El jonronero sigue entrenando en solitario, en espera de una última oportunidad de continuar su carrera deportiva, pero solo recibe muestras de indiferencia, que es lo más cercano al olvido.
El hombre, en su incansable afán por tener más poderes, pierde la noción y rompe principios y valores. Se aleja de las cosas sencillas de la vida por buscar placeres materiales y terrenales.
Barry Bonds había conseguido casi todo en su carrera como pelotero de las Grandes Ligas: fama, fortuna y reconocimiento de la sociedad. Ha ganado, hasta este momento, algunos premios como jugador más valioso, el más codiciado por cualquier beisbolista. Pero Bonds deseaba más.
Aspirar más y mejores metas deportivas es bueno. Lo malo es buscarlas con prácticas innobles, mediante trampas, perjudicando la propia vida y mancillando el honor de la práctica del deporte.
En noviembre del 2000 se empezó a tener sospechas de que Bonds usó sustancias prohibidas para mejorar su rendimiento físico, y se cree que con estas prácticas ilegales ha conseguido romper marcas históricas, como los 73 jonrones en una sola temporada y los 762 en toda su carrera.
En los actuales momentos Bonds tiene grandes complicaciones por los cuatro cargos por perjurio y uno por obstrucción de la justicia, los que lo pueden llevar a la cárcel.
Ahora no encuentra equipo, nadie lo llama. Su teléfono no suena. Barry Bonds sigue entrenando en solitario, en espera de una última oportunidad de continuar su carrera deportiva, pero solo recibe muestras de indiferencia, que es lo más cercano al olvido.
El mundo de Bonds era prácticamente impenetrable y hermético. Pedía privilegios para estar distante de sus compañeros. Tenía un enorme asiento reclinable en el camerino y con varios vestidores.
Con una arrogancia insolente, el jardinero iba por la vida sin mirar a los lados. Cuando rebasó la marca de Mark McGwire casi nadie de su propio equipo se dignó a saludarlo y felicitarlo. Y esos eran los más cercanos y sabían de las carencias humanas del héroe de papel.
En la Serie Mundial del 2002 observé muy de cerca su práctica de bateo y noté lo sincronizado, parejo y compacto de su bello swing y el gran poder selectivo de Bonds para escoger los lanzamientos buenos y desechar los malos.
Ese poder de elegir los buenos y malos de los lanzamientos no lo pudo aplicar en su vida y ahora está enredado en serias complicaciones con la justicia y el escrutinio público.
Aparte del daño a su propia salud, el afán por la búsqueda frenética de bienes materiales y placeres egoístas, produjo deterioro de principios y valores.
El fantasma del consumo de esteroides está destruyendo la pureza del béisbol con un irrespeto a la historia, al juego limpio, a las buenas costumbres y a la juventud.