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Los atracos fracasados son género infalible

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Marzo 09, 2008

Por TERRENCE RAFFERTY

Si va regularmente al cine, es muy probable que haya pasado horas viendo a grupos pequeños de personas en proceso de realizar su único objetivo: robar cosas de bancos, museos de arte, hipódromos, casinos, joyerías de prestigio, autos blindados y trenes.

Desde que la cinta “The Asphalt Jungle” (“Mientras la ciudad duerme”), de John Huston, sentó las bases del género, en 1950, la cinta con tema de robo nunca ha perdido popularidad entre los cinéfilos del mundo entero, por motivos que tienen seguramente que ver con el atractivo universal del dinero malhabido. Pero si bien el sueño del “atraco del siglo” es tal vez lo que llama la atención del público, las cintas de robo clásicas como “The Asphalt Jungle”, “Rififi” (1955), de Jules Dassin, y “Killing” (1956), de Stanley Kubrick, demuestran que la adquisición de dinero fácil puede ser sinónimo de ardua labor.

Ése es, sin duda, el caso de la nueva película de Roger Donaldson, “Bank Job”, basada en un atraco real perpetrado en Londres, en 1971. Y si bien algunos de los ladrones más diligentes del cine logran escapar con su botín, la mayoría de ellos experimenta dificultades tarde o temprano.

Cerca del final de “The Asphalt Jungle”, hay una escena en la que el cerebro de la operación, Doc (Sam Jaffe), herido y huyendo tras el “trabajo”, medita, aturdido: “Dedicas horas y horas a planear, tomas en cuenta hasta el menor detalle y luego, ¿qué pasa?

Las alarmas se activan en todo el lugar sin aparente motivo, una pistola se dispara por iniciativa propia y un hombre resulta muerto”. Y concluye, entre dientes: “Los accidentes imprevistos... ¿Qué se puede hacer contra los accidentes imprevistos?” Ése es un resumen del género.

Las películas de atracos tienen que ver con operación, técnica, mecánica; pero lo que conserva su aspecto humano son los accidentes imprevistos.

Lo que resulta particularmente útil al respecto es que se puede adaptar tanto al drama como a la comedia.

“The Asphalt Jungle” fue trágica, pero rápidamente fue seguida por la hilarante “Lavender Hill Mob” (1951), de Charles Crichton, en la que Alec Guinness y Stanley Holloway roban un cargamento de lingotes de oro que funden y convierten en estatuillas de la Torre Eiffel. Terminan corriendo toda la torre en un intento por evitar que las estatuillas sean vendidas como simples recuerdos a un grupo de escolares.

Y, después de la sombría “Rififi”, con su célebre secuencia silenciosa del atraco (los ladrones franceses son tan serios que no pronuncian la menor palabra durante media hora) y su final brutalmente infeliz, salió la irrisoria “Big Deal on Madonna Street” (1958), de Mario Monicelli, que presenta un atraco muy parecido al de “Rififi”, pero considerablemente menos silencioso: los ladrones riñen continuamente, se toman un descanso para comer espagueti y arruinan el trabajo a grado tal que la caja fuerte permanece intacta y se regresan a casa con las manos vacías.

Recientemente, el género ha tendido hacia la comicidad, y los criminales parecen salirse con la suya con mucha mayor frecuencia. Las cintas de robo del siglo de los últimos años, entre ellas “La estafa maestra” (2003), de F. Gary Gray, y “La gran estafa” (así como “La nueva gran estafa” y “Ahora son trece”), de Steven Soderbergh, han sido inhabitualmente animadas y alegres. La relativa seriedad de “The Bank Job” es una especie de novedad hoy en día, un regreso a los días de gloria de la cinta de atraco, cuando la sustracción de grandes cantidades de efectivo y/o objetos de valor de instituciones fuertemente custodiadas parecía por lo menos un poco peligrosa.

Una de esas cintas de atraco bancario a la antigua es “Violent Saturday” (1955), de Richard Fleischer. Es una labor experta, y su seriedad no acepta la menor duda.

Cuando se estrenó “Violent Saturday”, la cinta de atraco llegaba a su apogeo. El siguiente año, Jean-Pierre Melville, el poeta más fiel al género, hizo su primera contribución con “Bob le Flambeur”.

Melville dirigió varias otras cintas de atraco —“Le Deuxième Souffle” (1966), la magistral “Cercle Rouge” (1970) y “Un Flic” (1972)— pero “Bob le Flambeur” fue la película que abrió al público el género creado por “The Asphalt Jungle”. Cine, robo a gran escala y la vida son empresas bastante peligrosas; a veces el plan funciona, a veces no. El misterio del atractivo de las películas de robo puede ir más allá de eso, pero no es ningún accidente.


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