Después del feriado de carnaval empieza la Cuaresma, periodo en el que se recuerdan los cuarenta días que Jesús estuvo orando en el desierto. Días de reflexión, ayuno y oración para recibir el Domingo de Ramos, inicio de Semana Santa.
Para los cristianos este tiempo debería ser un llamado a la conversión, término que muchas veces es malentendido o simplemente desconocido. Conversión significa cambio y un cambio siempre es bueno para todos. Aquí lo importante es definir en qué queremos cambiar.
Jesús señala en la Biblia: “Sed perfectos como mi Padre es perfecto”. Si bien como seres humanos somos imperfectos, nuestra meta debe ser la perfección o la imitación de la perfección y en esto puede consistir nuestra propuesta de cambio.
Aunque fallemos
Lo primero es cambiar de actitud y perseverar en ello, aunque un día resulte y al otro no. Empezar de nuevo. En varias ocasiones nos entusiasmamos y decimos “yo quiero cambiar”. Nos proponemos una lista de cosas y empezamos un arduo trabajo de cambio, pero nos desanimamos con frecuencia al ver que estamos incumpliendo lo propuesto, o al ir encontrando dificultades lo dejamos a medio camino.
Toda propuesta debe ser paulatina y con dos elementos importantes, esfuerzo y disciplina, teniendo presente que cada día hay que evaluar. Por ello es mejor no abarcar mucho, empezar por lo simple de la vida diaria.
Preocuparnos por hacer nuestras tareas ordinarias, extraordinariamente bien hechas. Estar pendiente de lo cotidiano, como regalarle un poco más de tiempo a la familia en lugar de pasar estresados todo el día, sin tomarlos en cuenta. Ser amables con los demás, en la calle, en el trabajo, en medio del tráfico, el calor y la lluvia. Conservar la calma y no explotar ni agredir a nadie.
Ofrecimientos
Son cuarenta días de ayuno y abstinencia. La creencia dice que solo con no comer carne estamos cumpliendo este mandato y ciertamente no es así.
El ayuno y la abstinencia son también privarnos, por amor a Jesús, de algún gusto y ofrecérselo a Él. Dejar a un lado los resentimientos y entregar en oración lo que nos cuesta aceptar. Ayudar al que lo necesite, aunque sea un desconocido.
La Cuaresma es una profunda reflexión de lo que hacemos y de cómo vivimos. De acercarnos a Dios en entera complicidad y buscar siempre el mandato que Él nos dejó: el amor.
*Catequista y militante de la Liga Apostólica de Schoenstatt Guayaquil.