Aquéllos en busca de información sobre la intriga, al estilo Casablanca, que se desenvuelve en Caracas, podrían dirigirse estos días al lobby del Hotel Meliá. Iraníes fatigados por el cambio de horario llegan en el vuelo de Teherán, miembros con boinas rojas de la guardia presidencial de élite se encuentran de pie junto al piano y hombres de negocios de Bielorrusia discuten acuerdos acompañados por vasos de whiskey.
Y, por supuesto, Piedad Córdoba, la senadora colombiana al centro de las negociaciones con el grupo rebelde más importante de Colombia, agrega su presencia a esta escena cuando está en la ciudad. Pocos políticos en la vecina Colombia, y ahora en Venezuela, generan tanta emoción o controversia.
Córdoba cena con las guerrillas y se acomoda sus boinas en la cabeza para tomarse fotos. Va y viene entre Bogotá y Caracas, baila en clubes de salsa, como El Maní es Así, usa turbantes que evocan sus raíces africanas, un raro distintivo en un país como Colombia, donde a menudo se espera que los políticos sean hombres de piel clara y de la clase acomodada.
Además, ha provocado acusaciones de traición en Colombia, al declararse vehementemente partidaria del Presidente Hugo Chávez de Venezuela, en un momento en que Chávez y el Presidente Álvaro Uribe, aliado cercano del gobierno de Bush, se amenazan. El 2 de marzo, Venezuela y Ecuador movilizaron sus tropas a sus fronteras con Colombia, después de que las fuerzas colombianas mataron a un líder de alto rango de las FARC, o Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, en un campamento en la selva ecuatoriana. Las FARC, fundadas en los años 60, es el grupo rebelde más grande de América Latina.
“Supongo que en cierta forma soy singular”, dijo Córdoba, de 53 años, en una entrevista en la terraza del Meliá. “Pero Colombia tendrá que acostumbrarse a mí porque no me voy a ir”.
A mucha gente en Colombia le está tomando tiempo acostumbrarse a esa idea. En enero, sus compañeros de avión tupieron a Córdoba de insultos y amenazas antes de que abordara un vuelo de Bogotá a Caracas. El personal de la aerolínea y los funcionarios de la aduana intervinieron para protegerla de mayor agresión.
“Bueno, es evidente que cuando una persona se expresa contra su país, como lo ha hecho la senadora Piedad Córdoba, naturalmente alguien reaccionará”, dijo Carlos Holguín, Ministro de Justicia de Colombia, después del episodio.
Gran parte de la ira dirigida a Córdoba está relacionada con sus esfuerzos por llegar a una solución negociada para la larga guerra interna de Colombia. Trabaja junto con Chávez para asegurar la liberación de docenas de presos, entre ellos tres contratistas militares estadounidenses, que las FARC tiene cautivos.
Han tenido algo de éxito. En enero, las FARC, que busca la liberación de cientos de sus rebeldes encarcelados, entregaron a Córdoba a dos rehenes importantes en la selva colombiana.
A fines de febrero, liberaron a otros cuatro legisladores, cautivos durante más de seis años, a ella y otros emisarios de Chávez.
Pero el apoyo de Córdoba a la propuesta de Chávez de quitar a las FARC de las listas de terrorismo ha demostrado ser demasiado para muchos colombianos, que están cansados de las tácticas del grupo. En cuatro décadas de guerra, se ha financiado principalmente a través de secuestros y el tráfico de cocaína.
Ernesto Samper, ex Presidente colombiano, dijo que se dio una idea de las emociones que despierta Córdoba, cuando, recientemente, entró a una peluquería en Bogotá donde dos mujeres discutían sobre política. Una de ellas odiaba a Córdoba, dijo Samper, mientras que la otra la adoraba. “Es un error pensar que su trayectoria política ha terminado”, señaló Samper, en una entrevista telefónica.
Así, Córdoba sigue adelante con esta fase nueva. Cuestionada sobre los comentarios en Colombia de que debería simplemente quedarse en Venezuela, Córdoba dijo, con una sonrisa, que no tenía planes de ello. “No es de sorprenderse”, señaló.
“En Colombia, con mi rostro, mi turbante, mis palabras, soy el enemigo público número 1”.