El día después de que terminó su nuevo álbum en Electric Lady Studios, santuario de grabación construido por Jimi Hendrix en Manhattan, Erykah Badu, la cantante multiplatino de rhythm and blues, regresó a su departamento en Brooklyn. En la pequeña cocina se sirvió jugo de granada en un frasco de boca ancha, luego se estiró sobre un colchón en el piso, mientras tocaba en su computadora su nuevo álbum “New AmErykah, Part One (4th World War)” que acaba de ser lanzado por Universal Motown. Después de semanas en el estudio, estaba tan feliz de estar en casa que se negaba a salir.
“Éste es mi museo”, dijo Badu, de 37 años, respecto a su departamento de una recámara en el barrio Fort Greene, en Brooklyn, donde ha vivido de manera intermitente desde que llegó a Nueva York hace once años, de Dallas, Texas, donde creció con el nombre de Erica Wright.
“Desde que he estado en Brooklyn he tenido dos hijos, unos cuantos novios y muchos discos”, continuó. “Todo el que viene pinta en la pared o deja algo. Te adentras en mi mente cuando ves estas cosas”. El pasillo, por ejemplo, está decorado por un anj o cruz ansada, de un metro de alto; creaciones artísticas de su hijo Seven, de diez años, bajo una foto de revista del padre del niño, el rapero André Benjamin de OutKast; cinta amarilla de advertencia; flores disecadas; carteles estilo protesta y una tapa metálica de bote de basura, colgada en la pared como un objeto de arte. (“Me pareció bonita”, dijo).
Tan original como la memorabilia en sus paredes, su primer álbum completo en ocho años es una mezcolanza densa y estilística. A veces eminentemente político y otras intensamente personal, con instrumentación tipo groove de los años 70, el fraseo del hip-hop y una variedad de ritmos y sampleos, es intenso, aunque extraño.
Y aparte de “Honey”, el sencillo alegre y juguetón, es, en su mayoría, poco comercial. En su reseña para The New York Times, Ben Ratliff lo llamó “una inmersión profunda y sombría en su cerebro”.
Pero después de una ausencia tan prolongada, su lanzamiento aún se siente como un acontecimiento de reaparición. Gracias a su personalidad encantadoramente excéntrica de revolucionaria del poder negro- Madre Tierra funky-diosa sexy del neo soul, su voz, su entrega y su belleza sensual, Badu aún es una estrella potencialmente rentable. (El diseñador Tom Ford la nombró recientemente el rostro de su próxima fragancia). Y con las ventas de R&B que el año pasado registraron un retroceso del 18 por ciento, la industria parece estar dispuesta a correr el riesgo con una artista de mentalidad independiente, en especial una con seguidores.
El álbum “New AmErykah” es parte de un torrente creativo que incluye un disco de secuela, que debe salir en el verano estadounidense, y un álbum, no relacionado, estilo retro, “Lowdown Loretta Brown”, programado para el otoño, ambos bajo el sello Universal Motown. Badu también planea iniciar este verano una revista de estilo de vida, The Freaq; el primer ejemplar vendrá con una copia del álbum “New AmErykah: Part Two”. Y su gira comenzará en mayo.
Su álbum de debut, “Baduizm”, lanzado en 1997, vendió casi tres millones de copias, ganó dos Grammys y fue comparado con la música de Billie Holiday, Diana Ross y Chaka Khan. Para cuando su siguiente álbum “Mama’s Gun” salió a la venta, en 2000, se había ganado un título: la reina del neo soul.
Y fue parte de una era de cantautoras de raza negra como Jill Scott, Angie Stone y Macy Gray; entre sus contrapartes masculinos estaban D’Angelo y Maxwell. Al igual que Badu, muchos de ellos lucharon por conservar su ímpetu creativo, que estaba en conflicto con su éxito temprano.
El hecho de padecer de bloqueo del escritor y estar invadida por la falta de confianza en sí misma (“me sentía como un fracaso”, dijo Badu) le dejó un amargo sabor de boca como la reina del neo soul.
Se tomó tiempo para cuidar a sus dos hijos —también tuvo una hija, Puma, de tres años, con el rapero D.O.C.
Mientras tanto, la industria de la música entraba en la era digital, y Badu, que se autodescribe como “una muchacha análoga en un mundo digital” estaba en peligro de quedarse atrás.
Badu dijo que no tuvo un sonido en mente para los discos “New AmErikah”. “Sólo doy mi testimonio”.
Y está segura que sus fans están listos para escucharlo. “Ser humilde es muy del 2007”, dijo, “créanme”.