Edición del VIERNES 8 de Febrero del 2008
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Claudia Serrano
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Claudia Serrano desde Buenos Aires

El destape llegó, te vas a la playa y estás hecha una diosa.

claudiaserrano@fibertel.com.ar

Vas a lucir ese cuerpito que trabajaste los 365 días del año con cremas milagrosas, dietas ayurvédicas, ejercicios interminables y masajes modeladores. Si tienes más de 35 y no pisaste el gym por falta de tiempo, largas horas dedicadas al trabajo, los hijos, la casa y tu marido, salvo que hayas sido bendecida por el Señor… ¡estás en el horno! Te recomiendo un tour por las divinas Cuenca y Riobamba y que intentes subir el fabuloso Cotopaxi superabrigada y vestida tipo carpa.

Los varones se ocupan también de su peso, salud y estilo. ¡Irresistible un bombonazo de 40 bien mantenido! La satisfacción de andar sin camiseta tapando la barriga y mostrando el “six pack” o una barriga normal sin mucha panza, junto con unos fuertes bíceps o piernas atléticas.

Algunas féminas irán a la playa para trabajar lentamente un bronceado “au naturel”, con un armamento letal de cremas digna de un “jedi” and “let the force be with you”… bloqueador protección cincuenta para cara, cuello y manos, otro para el cuerpo, crema para el pelo y algún rociador para no deshidratarse luego de haber hecho deporte o leído tu libro favorito bajo el sol tropical. Claro, todo sin que se note; el look casual y fresco es lo que hay que transmitir, tu marido o enamorado no tiene por qué enterarse de todos tus “tips”. Y por favor, no se te ocurra ir a la playa con maquillaje puesto.

Si no, copia a algunas divas argentinas, llegan deslizándose tipo cinco de la tarde con su caftán marroquí, que no se sacarán para mantener el look y por que tomar demasiado sol está ¡out! muy acorde al cambio climático que vivimos y todo el rollo del agujero de ozono, dirán que acaban de regresar de un viaje por los países musulmanes con lo más top y autóctono (lo que tienen puesto, obvio). Chicas, no se usa más tomar sol y menos que menos quedar “negra”. Miren si no la piel de porcelana de Madonna, que se cuida cual monja de clausura.

Influenciados por la rapidez líquida de las cosas, nuestros deseos son producto de la cultura consumista y tremendamente visual que nos toca vivir. La información bombardea nuestras retinas, pensamos que elegimos por “motus propio” tal o cual producto, cuando vamos de shopping o al elegir una marca en el super. El mensaje  transmitido de mantener una imagen deseable de belleza, juventud, éxito y de no envejecer es… simplemente ridículo e imposible.

Intentemos encontrar el equilibrio en el día a día, no solo lo que está de moda, lo que es perfecto, lo que nos encandila con su brillo, es legítimo. Estar conscientes cuando elegimos las pequeñas cosas, sentirnos saludables y atractivas sin la última crema, el último modelito del verano, el último celular, aceptarnos con un poco de celulitis y esos kilos de más. Verificar nuestros deseos ante el objeto, no dejarnos llevar vertiginosamente por la vista, reconfirmar lo que queremos y volver a los sentidos más primarios: oler, tocar, probar, sentir.


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