 |
| ::::::::: M E N Ú :::::::::: |
 |
|
| |
|
|
 |
| Marcos Guerrero, taote en biomagnetismo |
|
|
|
|
 |
| “Potencialmente todo es curable, hasta el cáncer”, asegura Guerrero. | | |
| Texto: Francisco Santana
Taote significa doctor en el idioma rapa nui. Este joven médico chileno de la Isla de Pascua aporta rituales ancestrales a la medicina tradicional.
Marcos Guerrero nació hace 39 años en algún lugar del sur de Chile. Pero él dice que es de la Isla de Pascua. O mejor dicho en el idioma de la isla, llamado rapa nui, Te pito te he nua, que significa “el ombligo del mundo”. Para mejores señas, el lugar en donde se encuentran las enormes esculturas de los moais. Únicas en el planeta.
Estudió medicina tradicional y cuando egresó de la universidad se dedicó durante doce años a la medicina basada en la evidencia. Aquí se hacen estudios clínicos durante algunos años y es una rama que utilizan los laboratorios para vender sus productos.
Ahí descubrió muchas cosas. Entre ellas que, básicamente, la medicina es un negocio más. “Empezó a haber un conflicto entre mis ganas de ser ético y coherente en lo que representaba sacar un producto que estaba bajo mi supervisión y el interés comercial, en esa disonancia aguanté algunos años”.
Una de las razones que más lo movió a encontrar alternativas médicas es que todas las investigaciones que se hacen en el campo de la medicina tradicional consideran un factor que pocos conocen llamado el efecto placebo.
Cada vez que un medicamento aparece en el mercado los investigadores tienen que compararlo contra un placebo. Por ejemplo, se hacen estudios con un millón de personas donde la mitad prueba la medicina y la otra mitad prueba un producto que no tiene absolutamente nada que ver con el medicamento. Ni el médico sabe lo que está dando ni el paciente lo que está recibiendo. Esto se llama doble ciego. Los estudios se realizan en varios países y antes de que salga el medicamento se comparan las estadísticas entre el placebo y la droga verdadera que se venderá.
“Te das cuenta de que el efecto placebo es tan alto como el de la droga, tan alto que no te imaginas cuánto es”, reflexiona Guerrero. “El puro placebo que no tiene nada, pero si tú le dices a la persona que eso la va a curar tiene un porcentaje muy grande de curación”.
Fue ahí cuando se dijo que en la medicina alternativa antes había lo mismo. “Mi familia rapa nui me formó en todo esto, sobre todo mi mamá rapa nui, ella era descendiente de la última sacerdotisa de la isla que tenía mucho que ver con la medicina ancestral”.
Ella le hablaba del poder que tiene la mente, sobre todo porque en la construcción de los moai se usó, algo de eso se perdió, pero el conocimiento que perduró fueron bastantes técnicas de rehabilitación y de puntos de reconexión magnética que hay en el cuerpo, que son similares a puntos magnéticos de la tierra.
“Y por eso la Isla de Pascua se llama el ombligo del mundo. No antojadizamente, sino que geográficamente Te pito te he nua, nombre ancestral de la isla que significa eso, está ubicado, haciendo la extrapolación al cuerpo humano, en el ombligo. Un poquito más arriba, el Cuzco y en el entrecejo está Egipto, en el hígado está Estados Unidos”, dice sonriendo.
Centro vital Por el ombligo se recibe energía, por ahí la madre alimenta a su hijo. Por el ombligo la tierra nutre a sus seres. Quizá por eso es tan energética esa zona. “Todos los moais miran hacia dentro de la isla, todos le dan la espalda al océano. Es decir lo importante está en el interior”, explica Guerrero.
Conceptos muy antiguos que se aplicaron en medicina durante muchos años y recién están saliendo de la isla. A esto Guerrero le llama terapia de reconexión magnética, taote mana en idioma rapa nui, tan antiguo que se cree que proviene del sánscrito.
Los isleños estaban muy aislados y fueron descubiertos en 1722 por el navegante holandés Jacob Roggeween en un día de Pascua de resurrección y por eso se llama Isla de Pascua. Los nativos tienen una inserción en lo que es la modernidad reciente, todavía se encuentran nativos puros y el idioma ha cambiado muy poco.
Guerrero combinó esa terapia antigua con la del biomagnetismo que inventó en 1988 el médico mexicano Isaac Goiz Durán, también maestro de Guerrero. A eso le agregó otra terapia que propuso un grupo de psiquiatras y psicólogos en Chile que se llama liberación de implantes psicológicos (sirve para liberar a las personas de traumas). “La gracia que tiene mi trabajo es que atiendo a cada persona según su necesidad, no como un sistema general ni preestablecido”.
La ventaja de este tratamiento es la combinación de las tres terapias en una hora (60 minutos exactos) de cuatro sesiones, normalmente una vez por semana, no más de diez días entre una y otra. Esto es suficiente para que el propio paciente experimente su sanación. “Él mismo cuenta cómo se siente, no soy yo quien influye en su estado, por el tema del efecto placebo”, explica Guerrero, “todo esto sin tomar un solo medicamento”.
El tratamiento Los imanes son lo más cercano a un medicamento. Se colocan sobre la persona, sin ni siquiera sacarse la ropa, es muy cómodo. Los imanes equilibran la zona que está afectada por alguna infección provocada por hongo, virus o bacteria, o una disfunción. Las personas participan en el proceso de sanación respondiendo a preguntas tan simples como ¿Qué es lo que le duele? ¿Qué es lo que le pasa? ¿Qué le gustaría que yo hiciera por usted? Eso sí, explica, cuando se tiene que operar un órgano no hay nada que hacer, no existe terapia que valga.
A pesar de lo serio del tema, ya que con la salud no se juega, el taote Marcos Guerrero –prefiere que lo llamen así y no doctor– es una persona muy risueña. Vino al Ecuador en el 2006 invitado para hablar de la cultura rapa nui en Ibarra.
En la conferencia mostró un documental sobre la Isla de Pascua, su cultura y medicina, ahí aparecieron algunos pacientes, después vino a Guayaquil y atendió a otras personas. “Dije: me gusta el clima, la gente es simpática y se lleva bien con los chilenos, son bastante alegres y afables. Ecuador en general es un país muy agradable y yo que soy isleño de corazón acá me siento como en casa”. Aquí permanece en intervalos de dos meses.
Para él Santiago de Chile es fría, es una ciudad con un estilo europeo y muy industrializada, en donde todo es en función del trabajo, el tiempo y el dinero. “Aquí hay más tiempo de hacer algunas cosas y como lo mío es la persona humana me interesa compartir con la gente”, expone.
No está casado, pero tiene novia. Cuando le preguntan si sus padres viven, responde que es una pregunta difícil porque para él nunca han muerto. “A mí me adoptó una familia rapa nui después de que mi mamá biológica murió. Ellas están vivas en mi corazón y son mi inspiración para seguir adelante con mis investigaciones para tratar de ayudar a la gente. Mi papá vive en Santiago de Chile y es una gran persona”, confiesa.
Lo que Guerrero hace no es raro, no es un movimiento ni una corriente filosófica. Es distinto, diferente. “La gente normalmente tiene prejuicios a lo que es diferente. Lo que no entiende lo considera extraño y raro. Lo catalogan y se alejan, pero la verdad es que esta es una terapia ya probada en cerca de 180.000 pacientes alrededor del mundo”.
“Potencialmente todo es curable”, dice Guerrero, “desde el cáncer y el sida en sus primeros estallidos”.
| |