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| Imágenes de Guayaquil |
Nombres de librerías y papelerías están vigentes en la memoria guayaquileña |
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| Avisos de tres conocidas librerías que atendieron durante varias décadas del siglo pasado. | | |
| Febrero 29, 2008
Por Germán Arteta Vargas
En el siglo pasado hubo tradicionales establecimientos cuya atención sirvió de modelo a sus similares que surgieron. Actualmente los servicios se han modernizado y poseen un recomendable e importante incremento.
Ensayar un inventario lo más completo posible de las antiguas librerías, papelerías y negocios afines que se establecieron en Guayaquil, al punto de formar parte de su historia, es una tarea difícil porque muchos nombres se pierden en el tiempo, especialmente de aquellos que surgieron a finales del siglo diecinueve y a entradas del veinte, pero desaparecieron muy pronto.
Sin embargo, hay momentos gratos y evocadores al hurgar recuerdos y encontrar todavía que muchas personas mantienen vivo el recuerdo de emblemáticos nombres, pues de una u otra manera por la naturaleza de su servicio fueron continuamente mencionados y se quedaron en la mente de los guayaquileños.
Ahí entonces los casos de los establecimientos formales y de los quioscos, puestos y locales informales que funcionaron y todavía permanecen por los alrededores del mercado Central y otros conocidos sitios de nuestra ciudad.
En esa remembranza surgen nombres de aquellos negocios que constatamos nosotros y otros de los que dan testimonio algunos mayorcitos y los avisos y propagandas de periódicos, revistas, calendarios y más publicaciones especiales.
Así, las tradicionales librerías Española, de Víctor M. Janer; La Reforma, de Jacinto Jouvín; Bola de Oro, de Luis A. Castagneto; Guayaquil, de José L. Acevedo; Progreso, de Martínez & Castagneto; Sucre, de Bonifacio Muñoz Hnos. y Gutenberg, de Elico Uzcátegui, mencionados abuelos y padres en la tertulia diaria.
Tales librerías, antes y después de la segunda mitad del siglo pasado, mantuvieron su popularidad y la compartieron con otras que se abrían paso en el comercio porteño, casos Editorial Colón, en Pichincha entre Luque y Aguirre; El Mundo C.A., de Büchner Pérez , en Pedro Carbo 529 frente a la plaza de San Francisco; Rodríguez, de Teodoro Rodríguez, primero en Diez de Agosto y Chimborazo, y después en Clemente Ballén y García Avilés; y Científica, de Bruno Moritz, en su local de Luque 227.
Establecimientos conocidos por jefes de familia y estudiantes para adquirir textos y útiles escolares fueron y algunos aún lo son: Luz del Barrio, Nacional, Cosmopolita, Zig Zag, Atlántida, Selecciones, Oviedo Hnos., LNS, Claridad, Ariel, El Libro Internacional, El Faro, Bustamante e Infantil, Su Librería, Toda Luz, Universal, Cervantes, Compte, Central, La Sociedad, Ambato, Cristo Rey, y otras editoriales de textos y cuadernos que vendieron materiales de oficina y papelería en general: Zea Hnos., Zea Aranda, Senefelder, Royal Print, Reed y Reed, Industrial Papelera, y por supuesto, el Bazar Santiago, en Lorenzo de Garaycoa y Gómez Rendón.
Hacia esas queridas librerías y papelerías que crecieron, cambiaron de domicilio, tuvieron sucursales o desaparecieron al morir sus dueños o propulsores, iban los padres –solos o acompañados de sus hijos– para comprar el Libro del Escolar Ecuatoriano, Semillitas, Aula, Pepín, Compañerito, el álgebra de Baldor, la tabla de logaritmos, y las Ciencias Naturales y Anatomía de Francisco Rovira Suárez.
De igual manera, las Lecciones de Literatura Ecuatoriana, de Raquel Verdesoto de Romo Dávila; la caligrafía Palmer, y los cuadernos de escritura inglesa, de conjugación de verbos y los de una línea y cuadriculados marca Superior de La Reforma, etcétera.
Igualmente van ahora a los establecimientos que aún quedan y los que se inauguraron en las últimas décadas de la centuria pasada, como El Librero, Vida Nueva, San Pablo, La Iliada, Mr. Books, Studium, La Librería y otros que mantienen contactos con casas editoriales ecuatorianas y extranjeras para ofrecer lo más actualizado del mundo de las letras en todos los géneros y en locales amplios y acogedores, que han incorporado la computación y otros recursos para una inmediata atención al cliente que busca novedades.
En cuanto a los ‘libreros’ populares que hicieron de su actividad una manera de servir a la comunidad a través de la compra y venta de libros usados, hay que citar a Lucho Fabara Sánchez, Juan Francisco Filián Flores, Néstor Cali y otros respetables personajes.
Asimismo, resulta imposible olvidar los popularísimos locales Nuevos Horizontes, Pepe y los que mantienen casi ‘al aire libre’ Adán Inca, Galo Ochoa, Francisco Cabrera, Ferny Páez y más libreros que sacan de apuro a cualquier interesado por un texto u obra literaria.
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