Si ha visto a algunas personas que caminan con dificultad y tienen uno de sus brazos contorsionados por la rigidez de sus músculos, es porque sufren de espasticidad.
Un desorden motor caracterizado por el aumento del tono muscular conocido como hipertonía. Este problema se produce como consecuencia de distintas enfermedades neurológicas, cuyo daño surge en la parte del cerebro que controla el movimiento voluntario. También puede ocurrir cuando se presenta una lesión en los nervios que viajan desde el cerebro hasta la médula espinal.
Entre las enfermedades más frecuentes que presentan espasticidad de distinta naturaleza y causan discapacidad, se encuentran la esclerosis múltiple, las lesiones medulares, los traumatismos craneoencefálicos, infartos cerebrales o parálisis cerebral infantil y otras.
Según el doctor Gustavo Bocca Peralta, especialista en medicina física y rehabilitación, cuando el tono muscular se altera se libera un neurotransmisor llamado acetilcolina. Normalmente su función es generar el equilibrio normal durante un movimiento. Pero cuando hay espasticidad este se libera excesivamente, provocando demasiado estímulo al músculo.
El doctor Alfredo Iglesias Bernal, especialista en medicina física y rehabilitación, menciona que la espasticidad cuando va acompañada de distonía (movimientos descoordinados de los músculos del cuello) interfiere en el lenguaje. Los afectados no pueden hablar adecuadamente; lo hacen de manera entrecortada y poco entendible.
Resolver el problema
Bocca agrega que primero se debe realizar una evaluación clínica y funcional del paciente. Hay que conocer qué tipo de actividades realiza diariamente, cuáles son sus limitaciones y, sobre todo, qué enfermedades agregadas posee. Por ejemplo: infecciones de cualquier índole, trastornos digestivos severos como un sangrado u otras enfermedades que pueden aumentar el cuadro espástico.
También se hace una evaluación de cada músculo y de acuerdo a esta se elabora el plan de tratamiento.
Grados de la enfermedad
Cuando la espasticidad es de grado uno se la maneja únicamente con terapia física, para que el músculo ceda. Si es de grado dos se combina la terapia física con medicamentos por vía oral, que permiten relajar el músculo como el baclofeno, que venden en Ecuador. También se toma dantrolen o ticinamida, pero no se los encuentra en el país, según los doctores Bocca e Iglesias.
Si con este protocolo de tratamiento y rehabilitación el paciente no mejora se lo trata como grado tres; es decir, cuando el problema es más severo, pues hay más limitación al movimiento.
En este caso se usa un medicamento para bloquear la liberación de la acetilcolina, conocida como toxina botulínica para relajar al músculo.
Antes de inyectarla se busca el punto motor afectado con un electro estimulador. Este posee un electrodo de aguja, a través del cual se aplica el medicamento. En dos días comienza a actuar y a los diez el músculo se relaja completamente.
“La toxina permite que el músculo relajado mientras se aplica la terapia de rehabilitación, con estímulo eléctrico funcional, se reeduque”, agrega Bocca.
Incluso se pueden bloquear las raíces nerviosas combinando la toxina botulínica con fenol, es decir, alcohol al 5%. Se lo aplica con una máquina en el sitio específico para ir directo a la raíz.
También en el cuarto grado de espasticidad, cuando ya no hay movimiento, lo ideal es aplicar la toxina.
Asimismo, “se la puede aplicar en pacientes que sufren de distonía cervical, que es un movimiento anormal de la cabeza producida por un trastorno del tono de los músculos de la región cervical”, dice Bocca.
Bomba y cirugía
En los casos en que la espasticidad es más generalizada, hay dos indicaciones fundamentales. La primera es colocar dentro de la piel una bomba de baclofeno, que está emitiendo constantemente el medicamento por 24 horas.
La otra opción, cuando el tratamiento médico falla, es la neurocirugía, para eliminar el estímulo proveniente de las raíces nerviosas afectadas que provocan la espasticidad. El neurocirujano Eduardo Ordóñez Navas agrega que es segura. Se la realiza con anestesia regional o general y dura aproximadamente dos horas. Luego la recuperación es satisfactoria porque el paciente recupera los movimientos de sus extremidades.