillona luz rosa y parcialmente ocultos detrás de ondeantes cortinas negras.
La revista literaria francesa Le Magazine Littéraire dedicó su portada de diciembre al tema, con ensayos eruditos acerca del sexo y el envejecimiento, el último tabú de la pedofilia y la posibilidad de que el exceso de exhibición pública del sexo lo haya vuelto aburrido.
Sea como sea, dada la severidad de las leyes francesas en materia de pornografía y una de las campañas de lucha más agresivas de toda Europa contra la pornografía infantil, la biblioteca ha sido cuidadosa de no desafiar la ley, a diferencia de Henry-Claude Cousseau, director de la Escuela Nacional Superior de las Bellas Artes, en París. Cousseau es acusado de haber expuesto obras “de índole violenta y pornográfica” en una muestra de arte moderno presentada en un museo de Burdeos, en 2000. Una de las pinturas mostraba a una niña, muy maquillada, en una bañera; un video presentaba a otra niña en una gráfica escena de masturbación.
De ser condenado, Cousseau enfrenta una multa de hasta 110 mil dólares y tres años en la cárcel.
La exposición de la biblioteca no fue la única muestra con material sexual explícito en presentarse en París. Una cinta animada que incluye el acto sexual y violencia fue proyectada hace poco en “Sots Art: Arte político en Rusia desde 1972”, presentada en la Maison Rouge, museo galería cercano a la Plaza de la Bastilla. No hay advertencia de edad en la entrada, pero sí muchos niños curiosos.