La Revista - Logo
Edición del DOMINGO 27 de Enero del 2008 EL UNIVERSO inicio e-mail
::::::::: M E N Ú ::::::::::
    Portada
    El Tema
    Piqueo de la semana
    Consultorio
    Lo Nuevo
    Dr. Tecno
    Creciendo
    Gente de cine
    Cuerpo y Alma
    Destino
    Sociedad
    Cine
    El Aguacate
    Orientación
    Desde las encantadas
    Teatro
    BBC Mundo
    Construcción
    Libros
    Gastronomía
    Cocina de Patricia
Gente de cine 
Woody Allen, más allá de los paradigmas
ampliar imagen ampliar imagen

Mas fotos de la noticia Imprimir esta noticia Enviar noticia por e-mail
Texto: Fabián Waintal

Regresa por sus fueros y amplía con Cassandra’s Dream lo que ya comenzó con Match Point. Sus mujeres, su vida, su ciudad y su nueva faceta: director de ópera.

Personalmente, no hay una gran diferencia con el Woody Allen que conocemos en el cine. Y aunque no tenga la neurótica característica de algunos personajes suyos, más allá de las canas que marcan el paso del tiempo, mantiene la misma forma de hablar (con el movimiento de sus manos), mismo peinado y hasta  los mismos anteojos de siempre, con lo que se escapa de cualquier tendencia de moda contemporánea.
Después de todo, su estilo de cine tampoco sigue ninguna moda determinada. Y será por eso que se diferencia del resto de los directores, porque siempre es él.

Pregunta: ¿Qué lo diferencia tanto de otros directores de cine desde su punto de vista?
Respuesta: Yo no tengo la paciencia para hacer películas en la forma que se filma generalmente. Hay gente más fastidiosa que yo. Filman una escena y la repiten desde otro ángulo, por encima del hombro y un acercamiento o un acercamiento extremo y después al revés y están todo el día en una escena que se puede lograr en dos horas. Se pone la luz, se filma y listo. A los actores les gusta la idea de no filmar lo mismo 25 veces y también les gusta morder cinco o seis hojas de diálogo en vez de pequeños pedacitos. Te gusten o no mis películas, las interpretaciones de los actores siempre son muy pero muy buenas. Sus contribuciones son siempre de primera clase si la mía no lo es. Y no significa que no hayamos ensayado, que nunca hablamos de los personajes o algo así. Si te fijas bien, en todos estos años he tenido interpretaciones maravillosas en mis películas y no hay ensayos ni conversaciones, porque hay muchísimos actores talentosos y si los contrato y no arruino nada, me hacen quedar bien.

P: ¿Qué lo llevó a dedicarse al cine por encima de otra carrera?
R: Take The Money and Run, la primera película que hice fue una pesadilla. Quiero decir... la gente decía “apúrate, apúrate, estás malgastando el dinero. Tenemos diez minutos más y necesitamos filmar otras dos tomas”, o me preguntaban “¿cuántos cambios hiciste hoy?”. Y enseguida pensé “esto es una locura”. Yo solo me había metido en el cine por las razones más superficiales, para conocer mujeres y para no tener una vida difícil con trabajos pesados. Ya sabes, me habían echado de la escuela y no sabía lo que podía hacer. Y por eso no entré con las más altas aspiraciones pero los motivos básicos que me planteaba después de la primera película eran “esto es ridículo. Yo no quiero trabajar hasta tarde para filmar una escena y perderme un partido de béisbol”. Si iba a cenar con amigos a la noche, tampoco quería trabajar hasta tarde. No quiero matarme los fines de semana ni quiero sentarme en interminables ensayos o filmar diez tomas extras para encontrar el perfecto momento. Simplemente decidí que mi vida era más importante. Mi familia, mis hijos, tocar mi clarinete, los juegos de béisbol, todas las cosas superficiales que se te ocurran de la vida, para mí son más importantes que filmar una película perfecta.

