Inicio - eluniverso.com Noticias del Ecuador y del mundo
DOMINGO | 2 de marzo del 2008 | Guayaquil, Ecuador
 Ediciones Anteriores
  
eluniverso.com Suplementos Especiales Servicios Clasificados
Publicidad
Portada
Política
Economía
Sucesos
Migración
El País
Internacionales
Deportes
El Gran Guayaquil
Vida
En escena
Religiosa y Obituarios
Opiniones
Editorial
Columnistas
Vladdomanía
Cartas al Director
Temas
Fotogalerías
Agropecuario
Cuéntamelo todo
Un día como hoy
El Alquimista
The New York Times
Eloisa dice
Suplementos
Servicios
eluniverso.comReligiosa y obituarios
granguayaquil@eluniverso.com

La razonable obediencia

Imprimir esta noticia Enviar noticia por e-mail

Marzo 02, 2008

P. Luis Martínez de Velasco |

Hoy en la misa, para advertirnos sobre quién nos hace ver las cosas como son, nos contarán la curación de un ciego. Y como nos la narrarán con pelos y señales, trataré de resumirla todo lo posible.

Le preguntan a Jesús por qué un mendigo al que contemplan todos no puede ver desde su nacimiento; que si se debe a que ha pecado él, o a que han pecado sus papás.

Jesús explica que su ceguedad no se debe a un pecado, sino que está al servicio de un divino plan. E inmediatamente cura al ciego de manera inesperada: “Escupió en el suelo –nos dice el evangelio–, hizo lodo con la saliva, aplicó el lodo en sus ojos y le dijo: Anda, lávate en la piscina de Siloé, que significa enviado. Fue, pues, se lavó y volvió con vista”. A su regreso no encontró a Jesús. Pero mientras volvía, borracho de colores y de luces, no pudo menos de anunciar su curación. Con lo cual causó el revuelo de vecinos y de amigos.

Le llevaron a los fariseos. Pero estos cumplidores de la Ley, siendo sábado aquel día, no admitieron ni la rectitud moral del sanador ni la existencia de una verdadera curación.

Llamaron a sus padres para que resolvieran el enigma de su curación. Mas estos, temerosos de que los echaran de la sinagoga, no quisieron dar ninguna explicación.

Nuevamente interrogaron al ex ciego. Y como no lograron que dijera lo que deseaban, lo declararon “empecatado desde el nacimiento”, y lo expulsaron de la sinagoga.

Jesús, después hablar con él y de escuchar que lo reconocía como salvador, les dijo a todos los presentes: “Yo he venido a este mundo para un juicio, para que quienes no ven, vean, y los que ven se vuelvan ciegos”.

Jesús no quiere a nadie ciego. Pero su vida obliga a una postura. De modo que quienes lo acogen gozan de su luz, y quienes lo rechazan se hacen ciegos.

Pero a usted y a mí, que vemos porque Dios nos ama, el milagro nos remueve por la medicina utilizada: una pizca de polvo pisado, otra pizca de saliva de Jesús y el agua de una fuente no cercana. Tres absurdos elementos.

Mas la obediencia del mendigo –que va a lavarse como le han mandado– no es absurda sino razonable. Y por eso el Señor hace el milagro. Para que usted y yo aprendamos que si Dios lo quiere, aquello desproporcionado o hasta absurdo será precisamente lo que nos hará felices.

 


Secciones : Política | Economía | Sucesos | El País | Internacionales | Deportes | El Gran Guayaquil | En escena | Vida
eluniverso.com | Suplementos | Especiales | Servicios


eluniverso.com Noticias del Ecuador y del mundo
Diario El Universo - Av. Domingo Comín y Calle 11 - Guayaquil, Ecuador
Telf.: 593 4 2490000 Fax: 593 4 2492925 P.O. Box: 09 01 0531

Este diario es miembro de AEDEP, SIP, WAN

© Derechos Reservados Compañía Anónima EL UNIVERSO. Todos los Derechos Reservados