Los máximos jefes de la guerrilla de Colombia deberían rendirse y llevar a sus hombres a deponer las armas para evitar una vergonzosa derrota militar y la muerte a manos de las Fuerzas Armadas o por una traición de sus secuazes, afirmó el comandante del Ejército.
El general Mario Montoya pidió a los líderes de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) aceptar la mano tendida del Gobierno del presidente Álvaro Uribe para hacer la paz y poner fin a un conflicto interno de más de cuatro décadas que cobra miles de vidas.
"Yo creo que estamos llegando a ese punto de inflexión a ese punto de quiebre, los últimos resultados operacionales, la muerte de Raúl Reyes, la muerte de Iván Ríos, tantos desmovilizados, tantos caídos en combate, tantos fugados, así nos lo muestran", dijo el oficial en una entrevista el sábado en la tarde.
Las FARC sufrieron dos fuertes golpes al perder en menos de una semana a dos de sus máximos líderes, mientras que las Fuerzas Militares intensifican las operaciones contra sus comandantes en todo el país como parte de una ofensiva ordenada por Uribe y respaldada por Estados Unidos.
Inicialmente las Fuerzas Armadas colombianas bombardearon una zona fronteriza de Ecuador, sin autorización del Gobierno de Quito, un ataque dirigido en el que murió Reyes y 23 rebeldes más y que desató una crisis diplomática en la se involucraron Venezuela y Nicaragua.
Mientras los presidentes de los cuatro países implicados en la crisis hacían las paces el viernes en República Dominicana, durante la Cumbre del Grupo de Río, se dio a conocer la muerte de Ríos, el integrante más joven del secretariado de 7 miembros de las FARC, el máximo órgano de dirección política y militar de esa guerrilla.
Ríos pereció a manos de su hombre de confianza, quien cansado de los sufrimientos en la guerrilla, de la presión del Ejército y alentado por una recompensa de 2,6 millones de dólares, tomó la decisión de darle muerte.
"Las FARC perdieron definitivamente su capacidad militar, el pueblo colombiano no los quiere, han perdido todo el apoyo popular, yo creo que están llegando a ese punto de no retorno y allí es donde en este momento las FARC tienen que tomar una decisión: entregarse, pienso que es el momento", dijo Montoya en un batallón de esta ciudad del centro de Colombia, después de recibir el cadáver de Ríos.
Implosión y traición
El oficial, uno de los máximos estrategas de la lucha contra la guerrilla, anunció una intensificación de las operaciones contra los líderes de las FARC en diferentes regiones montañosas y selváticas de Colombia.
Las FARC, diezmadas por la ofensiva de las Fuerzas Militares, cuentan con menos de 17.000 combatientes y son consideradas por Estados Unidos y la Unión Europea como una organización terrorista que se financia del narcotráfico.
En menos de un año cinco importantes comandantes han muerto en operaciones de las Fuerzas Militares, mientras aumentan las deserciones de combatientes.
Adicionalmente, desde agosto del 2002, cuando asumió el poder Uribe, más de 8.800 combatientes de las FARC han desertado y sólo en los últimos dos años 3.591 perecieron en combates, mientras que 6.850 fueron capturados.
Desde que Uribe asumió el poder y hasta la fecha, 3.247 efectivos de las Fuerzas Armadas han muerto en medio de la lucha contra la guerrilla y más de 9.300 resultaron heridos.
Las FARC pasaron de controlar extensas regiones selváticas y montañosas e importantes carreteras, a un repliegue estratégico.
Montoya reconoció que el apoyo de Estados Unidos y de otros países que no mencionó, así como el de la ciudadanía motivada por las recompensas, han sido factores decisivos en el debilitamiento de la guerrilla.
"Los apoyos de gobiernos extranjeros y de la población civil han sido fundamentales para el desarrollo de nuestras operaciones, especialmente todo lo que tiene que ver con tecnología", aseguró el oficial.
Montoya dijo que además de las Fuerzas Militares la guerrilla empieza a enfrentar la traición como un enemigo interno, una situación sin antecedentes para las FARC que las puede desequilibrar.
Las traiciones y muertes a manos de hombres de confianza golpearon en los últimos años a los escuadrones paramilitares de ultraderecha, y tres de sus máximos dirigentes, incluido Carlos Castaño, cayeron muertos en disputas internas.
"Es lo que yo he denominado la implosión, que es la explosión al interior de ellos. La desconfianza total entre ellos mismos. La muerte de Iván Ríos es un mensaje muy importante al interior de la FARC porque ellos tienen que entender que están rodeados de bandidos a los que enseñaron a matar y ahora esas fieras que crearon se están volteando contra ellos", afirmó Montoya.
"Indiscutiblemente esa es la implosión, ese es el fin del fin y eso es lo que tiene mirar con mucho detenimiento en este momento la gente pensante que aún quede dentro de las FARC", concluyó.