Quien se acerca a este pequeño pueblo del sur de Polonia, cercano a la histórica y preciosa Cracovia, no puede dejar de recordar que la infancia del Papa Viajero transcurrió entre estas calles y plazas.
Toda nuestra visita recuerda la historia del más famoso de los vecinos que ha tenido esta localidad, aunque es cierto que en nada se parece la actual Wadowice a la que viera, conociera y por donde jugara el pequeño Karol Wojtyla.
En sus calles
Además de que ha crecido y desarrollado, toda la zona central se ha adecentado gracias a una buena y cuidada labor de restauración. Esto hace que nos encontremos con calles muy limpias, fachadas pintadas de vivos colores y perfectamente preparadas para la visita del viajero y del peregrino. Ese pueblo, que vive de la agricultura y algunas industrias, cuenta ahora con una extraordinaria y nueva fuente de ingresos: el turismo.
Aquí no solo se viene a conocer y saber algo más, como turistas, de Juan Pablo II, sino que son muchas las personas que, con devoción, quieren y desean recordarlo. No es extraño ver multitud de peregrinos de países sudamericanos, italianos, españoles, portugueses e incluso asiáticos entre estas calles. Existen unos programas, preparados con antelación, que siguen la huella polaca de Karol Wojtyla recorriendo, además de Wadowice, la ciudad de Cracovia (donde estudió, fue sacerdote, obispo y cardenal) o la Virgen de Czestochowa, a la que tenía una profunda devoción.
Lo cierto es que nos llevaremos una idea exacta de los lugares más emblemáticos por donde pasó sus primeros años en este pequeño municipio. Fue el 18 de mayo de 1920 el día en que nació en una familia de clase media de profundas y arraigadas tradiciones católicas.
El diseño urbanístico de Wadowice es sencillo. Una gran plaza mayor, donde se encuentra la iglesia de Santa María, es el corazón de la localidad. Es por aquí por donde corre, transcurre y discurre la vida de este municipio.
Esta iglesia, con una gran torre central, será nuestra primera visita. Erigida para la devoción de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, la mayoría de los turistas se acercan a fotografiar la pila bautismal, donde fue bautizado el pequeño Karol. El interior de la iglesia, con varias capillas, es realmente bonito y digno de dedicarle cierto tiempo.
Postres de un Papa
Quien viene a Wadowice es para conocer “in situ”, sin lugar a dudas, algo más de Juan Pablo II. Para ello nada mejor que, a pocos metros, acercarnos a su casa natal (ahora un humilde museo). Aquí, en una serie de habitaciones, algunas más de su casa original según me contaron, se muestra un conjunto de recuerdos de toda su vida (fotografías, ropa, libros, etcétera).
Es hora de hacer un pequeño descanso y acercarnos a cualquiera de las muchas cafeterías y pastelerías existentes y probar las famosas milhojas de crema o milhojas papales. Un dulce, al que era muy aficionado, elaborado con crema y varias capas que le dan un aspecto realmente bueno. Únicamente puedo decir que, quien les escribe, sucumbió a la tentación de repetir este delicioso postre.
Wadowice no se agota, aunque es lo principal, en lo mencionado. Podemos, de tener tiempo, pasearla un poco y descubrir otros lugares de interés. Es el caso del museo de la ciudad, el convento de los carmelitas o el Ayuntamiento.
El mayor recuerdo fotográfico
En la plaza mayor, junto a la fachada de la iglesia de Santa María, se erigió en su recuerdo una preciosa, y muy realista, estatua de Karol Wojtyla con los hábitos papales. De la parte inferior del bácu-lo brota agua.
Todos los que hasta aquí se acercan quieren inmortalizar su estancia fotografiándose. Es un recuerdo indeleble de su paso por el pueblo natal de Juan Pablo II. Como curiosidad, siempre hay flores y velas encendidas a sus pies.