Miles de estudiantes se gradúan como bachilleres en estos días, 38.602 según proyecciones de la Dirección de Educación del Guayas. La alta oferta de profesionales y la falta de una reactivación de la economía restan oportunidades de trabajo. La responsabilidad es compartida, dicen entendidos en el área.
La felicidad se les escapa hasta por los poros. Lucen radiantes, con el uniforme impecable. Su juventud fresca deja escapar una energía que irradia optimismo.
“Quiero ser CPA (Contadora Pública Autorizada)”, responden en coro Angie Mogro, Karen García y Andrea Cunalata, quienes junto a otras 331 estudiantes del colegio Amarilis Fuentes se graduaron como bachilleres el jueves pasado.
De deseos y nuevos retos se llenan salones y auditorios donde miles de estudiantes se gradúan en estos días. Pero, tan efímeras como los sueños, las aspiraciones de miles de ellos se evaporan después entre largas filas de jóvenes que al pie de edificios, casas o portales permanecen a la espera de un trabajo.
Quienes se graduaron años atrás lo saben, incluso profesionales con título universitario que pululan de un lado a otro con carpetas en una mano y en la otra la página de anuncios clasificados.
Datos basados en proyecciones, de la Dirección Provincial de Educación del Guayas, revelan que en el periodo lectivo 2007-2008 se graduará un total de 38.602 jóvenes.
Pero ¿adónde van todos esos jóvenes? Unos optan por continuar sus estudios, otros por trabajar, unos terceros por las dos actividades y también hay quienes se inclinan por formar un hogar, expresa Carmelina Villegas, rectora del Instituto Superior Técnico Guayaquil, donde se graduaron 650 alumnas.
La mayoría prefiere estudiar para prepararse y tener más posibilidades en el futuro, porque la gran demanda de profesionales obliga a buscar nuevas opciones, explica Digna Yavar, subdecana de la facultad de Administración de la Universidad Estatal. “El bachillerato ya no es suficiente, ni siquiera un título universitario, ahora la meta es un masterado”, agrega.
Solo en esta facultad, con siete especialidades, 4.100 alumnos se matricularon y asisten al curso preuniversitario. Paola Holguín, de 16 años, es una de ellas, graduada en Comercialización en el colegio 28 de Mayo, se muestra feliz, pero preocupada al mismo tiempo por el futuro que le espera.
“Nos preparamos, queremos superarnos pero esperamos que nuestro esfuerzo sea recompensado en el futuro con un buen trabajo, porque de nada servirá habernos matado estudiando. El Gobierno debe crear más fuentes de trabajo”, dice.
Esa realidad que teme Paola ya la vive María Mora desde el año pasado, tras graduarse en Ciencias Sociales. Después de un recorrido frustrado por varios lugares, logró emplearse como guardia de seguridad, pero los horarios rotativos la cansaron y salió.
Es la mañana del pasado martes, y ella hace fila junto a más de cien personas en las afueras de un local comercial en el centro de la ciudad, donde se solicita personal de entre 18 y 30 años.
El tipo de labor no importa a los interesados. El local necesita percheros, cajeros, supervisores e inspectores. “En lo que sea”, dice Carlos Villacís, de 18 años, graduado de Químico Biólogo el año pasado.
Joffre Córdova, de 23, también está a la expectativa. Se lo ve nervioso y no es para menos. En los últimos años ha intentado conseguir un trabajo y no lo ha logrado. “He dejado carpetas en Marathon, Supermaxi y otros locales comerciales. Le vamos a llamar, dicen, pero nunca lo hacen”, se lamenta.
La oferta de mano de obra se incrementa y las fuentes de trabajo no crecen; ese desequilibrio se refleja en la cantidad de gente que acude a los lugares donde se pide personal, afirma José Almeida, gerente de un centro de capacitación en sistemas.
En este local con frecuencia se necesita personal para promocionar los cursos. Más de 70 bachilleres acudieron la semana pasada tras la publicación de un anuncio en la prensa, pero solo ocho fueron escogidos.
Almeida deja ver también la falta de orientación y preparación con la que se gradúan algunos estudiantes. “No son jóvenes emprendedores, con iniciativa; tienen errores en cuestiones básicas. La ortografía es bárbara. A veces buscan lo fácil”.
El futuro de los jóvenes depende de cómo se estimule la economía, sostiene Alaís Ortega, socióloga y educadora, pero advierte que los sectores involucrados deben asumir una responsabilidad compartida.
Profesores y padres deben ser parte de un acompañamiento a los jóvenes para impulsarlos a afrontar retos acordes con la situación del país, refiere.
“Espacios nuevos en tecnología deben ser aprovechados, pero para ello los jóvenes tienen que ser más creativos y más emprendedores, eso es lo que valoran las empresas”, agrega.
Pero jóvenes como Gisella Alvarado, de 17 años, se enfrentan a otros problemas. Con un promedio de 19,93 es la abanderada del pabellón del Colegio Guayaquil, donde se incorporó como bachiller en Informática, su deseo de continuar los estudios depende de una beca, la cual aún no es aprobada.
“No puedo ir a la Universidad Estatal, porque también se necesita dinero; si no me sale me tocará buscar trabajo”, cuenta.
El futuro se ve difícil, añade, tras señalar que otras compañeras atraviesan la misma situación; y a otras, cree, “les va mejor porque tienen palancas”.