P: Ya que menciona el clarinete, ¿es cierto que va a dirigir una ópera en Los Ángeles?
R: Bueno, solo puedo decir que me engatusaron para que lo haga. Todo es culpa de Plácido Domingo. Por alguna razón se le puso en la cabeza que yo podía hacerlo. No tengo ninguna calificación para hacerlo. Me gusta la ópera pero tampoco soy un fanático. Solamente dirigí mis propias obras de teatro en Nueva York y no soy nada grandioso. Tampoco me gustó hacerlo. Me gusta dirigir cine, pero no me gusta dirigir arriba de un escenario. El trabajo es mucho más difícil. Pero es encantador que me haya llamado. Hablamos y me pidió si podía dirigir una ópera de Puccini. Tienen un festival de Puccini con la Compañía de Ópera de Los Ángeles y solamente es una hora. Por todos los medios traté de no contestar los llamados, intenté evitar un encuentro con él, pero él fue persistente y muy encantador. Al final no pude decir que no. Y voy a hacerlo. Y cuando termine con mi próxima película el próximo verano, voy a ir directamente hasta Los Ángeles para dirigir esta ópera. Solo espero que mi sentido común me permita soportarlo. No lo sé.

P: ¿Su vida personal impacta en la calidad del cine que filma? ¿Al gunas películas son mejores que otras de acuerdo con el mejor o peor momento de su vida?
R: Sí. Creo que automáticamente algunas bien pudieron ser mejores que otras porque algunas ideas también son mejores que otras y a veces las ejecuto mejor por alguna razón u otra. Nunca van a poder ser iguales, no importa lo que haga. También pienso que probablemente podría hacer un mejor trabajo si yo fuera un poco más cuidadoso o más consciente. No soy un perfeccionista. Me gusta filmar una película por año, tirar varias cosas a la pared y lo que se pega, se pega. Y lo que no, no. No me gusta hacer una gran producción de cada filme, aprovechar los éxitos o empollar los fracasos. Solo quiero hacerlas para utilizar el dinero.

P: Desde el ataque terrorista en las torres gemelas de Nueva York cambiaron las historias de la ciudad. ¿Es posible recuperar el humor de Woody Allen en Nueva York?
R: No, no. Ya me lo habían preguntado al día siguiente del ataque del 11 de septiembre. Si te hubieran botado en Nueva York antes del 11/9 y te botan hoy, no notarías ninguna diferencia. Irías a Madison Square Garden, irías al teatro, irías a los restaurantes. Pero todos pensaron que después del 11/9 Nueva York se iba a convertir en un lugar lleno de tensión. La gente se la pasaba preguntándome si Nueva York podía volver a ser divertida otra vez, si se había muerto el humor y yo insistía “cuando veas a Nueva York dentro de un mes, no vas a notar la diferencia”. Es exactamente lo que pasó. Tampoco voy a decir que la imagen mundial no cambió radicalmente. Cambió. Pero la vida en Nueva York no es para nada diferente. Caminamos por la calle, la gente toma sol en el parque y tira frisbees, llena los teatros y restaurantes. Yo iba a filmar Match Point en Nueva York y hubiera funcionado perfectamente. Era una historia de profesionales de tenis en los Hamptons y la casa estaba en Palm Beach. Pero cambié por Londres. No es ninguna ciencia y las historias son las mismas, las ciudades son iguales. Pero la financiación vino desde Europa y me pidieron hacer la película allá. Estoy muy pero muy feliz de hacerlo. Es una experiencia muy placentera.

P: ¿Se siente parte de Hollywood?
R: Yo siempre me sentí un poco afuera porque mis películas las hacía en Nueva York en vez de Hollywood. Siempre trabajé con un presupuesto muy pero muy bajo y también filmé con mucha libertad creativa. Y no es la fórmula típica de trabajo. La gente que maneja presupuestos más grandes también tiene menos libertad creativa y sigue las reglas generales. Yo nunca lo hice. Pero cuando recién empezaba, mis ídolos eran (Ingmar) Bergman y (Federico) Fellini. Siempre quise ser director de cine extranjero. Y por extrañas circunstancias me convertí en uno. Descubrí que consigo mejor financiación en Europa y por eso filmé una película en Inglaterra. Ellos no quieren leer el guión, no les importa quién la protagoniza. La situación es maravillosa. Por eso trabajé tanto en Londres y es la misma situación en España. También tengo ofertas de Italia y Francia, para ir y hacer cine. El último verano de pronto me encontré trabajando con Javier Bardem y Penélope Cruz y de repente me había convertido en un director extranjero. Completé una fantasía que tenía desde mi juventud.

