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Síndrome de las piernas inquietas
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Texto: Sheyla Mosquera

Es un trastorno del descanso que causa una sensación intensa, muchas veces irresistible, de tener que mover las piernas.

El síndrome de piernas inquietas (SPI) se da más en mujeres y consiste en la necesidad de mover las extremidades inferiores de manera involuntaria.

El neurólogo Aurelio Mosquera Bolaños dice que los pacientes también presentan alteraciones sensitivas como sensación de hormigueo, pinchazos, ardor, quemazón, dolor y calambres. Estos se agravan durante el reposo o inactividad, sin embargo, hay un alivio transitorio durante la actividad física como caminar, estirarse o hacer ejercicios.

Para la cardióloga Peggy Freire Torres, el SPI hace que el afectado no tenga sueños profundos, por lo tanto al despertar está cansado e irritado. También relacionan al SPI  con trastornos psicológicos de fondo como ansiedad o depresión y el consumo de tranquilizantes.

El Instituto Nacional de los Trastornos Neurológicos y Accidente Cerebrovascular de los EE.UU. (Ninds, por sus siglas en inglés) reporta que algunas personas se han visto afectadas en sus trabajos, sus relaciones personales y las actividades diarias a causa del cansancio. Incluso a menudo no se pueden concentrar, tienen la memoria deteriorada o fallan en el cumplimiento de sus tareas diarias.

“El aspecto más distintivo o poco usual del trastorno es que los síntomas son activados por el hecho de acostarse y tratar de relajarse. Como resultado, la mayoría de las personas con SPI tienen dificultad para conciliar y mantener el sueño”.

Causa desconocida
Mosquera indica que no se conoce la causa exacta del SPI, pero se lo asocia generalmente con neuropatías, enfermedad de Parkinson y otras, por lo cual el diagnóstico es eminentemente clínico y debe ser realizado por el neurólogo.

Es importante   sobre todo – según el Ninds–  porque las personas con niveles bajos de hierro o con anemia pueden tener una tendencia a desarrollar el SPI, y también quienes sufren enfermedades crónicas como el fallo renal o diabetes.

Investigadores también han descubierto que la cafeína, el alcohol y el tabaco pueden agravar o provocar los síntomas en los pacientes con predisposición a desarrollar el síndrome. Pero estudios han mostrado que una reducción o la eliminación total de tales sustancias puede aliviar los síntomas, aunque no está claro si la eliminación de estas sustancias puede evitar que los síntomas del SPI ocurran del todo.
Freire agrega que las personas con SPI son dos veces más propensas a sufrir  accidentes cerebrovasculares (rotura de una arteria del cerebro cuando la presión está sumamente alta) o una enfermedad cardiaca.

Asimismo, el investigador del sueño John Winkelman, de la Escuela de Medicina de Harvard y del Brigham&Women’s Hospital en Boston, realizó un estudio a 3.433 hombres y mujeres, en promedio de 68 años, y determinó que la relación entre el SPI y la enfermedad cardiaca y los derrames era más fuerte en las personas que tenían síntomas de SPI al menos 16 veces al mes.

Por lo tanto es necesario hacer estudios de sueño como una polisonografía que registra las ondas cerebrales, el ritmo cardiaco y la respiración del paciente (durante toda una noche), según Freire.

El Ninds también sugiere una electromiografía y estudios de conducción nerviosa para medir la actividad eléctrica en los músculos y los nervios y se puede utilizar una ultrasonografía doppler para evaluar la actividad muscular en las piernas.

Estas pruebas pueden documentar cualquier daño colateral o enfermedad en los nervios y las raíces de los nervios (como la neuropatía periférica y la radiculopatía) u otros trastornos de movimientos relacionados con las piernas. Los resultados negativos de estas pruebas pueden indicar que el diagnóstico es de SPI.

Empleo de medicina
El tratamiento ideal, según Mosquera, consiste en una adecuada higiene del sueño y una actividad física moderada. Además del uso de medicamentos que se conocen como precursores de la dopamina y los agonistas dopaminérgicos, siendo estos los más frecuentemente usados, aunque la lista de fármacos es amplia.

“Debe tenerse cuidado con cierta medicación que aumenta y empeora los síntomas como son algunos antidepresivos, neurolépticos, antieméticos y la cefeína”, dice.


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