El 1 de agosto, Nick Starr, de 27 años, consultor computacional de Tampa, Florida, se puso a escribir mensajes de texto en su teléfono celular, para contarles a cientos de sus amigos virtuales sobre su día.
Starr usaba Twitter, programa que le permite a sus miembros, en su mayoría jóvenes, publicar “miniblogs”: diarios sin fin sobre los detalles mundanos de sus vidas, en mensajes de apenas dos oraciones.
Starr, quien manejaba su auto cerca de su ciudad natal, escribió en el característico estilo telegrafiado tipo monólogo interior de Twitter acerca de ir por unas alitas e ir a cortarse el cabello. Entonces, sus escritos tomaron un giro más oscuro. A las 18:02 horas, envió una nota acerca de un puente cercano: “¿Quizás debería saltar de él?”.
A las 20:17 horas, al lamentarse de su falta de amigos íntimos, especuló sobre ser el primer “suicida de Twitter”.
A las 21:39 horas, hubo una nota final: “Está bien, llegó la hora. Estacioné mi auto. Le deseo lo mejor a todos los que alguna vez fueron buenos conmigo. Nos vemos en la próxima vida”.
Starr no saltó del puente que cruza la Bahía de Tampa. La policía lo encontró dormido en su auto la mañana siguiente.
Pero el incidente no pasó inadvertido entre los usuarios de Twitter: el iPhone de Starr estaba lleno de mensajes de texto enviados por personas que intentaban, frenéticamente, localizarlo. Algunos habían alertado a la policía local.
“Llegó al punto en que no supe qué decir”, dijo Starr.
Desde la introducción de la computación interconectada, los acontecimientos de la vida real se han escenificado en las redes de contactos sociales. En 1990, Blair Newman, miembro de una de las primeras comunidades en Internet, The Well (El Pozo), se suicidó “virtualmente”, al borrar todas sus publicaciones en la comunidad; se quitó la vida unas semanas después.
Lo que es diferente acerca de las herramientas para “escribir blogs con rapidez”, como Twitter (que impone un estricto conteo de caracteres para poder ser usado con facilidad en un teléfono celular) y Tumblr (que permite mensajes más largos así como fotografías), es el grado al que las personas los usan para una comunicación espontánea y casi continua.
Principalmente describen las minucias de su día, pero cuando sus vidas dan giros más dramáticos, con frecuencia llevan consigo a la red en tiempo real.
Más de 400 personas, por ejemplo, eran parte de la red de Starr en Twitter, y sus pensamientos suicidas aparecieron de pronto en sus teléfonos celulares o servicios de mensajería instantánea. Además de los mensajes de Starr, los miembros de Twitter han podido seguir las dolorosas y detalladas descripciones de otros miembros (los escritos individuales se llaman “tweets”) acerca de depresión, episodios de ebriedad y rupturas dolorosas.
Chris Messina, un usuario de Twitter sumamente conectado y consultor de negocios y grupos sin fines de lucro sobre cómo construir comunidades en Internet, habló desde la perspectiva de alguien que escribe mensajes, más que como alguien que los lee.
“Puedes sentirte abrumado por la sensación de soledad cuando estás acostumbrado a estar conectado en todo momento”, dijo, catalogando a los escritos en Twitter “pulsos sónicos que nos permiten saber que, oigan, realmente no estamos tan solos después de todo”.
Describió cómo, en abril, él y Tara Hunt, su novia, tuvieron “una gran pelea después de haber bebido y entonces ella envió un mensaje por Twitter de que iba a dejarme”. Debido a que su mensaje salió muy tarde, la mayoría de los usuarios de Twitter que leyeron los escritos estaban en Australia. Muchos le enviaron correos electrónicos a Hunt preguntándole qué pasó. Esos mensajes ayudaron a persuadir a la pareja a reconsiderar las cosas.
“No sé qué podría haber sucedido si la gente que se interesa por nosotros (por motivos que no necesariamente puedo comprender) no hubiera intervenido y desactivado la situación”, escribió Messina en un correo electrónico.
Hunt lo expresa así: “Nos dimos cuenta en ese momento de que Twitter no era un juego divertido, era nuestra conexión de contactos sociales de seguridad. Después de eso, tienes cuidado con lo que escribes allí. O también sabes que si realmente necesitas ayuda, ésta se encuentra a sólo un tweet de distancia”.
No todos ven la “twitterización” de las interacciones sociales bajo una luz positiva. Shelley Powers, programadora computacional que escribe libros y un blog, Burningbird, sobre redes de contactos sociales, dijo haber seguido la historia de Nick Starr mientras se desenvolvía en línea.
Llama a toda la experiencia “intimidad artificial” y se pregunta si la gente estaba “preocupada al respecto, o entusiasmada”. Lleno de vergüenza por sus mensajes, Starr aguardó varias semanas antes de publicar una especie de disculpa a sus amigos virtuales.
“Sin duda es más grande de lo que uno piensa que es”, dijo acerca de su círculo de amigos en Twitter. “Incluso si son sólo 500 personas, esas son 500 personas que son humanas y a quienes les importa y que se preocupan. Es una comunidad, debido a que es gente que tú eliges, que termina por importarte y te conviertes en parte de su vida”.