Poco antes de las elecciones parlamentarias en diciembre, algunos capataces caminaron por la inmensa fábrica de vehículos GAZ en esta ciudad, apartaron a trabajadores de la línea de ensamblaje y les dieron una orden: voten por el partido del Presidente Vladimir V. Putin. Les dieron instrucciones de reportarse por teléfono después de salir de sus casillas electorales. Se llevaría un control de los nombres y la resistencia sería castigada.
En las escuelas, los maestros les entregaron a los niños folletos que promovían el “Plan de Putin” y les dijeron que cabildearan a sus padres.
Alrededor de la misma fecha, voluntarios de un partido de oposición en la ciudad, la Unión de Fuerzas de Derecha, recibieron cientos de llamadas a todas horas, en las que se les advertía que dejaran de trabajar para sus candidatos.
De otra manera usted resultará lastimado, dijeron las personas que llamaron, junto con el resto de su familia.
Durante los últimos ocho años, Putin ha librado una campaña implacable para restringir la democracia y extender su control sobre el gobierno y grandes áreas de la economía. Ha suprimido los medios noticiosos independientes, nacionalizado industrias importantes, sofocado la oposición política y no ha dudado en desplegar los servicios de seguridad para llevar a cabo los deseos del Kremlin.
A pesar de ser ampliamente reconocidas, estas tácticas han sido particularmente notables al nivel local, en lugares como Nizhny Novgorod, 400 kilómetros al este de Moscú. Previo a la elección presidencial del 2 de marzo que fue prácticamente arreglada en diciembre, cuando Putin escogió a su asistente cercano, Dmitri A. Medvedev, como su sucesor, Nizhny Novgorod quedó como un ejemplo de cómo Putin y sus seguidores han establecido lo que es esencialmente un estado unipartidista.
La Rusia de Putin no es la Unión Soviética. Para la mayoría de rusos, la vida es más libre hoy que en los viejos tiempos. Se toleran las críticas al Kremlin, siempre y cuando no se realicen de una manera ampliamente organizada, y no hay restricciones al acceso a Internet. La economía, con sus bienes de consumo y fuerte tasa de crecimiento, tiene poco parecido con la que existía bajo el comunismo.
Aun así, como quedó claro en docenas de entrevistas con líderes políticos, funcionarios y residentes de Nizhny Novgorod, una nueva autocracia actualmente gobierna a Rusia. Detrás de una fachada de democracia hay una autoridad centralizada que ha desplegado un cuadro de partidarios a nivel nacional que no duda en tomar medidas contra quienes desafían al partido gobernante. Con temor a represalias, muchas de las personas entrevistadas para este artículo pidieron no ser identificadas.
El gobierno ha cerrado periódicos en San Petersburgo y hecho redadas en oficinas de partidos políticos en Siberia.
No fue nada inusual cuando en Samara, en el centro del país, oficiales anti crimen organizado acusaron a un funcionario de campaña de la oposición de crímenes financieros poco antes de las elecciones parlamentarias de diciembre y congelaron las cuentas bancarias del partido.
“En mi opinión, en cierta etapa, como ahora, no sólo es útil, sino incluso es necesario. Estamos cansados de vericuetos democráticos”, señaló Sergei G. Nekrasov, líder del partido de Putin en Nizhny Novgorod. “Tal vez suene sacrílego, pero yo propondría suspender todo este asunto de las elecciones por ahora, al menos para posiciones gerenciales”.
Un comentario que se oye a menudo en esta ciudad y en toda Rusia es que los angustiantes años inmediatamente después del colapso del comunismo dejó a la gente con ansias de estabilidad, y una economía robusta, mucho más que de una democracia al estilo occidental.
Hoy en día, la autoridad fluye a Nizhny Novgorod desde el Kremlin hasta un gobernador regional nombrado por Putin, quien abolió la elección de gobernadores en Rusia en 2004. El gobernador, Valery P. Shantsev, llegó de Moscú y tiene el encargo de dirigir la región y asegurar que el partido de Putin, Rusia Unida, gane las elecciones.
Boris Y. Nemtsov se volvió una estrella política en Rusia y el Occidente como gobernador de Nizhny Novgorod y Viceprimer Ministro en los años 90, pero en meses recientes él y su partido de oposición han sido agredidos.
Los canales de televisión regionales y nacionales, controlados por el Kremlin y sus subordinados, lo han atacado en repetidas ocasiones, y lo han tachado de todo, desde burócrata corrupto, hasta traidor.