Desde crear un nicho creativo hasta darse estilo electrónicamente, los usuarios construyen una red de influencia. Artículos por Stephanie Rosenbloom
La gente se ve y se comporta de la manera en que lo hace por razones demasiado numerosas como para caber en la libreta de algún terapeuta.
Pero es común que modifiquemos nuestro comportamiento o alteremos nuestra apariencia en un intento por controlar la manera en que los demás nos perciben.
Algunos lo llaman sentido común. Los científicos sociales lo conocen como “manejo de impresiones” y atribuyen gran parte de su comprensión del proceso al sociólogo Erving Goffman, que en un libro de 1959, “La presentación de la persona en la vida cotidiana”, equiparó las interacciones humanas con una presentación teatral.
Ahora que las primeras impresiones con frecuencia son hechas en el ciberespacio y no cara a cara, las personas no sólo diseñan estrategias para cómo comunicar virtualmente quiénes son, sino también lidian con cómo elaborar una versión electrónica de sí mismas que resulte atractiva para múltiples públicos: compañeros de trabajo, ex compañeros de universidad, mamá y papá.
“¿Qué imagen presentas?”, preguntó Mark R. Leary, profesor de psicología y neurociencia en la Universidad de Duke, en Carolina del Norte, quien tiene más de 20 años de estudiar el manejo de impresiones en el mundo real. Igual que otros académicos, actualmente examina el mundo en Internet a través del cristal del manejo de impresiones: estudios que a veces dan un tono académico a ideas que parecen obvias, y a veces producen resultados inesperados.
“Nos sorprende el dilema en el que se encuentra la gente”, dijo Leary, sobre un estudio que inició en diciembre acerca de cómo edita la gente sus imágenes en línea. “Algunas personas parecen escoger un público.
Otras seleccionan y escogen las mejores partes de sí mismas. Como profesor, mi página de Facebook está diluida. No puedo subir fotos en las que beba cerveza con mis amigos”.
Los académicos dicen que el que los sitios de redes sociales y de citas románticas —que facilitan el compartir públicamente los gustos, aversiones, sueños y pérdidas— hayan entrado al terreno de lo tradicional ha causado que más personas “actúen” para otras de maneras cada vez más sofisticadas.
Los sitios de redes sociales y citas románticas de hoy son “como el manejo de impresiones bajo el efecto de esteroides”, comentó Joseph B. Walther, profesor de comunicación y telecomunicación en la Universidad Estatal de Michigan. Pero debido a que aún son formas nuevas de comunicación, “la gente no tiene una idea muy clara de lo que hace o de cuáles son las mejores prácticas”, señaló.
Uno de los hallazgos de Walther es que la apariencia física de los amigos que aparecen en su perfil de Facebook influye en la manera en la que la gente lo percibe a uno.
En un estudio que aparecerá este año en la publicación Human Communication Research, Walther y sus colegas descubrieron que los usuarios de Facebook que tenían mensajes públicos de amigos atractivos escritos en su pared (un tablero de anuncios en Internet) eran considerados mucho mas físicamente agraciados que la gente que tenía mensajes de amigos no atractivos.
Muchas de las estrategias de autopresentación observadas por los académicos parecerán obvias a los usuarios de Internet experimentados: mejorar el prestigio de uno al tener ligas con amigos de estatus elevado; usar un nombre en pantalla como “Batman” o “007”; referirse a su reluciente cabeza como “rapada” y no “calva”; usar caras con expresiones tiernas para cautivar al grupo de gente que reenvía cartas cadena inspiracionales; demostrar liderazgo al ser el primero en adoptar las aplicaciones más recientes de Facebook y promoverlas entre otros; listar la casi carrera de uno como disc jockey o modelo en lugar de la que da para pagar las cuentas; y tomar decisiones cuidadosamente pensadas acerca de qué poner como intereses o libros favoritos.
“Si alguien pone un título rumano desconocido, ¿es una persona muy inteligente o pretenciosa?”, comentó Judith Donath, profesora asociada de artes y ciencias de medios de comunicación en el Laboratorio de Medios del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), quien estudia los aspectos sociales de la informática.
Los profesores de tres universidades diferentes descubrieron, en un estudio sobre las citas románticas en Internet, que ante la ausencia de señales visuales u orales, los solteros desarrollan sus propias tácticas para presentarse: monitorean la longitud de sus mensajes de correo electrónico (demasiada palabrería indica estar demasiado desesperado); limitan las horas durante las que envían mensajes (un hombre se dio cuenta de que escribirle a mujeres en la mitad de la noche las pone nerviosas); y se fijan en el día en que entraron al sitio por última vez (los usuarios que visitan el sitio con muy poca frecuencia podrían ser considerados no disponibles, o peor, indeseables).
Los académicos descubrieron que es común que quienes buscan citas en Internet sean ambiguos a la hora de compartir su edad o su peso, o que pongan fotografías que fueron tomadas cinco años antes.
Han descubierto que cuando las personas alteran un poco la realidad, normalmente es porque intentan expresar una versión idealizada o futura de sí mismos.
Los académicos indican que las fotos que la gente sube a esos sitios son para algo más que sólo mostrar el rostro de los individuos. Más bien, los miembros eligen cuidadosamente las fotos para que éstas muestren aspectos de sus personalidades.
Catherine Dwyer, profesora en la Universidad Pace, en Nueva York, que estudia el comportamiento en Internet, comentó que los hombres jóvenes de My- Space comúnmente posan con sus autos con ese fin.
Keith N. Hampton, profesor asistente en la Escuela Annenberg de Comunicaciones de la Universidad de Pennsylvania, dijo que la idea de impresionar a la gente en el ciberespacio es el problema fundamental de los sitios de redes. Están diseñados de manera que millones de personas vean la misma imagen de un miembro.
Para que el manejo de impresiones en línea sea efectivo, señaló Hampton, los sitios deben ser rediseñados para que permitan que la gente revele diferentes aspectos de su identidad a diferentes usuarios. Uno debe poder presentarle un rostro a su jefe y otro a los amigos con los que juega póker. “Tenemos razones muy reales para querer segmentar nuestra red social”, dijo.
¿Y qué hay de aquellos usuarios a quienes, pese a todas las advertencias, lo que menos les importa es quién ve qué?
“Hoy en día, subir material revelador o reprobable en Internet se ha convertido, discutiblemente, en otro foro para señalar la insensibilidad al peligro y las repercusiones”, afirmó Donath, en un estudio publicado en octubre en la Revista de Comunicación Mediada por Computadora.
“Podrían indicar que su futuro está tan asegurado que ninguna indiscreción en un sitio de red social podría ponerlo en peligro, o podrían mostrar su distanciamiento de la clase de futuro donde se requiere de discreción”, dijo. “Para tales usuarios, el riesgo en sí es el beneficio”, agregó.