Cada respuesta revela su identidad. El Woody Allen que todos conocen. No tiene secretos detrás de sus cualidades. La simpleza en la forma de hablar rápido, sin pausas, con sus apuradas palabras describe la razón de su polémica genialidad. Algunos lo adoran. Otros lo odian. Pero nadie podrá discutir su originalidad, con un estilo propio que huele a cine por todos lados.

P: Cuando filmaba en EE.UU., ¿no tenía las mismas libertades que hoy tiene filmando en Europa?
R: Tuve mucha suerte y me siento un poco un estafador porque pasé toda mi vida en el cine americano y siempre tuve una libertad artística completa. Total. Nadie lee mis guiones. Nadie dice una palabra sobre el elenco que elijo. Siempre tuve el corte final. Y la gente cree que bromeaba cuando yo siempre dije que lo único que hay entre la grandeza y yo, soy yo mismo. No tuve ninguna excusa para lograr un gran trabajo. Nunca pude culpar a nadie porque tuve la libertad que cualquiera pretende, siempre y cuando pudiera trabajar con mi presupuesto limitado. Siempre trabajé con un presupuesto chico. Y de pronto, en el último par de años los estudios de cine empezaron a decir “mire, no queremos ser solamente banqueros. No queremos poner el dinero en una bolsa de papel para que usted nos dé una película. Nos gustaría saber de qué se trata la película y quién la va a protagonizar o algo”. Me habían malcriado por décadas, sin trabajar así. Y no creo que yo pueda trabajar de esa forma. Y les dije que preferiría no hacerlo así. Y desde aquel entonces se me complicó conseguir la financiación porque ellos querían algún aporte. Y yo sentí que si abro la puerta, los aportes nunca iban a parar. Y de pronto, recibí una llamada desde Londres que me decía “no somos un estudio, no nos importa nada de eso. Somos un refugio de impuestos con diferentes avenidas financieras y pondremos el dinero sin importarnos lo que hará con su película. Y por supuesto respondí “genial”. Y así es en Europa, porque no son estudios de cine, no tienen el mismo sistema. Te financian sin ejecutivos que quieran leer un guión o hacer sugerencias. Es lo que evité toda mi vida y artísticamente ha sido genial para mí. Pero claro, insisto en que mis películas cuestan muy poco, $ 15 millones. Y no es mucho dinero cuando el promedio de las películas cuesta $ 40 millones y hay comedias estúpidas para adolescentes que valen 50, 100 o  150 millones de dólares.

P: Después de haber filmado en España, ¿pensó en la posibilidad de filmar una película también en Latinoamérica?
R: Yo nunca estuve en Latinoamérica. Pero pensé en visitar algunos lugares que la gente sugiere, como Brasil y Argentina; serían lugares interesantes para mí. Estoy seguro de que hay millones de historias que se pueden encontrar allá, pero no puedo saberlo porque nunca estuve por ahí. Antes de haber trabajado en España, ya había estado un número de veces en Barcelona. Nunca estuve en Latinoamérica pero tampoco me opondría. He escuchado cosas maravillosas de diferentes personas que han visitado el lugar y me imagino viajando por allá, absolutamente.

P: ¿Es cierto que nunca termina los guiones y durante la filmación los sigue cambiando?
R: Sí, porque yo escribo acostado en la cama, en casa. Y no tengo idea del mundo real en términos de lo que escribo. Después, cuando llego y veo que cierto lugar no es posible o  hay otro mejor y algún actor tampoco puede,   uso otro; hay muchos factores que se diferencian del mundo real de aquellos que uno está convencido cuando estaba solo en mi casa.

P: ¿Cómo surgió la idea de filmar Cassandra's Dream?
R: Se me había ocurrido que podía haber alguna historia sobre una tragedia familiar con dos chicos buenos, con uno que quiere sacrificarse y trabajar en el restaurante del padre aunque no le guste, mientras que el otro que quería tener una linda casa con su esposa solo trabaja en su garage. Me pareció interesante que la familia tuviera un tío que era generoso con ambos, alguien con mucho éxito que les había dado todo. Y cuando se enteran de que el tío va a verlos personalmente, cada uno tiene un favor para pedirle. Los dos quieren algo de él. Pero resulta que es él quien les termina pidiendo algo y los lanza en una situación que termina en tragedia. Me pareció una historia interesante y empecé a desarrollar otros personajes, pero siguió creciendo cuando llegaron los actores.


© Derechos Reservados 2004 Compañía Anónima EL UNIVERSO. Todos los Derechos Reservados