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Edición del DOMINGO 17 de Febrero del 2008 EL UNIVERSO inicio e-mail
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Charles Bukowski: Un mundo de mujeres, amor y dolor
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Texto: Francisco Santana

Algunos definen este libro de Charles Bukowski (1920-1994) como un poema sobre el amor y el dolor. Ninguno de estos dos elementos falta. Sobran.

Este es un extenso recorrido (318 páginas) sobre todo por el dolor. Henry Chinaski es el protagonista y encargado de llevar al lector por el sórdido universo que conforma su vida.

Hay que decirlo con precisión. Esta es una novela dura. Cargada de un lenguaje fuerte y sin miramientos. No concede ni da tregua. Con sobradas razones Bukowski es considerado un escritor maldito. Según los críticos estadounidenses, el último. Pero no hay que asustarse, siempre ha existido basura en este planeta y alguien tiene que sacarla. Sin dudarlo aquí asistimos a un interesante trabajo de este autor que hace las veces de un coleccionador y repartidor de miserias. Hurga y se revuelca en aguas bastante sucias y podridas.

A los 50 años, Chinaski confiesa que lleva cuatro años sin acostarse con una mujer. Sin amigas. Inútil. Sin anhelos de poder establecer una relación. Abandonado a sus febriles pensamientos sobre las mujeres. Con miedo y vergüenza de acercarse a ellas.

Él se considera un borracho escritor de segunda que ha abandonado sus trabajos y en ocasiones es contratado para leer sus poemas en escenarios muy disímiles entre sí, desde tugurios y bares hasta auditorios de universidades. En esas lecturas logra algo de reconocimiento y de dinero, también conoce las mujeres que lo acompañarán en su travesía. Un viaje en el que deja la piel y en el que a cada una le corresponde un pedazo de su corazón y de sus desgracias.

En el camino del amor no hay nada fácil, eso lo saben aquellos que se atreven a compartir sus sentimientos con otros. Verdad terrible que Bukowski explora hasta límites ridículos y en extremo dolorosos. En ocasiones salvaje y con una fuerza arrolladora semejante a una avalancha que arrastra y puede con todo. De nada sirve ponerse por delante, el protagonista va sin freno por una pendiente en la que resulta imposible no estrellarse y perecer. Sin embargo, cada noche es el comienzo de una nueva aventura. Porque los días, desde su afiebrada óptica, parecen imposibles para vivir.

Este es el retrato de un perdedor por naturaleza. El reflejo de una vida marcada por situaciones escandalosas. Un indecente sumergido en una maratón de sensaciones encontradas, donde no faltan el sexo y el alcohol. Pero también es un obstinado proceso de aprendizaje, de conocimiento, en el que el autor se burla de sí mismo y de su entorno. Repleto de sarcasmo, ironías y ridiculizaciones donde el protagonista sufre el bochorno de su propia desventura que lo conduce sin remedio a la destrucción.

Pero donde también hay espacio para el amor. Siempre el imperdible amor, que Bukowski lo grafica muy a su aire. “Más tarde nos dormimos. O Katherine se durmió. Yo la abrazaba por detrás. Por primera vez pensé en casarme… El comienzo de una relación siempre era lo más fácil. Después era cuando empezaba el desenmascaramiento, que ya no para nunca. Era igual, seguí pensando en el matrimonio. Pensé en un hogar, un perro y un gato, la compra en el supermercado…”.

Esa es su visión. Cuando el corazón ha viajado por el reino del sufrimiento y el dolor, se endurece, las palabras amables tardan en aparecer en la boca del amante, pero el sentir siempre aflora. Así lo reconoce Chinaski y eso parece querer decirnos. Nunca es tarde para rendirse a los designios del amor.

Bukowski nació en Alemania de padre estadounidense. Ha sido comparado con Henry Miller, Celine y Hemingway. También son obras suyas Cartero, Factotum, La senda del perdedor, Hollywood, Se busca una mujer,  entre otras.

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