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El doctorado en cristianismo

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Marzo 09, 2008

P. Luis Martínez de Velasco |
Lázaro de Betania, el hermano de Marta y de María, es el único en la historia que estuvo muerto cuatro días y que llegó a tener su cuerpo putrefacto. Lo atestigua San Juan, en el undécimo capítulo de su evangelio.

Hoy se nos lee en la misa, pero siendo un tanto largo su relato como para escribirle lo que Dios me dice a mí; transcribiré tan solo unas palabras. Algo de lo dicho por Jesús momentos antes de resucitar al muerto.

“Yo soy —le dice a Marta y me lo dice a mí— la Resurrección y la Vida; el que cree en mí, aunque hubiera muerto, vivirá; y todo el que cree en mí no morirá para siempre”.

¡Me dan tanta serenidad estas palabras! Cuando las considero se me alegra el alma. Saboreo la liberación auténtica y definitiva: la del temor a la muerte. Se me aplaca el más agudo de todos los dolores: el de la vida sin sentido.

No digo que me agrade el hecho de morir, ni que desee la muerte.
Porque ese anhelo de dejar el mundo cuanto antes me parece una comodidad grandiosa. Solo digo que el marcharme de este mundo, después de esta promesa de Jesús, no me parece un problema. Tendré que soportar el desgarrón del alma, claro está. Mas esa última prueba, que será mi verdadero doctorado en cristianismo, no tendré que superarla solo. Tendré a mi lado a los mejores abogados: a Jesús, a María y a José; al ángel poderoso de mi guarda; a San Josemaría y a todos los que amé mientras pude amar.

Lo que sí puede llegar a ser mi gran problema es el tiempo que me queda. Porque debo aprovecharlo para amar a Dios y para hacer que los demás sean felices. Y eso exige que me exija.

Lázaro precisamente, el que volvió a vivir después de estar podrido, me ayuda a aprovechar la vida que me queda. Porque habiendo sido rescatado de la muerte, consciente de que su segunda muerte se acercaba, no paró de pregonar lo que Jesús le había hecho. Tanto que no pocos —también lo escribe San Juan, pero un capítulo después— “por su causa se apartaban de los judíos y creían en Jesús”. Lázaro me ayuda a preparar mi doctorado en cristianismo. Me dice que aproveche el tiempo. Que insista en que morir no es un problema con Jesús. Que enseñe a toda hora quién nos da la vida eterna.

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