 |
| ::::::::: M E N Ú :::::::::: |
 |
|
| |
|
|
 |
| Orgullo impreso |
El 21 de febrero es el Día del Bibliotecario Ecuatoriano, fecha que celebramos al destacar a una profesional que lleva 47 años como guardiana de miles de textos de la Biblioteca Municipal. Su entusiasmo y carisma la hacen brillar en el mundo del conocimiento impreso.
“Pero busque, niño, busque. Siga revisando los libros que seguro hallará lo que necesita. Y si se tarda, no importa, aquí nos quedamos hasta que encuentre su tema”. El joven escucha las amables palabras que salen del otro lado del mostrador y toma un nuevo libro que le extiende una mano que lleva 47 años atendiendo a los usuarios de la Biblioteca Municipal.
El adolescente sigue en su investigación, mientras la voz amable afirma con convicción. “Me intranquiliza ver cuando las personas no hallan la información que buscan. Yo trato de ayudarlos, porque para estar aquí seguro que gastaron para el pasaje del bus y su tiempo. Si ya vinieron, deben irse contentos”, señala Cristina Gómez Franco, bibliotecaria que se inició en esta profesión en 1960.
Le encanta su trabajo y dice haberle dedicado su vida. “Aquí reposa el conocimiento, la historia, la ciencia”, indica esta fanática de los libros sobre biografías, particularmente uno que aborda la vida de Albert Einstein. “Era un hombre muy inteligente y simpático”, afirma con una sonrisa.
Y con la misma sonrisa también le gusta atender a las 400 personas que en promedio llegan diariamente a la sala de Ciencias Aplicadas, en donde reposan 6.500 libros en las áreas de derecho, medicina, química, física, arquitectura, biología... “Los libros de medicina y derecho son los más pedidos”, señala esta dama, cuya memoria compite con el sistema informático de búsqueda de textos.
“Los usuarios llegan y me piden un tema. Cuando llegó la computadora comencé a usarla para revisar los índices, pero luego me di cuenta de que generalmente estos están incompletos. Así que ahora prefiero recomendar los libros según lo que recuerdo de sus contenidos”, señala.
Esa memoria la fortalece cada mañana cuando tras llegar a su puesto de trabajo a las 08:30 (aunque la entrada es a las 09:00), ver que todos los libros estén en orden y verificar que su mostrador esté totalmente limpio, se pone a revisar los nuevos textos que llegan.
Los hojea con paciencia para familiarizarse con los recién llegados miembros de su mundo de tinta y letras, porque así podrá referirlos adecuadamente cuando llegue un usuario que requiera un tema allí abordado.
Sin embargo, dedica mayor tiempo a revisar los libros de cocina (son los que más le gustan) y los de historia (es un tema que le interesa). Por eso también recuerda con seguridad los nombres de los directores que han pasado por la Biblioteca Municipal durante su permanencia: José Pérez Concha, Manuel de J. Real, Rodrigo Chávez González, Jorge Navarrete Estrada, Eloísa Patiño, Rodolfo Pérez Pimentel, Euclides Silva, Yela Loffredo de Klein, Abel Romeo Castillo, Violeta de Orrantia, Patricia Benites de Quevedo, Ángela Name de Miranda, Adolfo Ayala y Arturo Leimberger. “Todos me han tenido un especial cariño; por eso sigo aquí”, bromea.
Y un aprecio especial también le tiene el actual director, Melvin Hoyos, quien la califica como “una mujer y empleada ejemplar; le impone un entusiasmo y pasión especial a su trabajo porque lo ama y está contenta con lo que hace”.
Por eso a Hoyos le cuesta aceptar que Cristina se jubile. Sin embargo, ella ya lo ha decidido. En mayo espera comenzar la entrega de su cargo, lo cual va a durar muchos meses porque desea confirmar la presencia de cada libro que le fue confiado como la jefa de su sala. Y cuando termine espera dedicarse a la casa, a descansar y disfrutar de sus tres hijos y nietos.
Pero mientras tanto sigue disfrutando de ese trabajo que tanto la enorgullece, y observando a ese alumno que llega nuevamente a su mostrador con cara de cansado y pidiendo un nuevo libro para continuar su investigación. “Así deben trabajar los muchachos, porque así es el estudio. Aunque a veces llega uno que otro perezoso que no quiere investigar. A ellos les digo: «No seas vago. Estudia. Si fueras mi hijo ya te habría latigueado»”.
| |