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Edición del DOMINGO 17 de Febrero del 2008 EL UNIVERSO inicio e-mail
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El Cuarto Ojo 
Conservación: Responsabilidad compartida
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Ricardo Cevallos Estarellas | www.elcuartoojo.com

La humanidad ha tenido que llegar al borde de la destrucción del planeta para empezar a comprender que de nada sirve todo el dinero del mundo si no tenemos mundo donde disfrutarlo”.

Estuve hace poco en la Amazonía ecuatoriana con la fundación ambientalista Acción Ecológica, en una excursión organizada para que la gente constate por qué hace tanto daño la explotación petrolera en esa región. Los factores son tres: uno, por lo inevitable que son los derrames de petróleo; dos, por la aparición de carreteras que facilitan el ingreso de madereros y demás entes depredadores, y tres, por el inevitable y definitivo impacto que se infringe en las pocas etnias que aún preservan sus hábitos de vida.

Hicimos contacto con la nacionalidad Cofán, que es una de las etnias nativoamericanas que más claramente ven en la naturaleza su fuente de vida y divinidad (como muchos occidentales están empezando a redescubrir).

Roberto Aguinda, jefe de la comunidad Cofán que visitamos, me contó que su pueblo ha rechazado grandes ofertas económicas para explotar sus bosques. Pude darme cuenta de que todos en su comunidad están perfectamente conscientes de lo que podrían comprar si aceptaran el dinero pero, a decir de él, “la integridad del medio ambiente no tiene precio”.

Aguinda, en su español, segundo idioma pero correctamente estructurado, me narró que según la visión de su pueblo, la Tierra es un organismo que está siendo asesinado, y es responsabilidad de cada grupo humano preservar su entorno. Hace quince años habríamos pensado que Aguinda era un líder retrógrada e ignorante. Hoy nos damos cuenta de que es inteligente.

El fondo del asunto
La humanidad ha tenido que llegar al borde de la destrucción del planeta para empezar a comprender que de nada sirve todo el dinero del mundo si no tenemos mundo donde disfrutarlo.

El problema del incremento de las emisiones de carbono es más simple de lo que parece, pues su principal causa es el imparable aumento en la demanda de bienes de consumo a nivel mundial. La misma sociedad de consumo se encarga de difundir por todo el planeta un ideal de vida consumista que provoca la demanda de más productos y la necesidad de más industrias.

El planeta sencillamente no resistiría que los países subdesarrollados empezaran a consumir al mismo ritmo que el mundo desarrollado. El problema es que este esquema cuenta con la venia de la opinión pública mundial, que sigue pensando que lo que el mundo necesita es más crecimiento económico.

No es de extrañar que cada vez más se hable de nuevos modelos de organización social que pongan ciertos límites a la imparable maquinaria industrial del planeta.

Nuestros países todavía tienen tiempo de darse cuenta de que ese “desarrollo” que en algún momento lamentamos tanto no tener lleva a un estilo de vida contaminante y depredador, es decir, a un modelo de sociedad no funcional.

El aspecto económico
Según Luis Corral, de Acción Ecológica, “Ecuador tiene más de tres décadas de ser petrolero y eso no nos ha hecho más prósperos que otros países de la región, pero sí nos ha dejado una devastación socio-cultural de irreversibles consecuencias”.

Corral es director de Amazonía por la Vida, una campaña que surgió por la iniciativa ecuatoriana de pedir a la comunidad internacional que compense al país con la mitad de lo que dejaría de percibir si no abre nuevos pozos en el parque nacional Yasuní.

Ecuador ha hecho historia por ser el primer país que plantea de manera concreta la idea de que la conservación es una responsabilidad compartida para todo el planeta, pues en este caso, si se dejara el petróleo bajo tierra, el beneficiado no sería solamente el país sino el planeta entero.

Si bien la mayor parte de la responsabilidad de la conservación recae en que los países desarrollados comprendan que la mentalidad consumista es incompatible con la conservación, la historia ha puesto en manos de los ecuatorianos la decisión de seguir depredando sus parques nacionales o empezar a pensar en el futuro.

Un cofán con el que conversé resumió este punto con dura crudeza cuando dijo que “el problema de ustedes es que solo piensan en ustedes mismos y no en sus descendientes”. Es triste pero tiene razón, y lo más probable es que las generaciones futuras sí tendrán la sensibilidad para valorar una Amazonía verde y llena de vida. Esperemos que hasta ese día la situación no haya llegado demasiado lejos.


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