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Edición del DOMINGO 27 de Enero del 2008 EL UNIVERSO inicio e-mail
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Delicias Amazónicas: A falta de pollo ¿gusanos?
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Los mayones son asados y acompañados con yuca.
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Texto: Alexis Gómez

No es que no críen pollos, tampoco que no coman carne de res. Lo que sucede es que miles de visitantes esperan la feria de Coca, provincia de Orellana, para ordenar insectos a la carta.

Solo cierre los ojos y olvide lo que se está metiendo a la boca.  La ignorancia de un aroma atrayente que dificulta la descripción del alimento. Parece chinchulín (intestino delgado de la vaca), la misma tripita que cocinan en las parrilladas, mas lejos está de serlo. Para probar las delicias exóticas de la gastronomía amazónica es mejor ni preguntar, si es que es asquiento.  Esta no fue concebida como  comida de valientes sino de hambrientos.

Conquistador español
En la unión de los ríos Coca y Napo se ubica  Puerto Francisco de Orellana (Coca), capital de la provincia de Orellana, bautizada así en honor al conquistador español Francisco de Orellana, quien en 1542 emprendió la aventura de navegar sin rumbo por el río Napo y terminó por descubrir el gran Amazonas.  

El pequeño pueblo habitado por la etnia huaorani y los colonos se convirtió en una urbe desarrollada por el auge petrolero. Los primeros se llevaron sus costumbres a las afueras, sin embargo la migración de muchos a la ciudad les hizo cam-biar de opinión. Miles de indígenas ya urbanizados extrañaban los sabores de la selva. La carne sanco-chada o asada del saíno,  la tortuga,  la guanta, el lagarto. También de los pescados  bagre, bocachico y  pira-ña, servidos con plátano cocinado y una refrescante chicha de yuca.  

Hoy más de dos mil personas cada domingo madrugan a la feria de Coca. Es la única en el Oriente ecuatoriano donde uno puede adentrarse en las costumbres gastronómicas de la selva amazónica.

Afrodisiacas
Tal vez  para un especialista culinario sería complicado calificar la intromisión  de sabores extraños en su boca. Sabores en su mayoría puros, sin mezclas ni fusiones. La cocina amazónica prefiere el reconocimiento original de sus alimentos. Que la carne de guanta sepa a carne de guanta,  la yuca sepa a yuca y las hormigas a hormigas. Según María Yumbo, una indígena quichua, los alimentos no deben contaminarse con sustancias que oculten o modifiquen su sabor. Todo se adoba solo con sal.

Carmela Guapán ofrece las primeras hormigas  gratis,  luego el plato costará    $ 1 o $ 2. Dice que siempre llegan caras nuevas, principalmente extranjeros con ganas de probar la eficacia de las afrodisiacas hormigas, también apetecidas en ceremonias nupciales,  para llenar de vitalidad a  los novios. Estos insectos de 2 cm y  alas viven  en cuevas que construyen bajo tierra, comunicadas al exterior por diminutos túneles. Antes incluso las guardaban como provisión alimenticia para tiempos de escasez.

Cerrar los ojos una vez fue suficiente para comerlas. En la segunda, tercera, cuarta vez, uno  entra en confianza. No se come la cabeza, tan solo la parte inferior de la hormiga. De repente, apartados ya los temores, aquella comida extraña resulta rica y sabe a maíz tostado (y muy crujiente).
 
Tripita
Los alimentos en las parrillas de la feria son tan diversos como raros. Es gracioso ver cómo los visitantes intentan adivinar los nombres de los animales expuestos al carbón. ¿Es un pescado bocachico?: No señor, es una piraña. ¿Esa es carne de mono?: Tampoco, es un chuzo de guanta. En fin, lejos de acertar en sus respuestas.  

El chuzo de mayones (gusanos) con yuca cuesta $ 1. Estos crecen en los árboles de chonta (variedad de palma) que son tumbados y puestos a secar. La palma luego de dos meses tiene gusanos, conocidos como mayones, que según las creencias son potentes energizantes.     Su sabor es casi idéntico a los chinchulines, delicioso y exótico, sin embargo, verles la cara de frente a estos animalitos, por muy muertos que estén, deja sin hambre a muchos comensales.

El sabor de la guanta es similar a la   fritada de chancho; el de la piraña, a la corvina. El maito (pescado envuelto en hojas de plátano que se pone a la parrilla) es  el plato más degustado por los turistas, quienes prefieren no arriesgarse a probar los secretos alimenticios más profundos de la Amazonía. Comida que por desconocimiento resulta poco atractiva,  pero que ha alimentado y fortalecido a miles de  indígenas en un hábitat de selva, que  nunca necesitaron de la cocina citadina para subsistir.


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