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Gato montés atrae a turistas a isla japonesa

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Señalamientos de cruces de gatos monteses abundan en Iriomote.
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Febrero 17, 2008

Por NORIMITSU ONISHI | ISLA DE IRIOMOTE, Japón

Se dice que el gato montés de Iriomote lleva 200 mil años habitando esa pequeña isla subtropical en el Mar de China del Este, pero era tan esquivo que no fue descubierto hasta 1967. Muchos isleños a la fecha nunca han visto al gato y algunos niegan obstinadamente su existencia.

Uno de los gatos monteses menos comunes del mundo, sobrevive sólo en Iriomote, una de las islas más remotas de Japón. Casi indistinguible de un gato doméstico, se cree que el gato montés de Iriomote pertenece a la misma familia de un gato leopardo encontrado en el continente asiático, al que esta isla alguna vez estuvo unida.

A Iriomote puede llegarse sólo después de un recorrido en ferry, de 35 minutos, desde la vecina Isla de Ishigaki y sólo tiene una carretera principal que recorre sólo la mitad de su costa. El interior montañoso cubierto de niebla de Iriomote sigue casi tan impenetrable como siempre.

En vista de que la mayoría de los 285 kilómetros cuadrados de Iriomote son inaccesibles para los seres humanos, sólo 2.325 personas viven ahí. Pero aunque el resto de la población rural de Japón se ha visto diezmada en la última década, la de Iriomote aumentó un 22 por ciento. El número de turistas se incrementó en un 33 por ciento en los últimos cinco años, y sumó 405.646 el año pasado.

A los investigadores que realizan un censo les preocupa que la población del gato ha caído por debajo de los 100 calculados hace más de una década.

“Está enfrentando su mayor crisis en la historia”, dijo Masako Izawa, experta en gatos monteses en la Universidad de Ryukyus, en la isla principal de Okinawa. Al igual que otros investigadores, Izawa, de 53 años, ha pasado años estudiando al animal sin poder verlo en carne y hueso, al recurrir en lugar de ello a fotografías, videos y otras evidencias de segunda mano.

Con un promedio de tres gatos monteses muertos en la carretera todos los años, la carretera principal de dos carriles de la isla ha surgido como la amenaza principal para el gato montés.

No obstante que la carretera ha sido ampliada para un mayor tráfico y velocidad, nuevas zonas de vibradores inducen a los conductores a bajar la velocidad y alertan a los gatos monteses sobre los automóviles que se aproximan. En la carretera principal se han cavado pasos subterráneos para los animales.

El gato montés ha permanecido en la cima de la cadena alimenticia en un ecosistema pequeño y frágil cuyo aislamiento y rica biodiversidad le han ganado a Iriomote comparaciones con las Islas Galápagos. En una isla sin ratones, el gato montés come de todo, desde jabalíes hasta camarones.

“Muchos creen que Iriomote es una isla demasiado pequeña para mantener la presencia de un animal tan carnívoro”, dijo Maki Okamura, experta en gatos monteses en el Centro de Conservación de Vida Silvestre de Iriomote.


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