En el mundo actual, donde casi todo se comercializa, el individuo también se vende. Vende su imagen, vende lo que es y lo que sabe hacer. Conozca el marketing personal y cómo proyectar su imagen.
Hace muchos años, el profesional era valorado por sus conocimientos y experiencia… hoy, a ese resultado se suman la inteligencia emocional y la forma de vestirse.
Asimismo, al enamorado se lo calificaba solo por sus detalles románticos... Hoy se lo hace también por la forma de socializar con las amistades de la novia. Para casarse la mujer solo necesitaba ser dedicada en los quehaceres domésticos... hoy, ella lucha por cumplir la dieta, lucir más bella y hacerse unos retoques con cirugía.
Para Leslie Oldman, asesora de imagen neoyorquina, que trabaja con actores como Penélope Cruz, George Clooney y Keira Knightley, quien diga que la imagen no es nada no vive en el mundo real, donde lo que uno proyecta es lo que la gente compra. “El ser humano vende lo que es. Quiere que lo contraten para el nuevo trabajo, quiere conquistar a la pareja de sus sueños y desea ser aceptado en un determinado círculo social. Todo el tiempo está buscando consciente o inconscientemente venderse”.
El marketing personal engloba varios aspectos de la persona: la forma de vestir, de caminar, los gestos, la sonrisa, el tono de voz, el perfume, el peinado y la energía que esta emane. La coherencia entre ser y parecer resulta vital en un medio tan competitivo donde a veces la oferta es mayor a la demanda.
Los compradores
Esto es similar a un plan de ventas de cualquier compañía. Primero, la persona debe identificar sus objetivos, a dónde quiere llegar en cada ámbito de su vida, físico, intelectual y aspiracional. Conocerse a profundidad. Saber cuáles son sus puntos fuertes y los débiles. Qué es lo mejor de su cuerpo, lo distintivo de su personalidad. Qué aprendizaje requiere para mejorar, qué se ve haciendo en cinco o diez años. Una vez escritos los objetivos, empieza el plan de acción. Así lo explica la argentina Florencia Ducos, en grupoimagenweb.com, conductora de Utilísima, canal de cable y directora de Grupo Imagen.
Como cualquier proceso se debe pagar un precio cimentado en el esfuerzo realizado. Para bajar de peso es necesario seguir un régimen alimenticio y de ejercicios, para equipar el clóset tal vez se requiera ahorrar dinero, para conseguir un ascenso laboral posiblemente ayude empezar a vestir como alguien de alto rango. El esfuerzo constante está latente, pues en el marketing los beneficios no provienen de la buena suerte.
El nombre y apellido de cada uno es su marca personal. Si toda la gente fuera igual nadie sobresaldría, por ello los compradores (el jefe, la pareja, los amigos) evalúan el mensaje transmitido.
En el sitio justo
La imagen funciona en el momento y el lugar correctos. Difícilmente alguien vestido de moda europea será aceptado en un nivel social bajo, así como un hombre sin educación en un ambiente de estrato alto. Una vez que ha causado buena impresión, esa imagen queda retenida en la mente y hay que mantenerla. Convertir nuestro nombre en sinónimo de prestigio es la meta de proyectarnos alto. (A.G.)