|
Los ejes que han trascendido hasta ahora se refieren solo a asuntos administrativos, como la matrícula diferenciada, el examen de ingreso o la imposición de cupos para algunas carreras. Quedan sin mencionar falencias mucho más graves, como la pobreza de aportes de los centros de educación superior ante la debilidad de nuestra democracia o la bajísima productividad económica nacional, sin mencionar las imposiciones que acarreará el cambio climático global.
Es casi un axioma que el nivel de desarrollo de un país se lo puede medir apreciando la influencia de sus universidades. No es casual por eso que la presencia del maestro universitario en nuestro medio sea tan pobre y que él mismo esté alejado de cualquier proceso innovador, sometido a la rutina. Algo similar se puede decir de la gran mayoría de estudiantes. Cómo cambiar ese panorama debería ser el centro del debate propuesto por el Primer Mandatario.
Seguramente con el paso de los días la discusión se orientará por ese carril, pero para eso todos los segmentos de la sociedad deberán exponer sin vergüenza ni temor sus criterios.
|