La época que nos está tocando vivir es estresante por donde quiera que se la mire. Y no es que antes todo haya sido fácil, sino que los problemas que existían los superamos en gran medida o nos acostumbramos a vivir con ellos. El problema actual es la incertidumbre y la sensación de impotencia sobre lo que está ocurriendo alrededor nuestro.
El mismo planeta está estresado, calentándose cada vez más como respuesta a la irresponsabilidad humana. Sentimos inseguridad y desprotección en áreas fundamentales de nuestra vida, y ninguna señal de que la situación va a mejorar. No es ningún consuelo saber que este cuadro, muertos más, muertos menos, se repite por todo el mapa.
Estas influencias tienen efecto en la mente de los jóvenes todavía inmaduros, mucho más cuando los hechos se distorsionan de acuerdo a la conveniencia de quien los analiza. La confusión mental puede llegar a un nivel de saturación tal que puede empujar a un joven a tomar decisiones graves para su vida y su futuro, por no tener la adecuada información.
La sociedad mundial como tal atraviesa la peor crisis de su historia y no existen suficientes líderes creíbles (políticos, económicos, religiosos, militares, etcétera) para guiarnos hacia la salida. Pero, ¿cuál es la salida? ¿Es por donde dicen los líderes? Tal vez la respuesta hay que buscarla más cerca de casa.
La familia
Es la base de la sociedad y la influencia más fuerte que normalmente recibe un ser humano desde su nacimiento hasta su independencia. Lo que el niño aprende en el seno familiar lo va a capacitar para manejarse, bien o mal, una vez que le toque desempeñar su papel en la sociedad.
Por supuesto que recibirá influencias, buenas y malas también, de otras fuentes, pero el niño o adolescente que ha recibido una sólida formación en su familia podrá comparar, aceptar o rechazar nuevas enseñanzas de acuerdo a un criterio cada vez más maduro. Ninguna influencia externa debería estar por encima de los valores éticos y morales recibidos en su hogar.
En tiempos difíciles es necesario fortalecerse desde adentro, poner de relieve las actitudes, convicciones, ideales que tradicionalmente han caracterizado la búsqueda de la paz y el bienestar por medio de la superación personal. Es necesario estar preparados y unidos para asumir el papel que la vida nos haga desempeñar.
El énfasis aquí es en unión: es la hora de dialogar, opinar, aprender de la experiencia de los mayores, aportar los jóvenes con su visión no contaminada e idealista sobre cómo debería ser el mundo, y llegar a un consenso.
En épocas de crisis, una familia debe permanecer unida y tener y defender los mismos valores; no existe nada más perjudicial que una casa dividida. Puede que haya diferencias de criterio sobre algún punto en particular, pero por lo general una familia debe tener una posición definida sobre los temas realmente importantes. Esta es la hora de fomentar esa unión.