Solo los extranjeros que disponen de nacionalidad española votarán en las elecciones generales del próximo 9 de marzo. El volumen de inmigrantes influye en la distribución de escaños para el Congreso de Diputados. Aunque la mayoría de los foráneos, que representan el 9,9% de la población total, no sufragan, entre los candidatos el tema de la migración está al mismo nivel que la economía o el terrorismo.
Hay una frase que Esther Jibaja, empleada de una empresa encuestadora en Madrid, no consigue borrar de la memoria: “alguien que va a hacerse una mamografía en Ecuador tiene que pagar el salario de nueve meses, y llega aquí y se la hacen en un cuarto de hora”.
Las palabras las pronunció el secretario de Economía y Empleo del conservador Partido Popular (PP), Miguel Arias Cañete, al defender, en el marco de su programa electoral, la necesidad de crear un contrato de integración para los inmigrantes en España. “Si nosotros también pagamos nuestros impuestos, tenemos todo el derecho de recibir atención en la sanidad pública”, exclama indignada.
Los mensajes lanzados por los principales líderes políticos, de izquierda o de derecha, para movilizar al electorado han situado una vez más a la población extranjera en el centro de sus debates, al mismo nivel que la economía o el terrorismo. Lo paradójico es que de los 4,5 millones de inmigrantes (el 9,9% de la población total), la mayoría no sufraga.
Gracias a sus cotizaciones a la Seguridad Social en 2007 se han pagado las pensiones a 900.000 jubilados, son los responsables, entre el 2000 y el 2005, del 50% del crecimiento del PIB (Producto Interno Bruto) y de que la renta anual de cada ciudadano aumentara en 623 euros ($ 922), pero no pueden votar.
Jibaja, quiteña con pasaporte español, ejercerá por vez primera este derecho el próximo 9 de marzo, en las elecciones generales. En esta ocasión, solo los extranjeros nacionalizados españoles pueden acudir al llamado de las urnas.
Para los comicios municipales como los celebrados en mayo pasado, en cambio, la Ley permite votar a los ciudadanos de la Unión Europea (UE) y de Noruega, estos últimos en virtud de un principio de reciprocidad que estipula la Constitución española. Es decir, alrededor de 1,5 millones de personas comunitarias, que suponen apenas el 32% de los inmigrantes afincados en España.
Según datos del Ministerio de Justicia, entre el 1 de enero de 1990 y el 31 de diciembre del 2007, 62.268 ecuatorianos obtuvieron la nacionalidad española. No resulta posible precisar cuántos constan en el censo electoral porque “esta cifra incluye también a menores de edad”, explican.
Para el guayaquileño José Valiente, la del próximo domingo será la tercera vez que acuda a la celebración de unos comicios para otorgar su voto al Partido Socialista Obrero Español (PSOE). “Aunque en España es voluntario, creo que sufragar es una forma de demostrar que estoy integrado en esta sociedad”, declara el transportista afincado en Terrasa (Cataluña).
Si bien la posibilidad de participar en la vida política se restringe a unos pocos, lo cierto es que el reparto de los 350 escaños en el Congreso de los Diputados se efectúa a partir de los datos que arroja el padrón, donde también constan inscritos, independientemente de su situación administrativa, los inmigrantes que no votan.
Los elevados índices de población extranjera provocaron que provincias como Alicante, Murcia, Almería y Toledo, donde los inmigrantes oscilan entre el 14% y el 21% del registro municipal, elijan un diputado más cada una. Por el contrario, otras como Soria, Vizcaya, Córdoba y Coruña pierden representación en la Cámara Baja.
Esta nueva distribución territorial afecta principalmente a las dos fuerzas políticas, PP y PSOE. No a pequeñas formaciones como el Partido Alianza Iberoamericana Europea (PAIE), que son conscientes de las dificultades de ocupar una curul en el Parlamento.
La agrupación la integran 15 españoles, 12 peruanos, 4 ecuatorianos, 2 dominicanos, 1 argentino y 1 colombiano. Jaime Quintana, quiteño de 46 años, ocupa el cuarto puesto. Regenta una agencia de viajes y le preocupa el crecimiento del desempleo entre los foráneos. La nómina de ecuatorianos se completa con los guayaquileños Ketty Sandoya, Jorge de la Torre y José Miñán Meza.
Mireya Carrión, camarera nacida en Puyo hace 35 años, postuló en mayo del 2007 a un cargo de concejal para el Ayuntamiento de Madrid por el partido Primero Madrid. Le inquieta que se produzca un alto índice de absentismo, de autóctonos y nuevos españoles. “Este país necesita que todos los que podemos demos nuestro voto”, subraya. Su candidato: Mariano Rajoy, del Partido Popular.