Justine Delaney habla de moda como toda una experta. Le atraen las marcas de ropa en boga como Preen y Comme des Garçons y está tan familiarizada con la estética del Bauhaus como con Vivienne Westwood o la cantante Siouxsie Sioux. Antes le gustaba la moda gótica, pero ahora describe su actual estilo como “escolar, pero con un lado más oscuro”.
Al escucharla, parecería que es una diseñadora independiente. En realidad, Justine D., como la conoce su público, está más en su elemento detrás de una tornamesa que una mesa de corte; su elemento es el vinil: el que gira.
DJ de alta visibilidad, toca en fiestas privadas en Nueva York. Como otras integrantes del creciente contingente de DJs mujeres que controlan la pista y despiertan cultos en Internet, tiene apasionadas seguidoras. Numerosas jóvenes se han identificado con su sonido, y su estilo, una gráfica amalgama de blusas negras con un peto blanco y ajustados vestidos con cuello halter acompañados con tatuajes y cascadas de cabello castaño rojizo.
Para sus admiradoras, Delaney forma parte de una hermandad formidablemente buena onda de impulsoras de estilo bien establecidas como Beverly Bond, Sarah Lewitinn (conocida como DJ Ultragrrrl) y Skye Nellor, en Londres, así como creadoras de tendencia más jóvenes, como Samantha Ronson, en Los Ángeles.
“Cuando entras en un antro, si el DJ trae puesto algo en particular, casi le da un estatus de ídolo”, expresó Frannie Schultz, estudiante universitaria de 21 años, de Brooklyn. “Si ves a una chica DJ con cierta blusa o una marca de zapatos en particular, la gente quiere comprar ese artículo”.
Hace una década, sólo unas cuantas mujeres, entre ellas Bond y Nellor, podían jactarse de tener el tipo de influencia en materia de estilo asociado con la presencia detrás de las tornamesas.
“El mundo de los DJs definitivamente ha sido un club exclusivamente masculino, una especie de cábala”, expresó Alexandra Wagner, directora editorial de Fader, revista que cubre los estilos emergentes de música y la moda. Es un club, señaló, en el que las mujeres apenas empiezan a entrar de manera significativa.
“Las dominadoras culturales”, como las designa Wagner, tienen en materia de moda una influencia que constituye una extensión directa de su poder en el escenario. Observó que, a diferencia de las estrellas de pop, que tienden a ser moldeadas por equipos de producción, la DJ está significativamente a cargo: “La música que pone es lo que ella decide”.
Vista desde la perspectiva de la pista, agregó, la cabina del DJ es como un altar en el cielo.
“La mujer que lo controla puede convertirse en un ícono muy poderoso”, concluyó Wagner.