La popular presentadora de a poco se convirtió en un ícono a seguir, pues a pesar de sus traumas del pasado (fue violada a los 9 años), surgió. Todos quieren verla y estar en el set junto con ella.
Su programa llega a 68 millones de hogares, tratando temas sociales, familiares, sexuales, violencia o alcoholismo. También ofrece confesiones de celebridades y destrucción de tabúes, captando así la atención de espectadores, muchos de los cuales se sienten identificados con los testimonios. Tal es su llegada al público que Oprah ahora mismo está embarcada en la campaña electoral de Barack Obama.
La menciono de entrada porque nadie mejor que ella para agarrarse de testimonios o dramas y hacer un programa con buenos resultados. Por ejemplo: Oprah habla de infidelidades y no necesita gritar frases como: “que pase el cachudo, que pase el infiel y que venga la amante”, y de remate “que venga el marido de la amante”.
Este tipo de propuesta la manejan muchos otros talk shows como ‘Laura en América’ y ‘Maritere’, los cuales siempre disfrutaron de buenos niveles de audiencia. Me cuesta decirlo, pero “el relajo vende”. Estos programas tienen carta abierta para exhibir, desmenuzar y juzgar la vida de los entrevistados, incluso de manipular.
‘Laura en América’, por ejemplo, tuvo programas mentalizados por el propio Vladimiro Montesinos para beneficiar la reelección de Alberto Fujimori. Toledo se acercaba en las encuestas a Fujimori. Laura Bozzo presentó a la niña Zaraí, supuesta hija de Toledo. El tema del programa: ‘Padres que abandonan a sus hijos’.
Recuerdo que en mi infancia, allá por los noventa, el televisor de la casa estaba en el comedor; 14:30 empezaba ‘El show de Cristina’. Fanáticos de la rubia cubana encontrábamos variedad en sus programas: que “si Thalía tenía un romance con Fernando Colunga”, hasta temas fuertes como ‘Mi padre me violó’. Eran programas que generaron emoción, lágrimas y rencores que solo con explicación pude discernirlas.
Hace siete años tuve la oportunidad de trabajar en la producción de un talk show del padre Vicente Agila, se llamaba ‘Senderos’. La idea partió de otro espacio del padre Alberto de la cadena Telemundo Internacional. Había familias, psicólogos, sociólogos, abogados, problemas cotidianos y soluciones de la mano de un sacerdote. Nunca hubo violencia física en el set. ‘Senderos’ tuvo una temporada al aire, mientras que el padre Alberto ha grabado más de diez años con éxito de audiencia en los Estados Unidos, Latinoamérica y España.
No quiero cuestionar las prioridades de las cadenas televisivas locales. Yo trabajo en una de ellas. Pero no puedo callar que lo que da rating, lo polémico, perdura. En aquel entonces competíamos en el mismo horario con programas concursos, donde el movimiento de glúteos y diminutos trajes atraían más que una sotana y un reflexivo sermón de los tiempos actuales.
El dilema de los talk shows es amplio: los conductores vs. la audiencia, vs. el contenido... de este último sale la fascinación o el rechazo.
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