Telenovelas. Los estereotipos sobre los roles femeninos, pero también sobre los masculinos se reproducen a través de la TV.
El martes pasado en diversos puntos de España, en una secuencia de sucesos casi simultáneos, cuatro mujeres fueron asesinadas por hombres con los cuales estaban relacionadas sentimentalmente.
La información fue la apertura de todos los noticieros ibéricos de ese día. Una activista habló de que lo sucedido era un “asesinato serial de mujeres”. Los hechos encendieron un vivo debate sobre la violencia en contra de la mujer. Entre las cosas que se dijeron hubo una que me llamó especialmente la atención, planteada en el excelente espacio los ‘Desayunos de RTVE’, conducido por Pepa Bueno. La habitual comentarista Charo Zarzalejos dijo que se debe poner atención en los “culebrones”, especialmente venezolanos, que llenan la programación televisiva porque plantean una imagen de la mujer, sumisa, fulanas cuya única misión en la vida era ponerse regias para colgarse del cuello del galán de turno.
Al principio me pareció una exageración y una visión sesgada de las cosas. Incluso algo xenófoba: resulta que hasta los culebrones sudacas son responsables de la violencia intrafamiliar. Pero... Las opiniones no deben ser desechadas simplemente porque nos chocan.
Deben ser sometidas al examen de los hechos: ¿están sustentadas o no? ¿Los argumentos son lógicos y sólidos? Así que me puse a examinar telenovelas bajo la perspectiva de los estereotipos en los roles masculinos y femeninos. Como es una cuestión fundamentalmente de imagen, realicé un experimento: bajé a cero el audio y solo analicé lo visual. ¿Resultados?
Espeluznante. La primera escena que veo en la telenovela transmitida por Teleamazonas es la de una chica cortando cebollas en una cocina. Arregladita como pa’ ir de boda, como diría Serrat, pero cortando cebollas. Se acerca un sujeto de melena y ropa deportiva e interpela a la mujer. Ella responde sin dejar de cortar las verduras. Él reclama algo, la encara, su mirada se pone violenta en el clímax. Saque sus propias conclusiones. Para mí era exactamente eso: la mujer pela verduras, mientras el hombre la domina...
Cambio a Gamavisión, el canal telenovelero por excelencia. Una mujer vela al lado de la cama de un garañón herido y llega otro señor más galanazo aún. Confronta a la mujer y luego de algunos segundos la sacude violentamente...
Ecuavisa. Promocional de ‘Decisiones’. Un hombre agarra a una chica violentamente en un pasillo o corredor. Luego una chica se desnuda para su amante. Los hombres, viejos y jóvenes, se reúnen en torno a un patriarca de mirada dura...
¿Estereotipos? Creo que Charo se ha quedado corta. Las telenovelas no solo venden estereotipos para mujeres. Sus productos son para hombres y mujeres. Es decir, tanto los hombres que aparecen en las telenovelas, como las mujeres en escena, son caricaturas de sí mismos: estereotipos de la masculinidad y de la feminidad. Unos hombres agresivos, dominantes y violentos. Unas mujeres sumisas, ambiguas –traidoras o castos ángeles–.
¿Nos enseñan esas imágenes lo que es la relación hombre y mujer? Desconfío de las teorías que dicen que el espectador es una especie de caja vacía donde se depositan ideas e ideologías para que esa persona actúe casi como un autómata.
Pero, lo cierto es que la TV muestra una imagen de la mujer. Y una imagen del hombre, absolutamente parcial y desconcertante, lo cual puede distorsionar los referentes que tenemos para manejar los conflictos de pareja.
Manejo de conflicto... ese es el punto. Aprender a manejar la agresividad propia y los malos momentos ajenos es quizás la clave de la convivencia democrática. Sin embargo, en las telenovelas se hace una exaltación de la agresividad masculina, al tiempo que se resaltan las virtudes femeninas de sumisión. Aun en el campo laboral.
Ciertamente hay telenovelas colombianas que se escapan del estereotipo. Creo que ahí está el factor de su éxito. Sin embargo, aun en esas telenovelas el personaje femenino –fuerte y todo– termina por rendirse a la imagen masculina dominante. Sea a través del romance o del mundo laboral.