El brillo y el resplandor no suceden por casualidad. Un diseñador de Broadway tiene que idear la apariencia, como la incandescencia dorada de los bailarines en “A Chorus Line”, digamos, o el kitsch voraz de las coristas en “The Producers”. Luego alguien tiene que confeccionarlo.
Y muchas veces, ese alguien — en Broadway, por lo menos— vive y trabaja en una pequeña recámara en la planta alta de una modesta casa de ladrillos, en Cranford, a unos 40 kilómetros al oeste de Nueva York.
Ella es Bessie Nelson y es la bordadora de cuentas por excelencia de Broadway. Eso significa que Nelson, de 77 años, pasa hora tras hora insertando una aguja en tela tensada entre dos pedazos de madera, cosiendo, una por una, una cuenta canutillo no. 4 o una de tres facetas color cobre no. 6 a trajes que, una vez terminados, serán obras extremadamente elaboradas compuestas de miles de cuentas.
Ha cosido las cuentas en las capas de Liberace, las chaquetas de Neil Diamond, el guante de Michael Jackson y los atuendos famosamente reveladores de Cher.
Cosió las cuentas para las producciones en Broadway de “Dreamgirls”, “Sunset Boulevard”, “Miss Saigon”, “Wicked” y “The Boy from Oz”; elaboró vestidos de noche para bailes inaugurales presidenciales para Nancy Reagan (la segunda inauguración) y Hillary Rodham Clinton (la primera). Actualmente trabaja en 31 trajes para la gira estadounidense de “A Chorus Line”.
“Me quedo pasmada cuando pienso en ello”, dijo Nelson recientemente. En los 68 años que tiene dedicándose a ello, el trabajo no ha cambiado mucho. “Aún no han encontrado la manera para que una máquina lo haga”, expresó Nelson. Todavía tiene que hacerse a mano, cuenta por cuenta.
Muchos de los talleres de vestuario solían tener un personal de bordadoras de cuentas que se sentaban alrededor de sus bastidores en habitaciones grandes mientras chismeaban y discutían. Nelson, quien vive desde fines de los 80 en la casa de su hermana, poco después de que murió su segundo esposo, prefiere trabajar en privado, en compañía sólo de su bastidor y el televisor.
“Había muchas más bordadoras cuando empecé en los 70”, dijo Suzy Benzinger, diseñadora de vestuario para “Movin’ Out”, “Miss Saigon” y otras obras de Broadway. Casi todas han desaparecido ahora y no han sido reemplazadas. “Las jóvenes de hoy en día no quieren hacer eso”, indicó Benzinger. “Requiere demasiada concentración y demasiado mano de obra”.
Nelson tiene a cuatro bordadoras en diferentes partes de Estados Unidos que trabajan para ella; hay un excelente taller de bordado de cuentas en California, y algunas destacadas bordadoras de cuentas en París. Aparte de eso, gran parte del trabajo se hace hoy en día en China o India.
Los atuendos de Broadway tienen que ser elaborados para durar.
Lo que quizá luciría hermoso en un vestido de alta costura podría terminar regando cuentas por todo el escenario tras una semana en Broadway. El trabajo de Nelson es famoso por ser durable.