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¿Película de un goleador o un goleador de película?

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Marzo 09, 2008

Jorge Barraza | jbarraza@sinectis.com.ar

Palermo llegó a 181 goles y es el nuevo artillero récord en la historia de Boca. Posee una formidable técnica de remate: con el pie y  la cabeza.

Con Palermo no hay términos medios. Están quienes lo consideran un goleador de raza; y los que asienten: “sí, es de raza, pero equina”.

Estos portan las pancartas del rechazo estético. Son los puristas del juego, los que luego van a jugar el sábado a la vuelta de su casa y se revelan como unos troncos fenomenales. Tampoco hacen anotaciones.
Pero no se ven tan mal a sí mismos.

Es una vieja discusión, planteada por quienes ven en el buen dominio de pelota la única virtud del fútbol. Se puede tener manejo y ser un mal futbolista. Y viceversa. El fútbol tiene cientos de matices.

Con el gol marcado este jueves al Atlas por Copa Libertadores, Martín Palermo llegó a 181 anotaciones y es el nuevo artillero récord en la historia de Boca. Supera por uno a don Panchito Varallo, un viejito simpático que no quería perder su marca, aunque finalmente lo aceptó con humor: “Palermo me pasa a mí, pero mi nieto lo va a pasar a él”.
Varallo, de 98 espléndidos años, es el único sobreviviente de la final del Mundial de 1930. Una reliquia que camina.

Tiene una contra Palermo, es cierto: la nula gracilidad de su cuerpo, esa deuda de armonía en los movimientos que le genera enemigos. Son, sin embargo, los que confunden aparatosidad con torpeza. La altura (1,87) y el peso (85 kilos) le quitan agilidad, dinamismo, flexión, sin embargo, el bombardero platense es un gran astuto del área, un depredador inteligente para moverse en el hábitat más congestionado del fútbol: el punto del penal.

Allí, donde tantos se atascan, donde todos enciman, estorban, pellizcan y agarran, Martín Palermo se encuentra plácido, a gusto. Ahí conduce a 300 kilómetros por hora y disfruta el paisaje.

Allí, su lentitud es rápida y su supuesta impericia factura en la red adversaria. “No tiene técnica, se tropieza con la pelota”, refutan sus detractores. Error monumental; posee una formidable técnica de remate: con el pie y con la cabeza. Un año atrás marcó a Estudiantes un gol de cabeza que habría que pasárselo a los chicos en los colegios: desde el borde del área grande, anticipó y ganó en el salto al marcador, fue bien arriba, trabó con su codo derecho la subida del defensor y aplicó un testazo matador, al segundo palo, bien lejos del alcance del arquero.

Ese gol, como el de Pelé a Italia en la final de México 70, son material didáctico. Una flamante encuesta realizada entre hinchas en www.fifa.com en español coronó al artillero boquense como el mejor cabeceador del mundo. Es difícil adherirse a un rótulo tan fuerte y pomposo, uno no tiene clasificados a todos los futbolistas del orbe; preferimos sostener que es uno de los mejores. Salta bien, tiene un cañón arriba y, cuando impacta la bola, elige dónde ponerla. No cabecea al tuntún.

La misma eficacia de golpe tiene por abajo. Cuando el grandote apoya su pie izquierdo sobre la pelota, esta tiene destino de piolines. Su inclinación del cuerpo es perfecta. Nadie marca 248 goles tropezando con el balón. Aparte, si es tan fácil anularlo, ¿qué están esperando...?

Tiene carrocería pesada Palermo, le cuesta parquearse. Pero sabe usarla a favor y echársela encima a los defensas. Cuando tranca con la derecha para frenar al adversario y darse espacio para el remate de zurda, es difícil moverlo.

Con Palermo no hay grises tampoco en la dicha y en el infortunio. Él puede alcanzar un récord mundial por errar tres penales en un partido de Copa América como darle a Boca Juniors la Copa Intercontinental con dos golazos al Real Madrid. Capaz de anotar 181 goles con la camiseta de Boca (otros tiemblan con esa tela) y también pasar oscuramente por el fútbol español.

“Aquella de Paraguay 99 fue la gran prueba que me dio el fútbol de que un día estás arriba y al siguiente en el piso. Habíamos debutado ante Ecuador, ganamos 3 a 1, marqué dos goles y ya se empezó a decir que iba a ser el goleador, la estrella de la Copa. Al siguiente erré tres penales frente a Colombia….”.

Vida de película. En 1999, la tarde en que sus fans esperaban que anotara el gol número 100 en Primera División, se rompió los ligamentos cruzados… Pero antes de salir del campo le vino una pelota cerca del área y la mandó adentro: hizo el gol 100 en una pierna. En España fue a festejar un gol con los hinchas, quienes de la emoción derribaron el muro divisorio con el campo; el muro cayó sobre su pierna y le fracturó el tobillo.

Vecino ya a los 35 años, cree que por fin le llegó el reconocimiento general. O al menos piensa que los hinchas rivales lo insultan con más cariño. Igual, nunca cambiará: Palermo es un grandote manso y bueno, jamás una declaración altisonante, nunca una actitud soberbia. Él habla en la cancha; y golpea en la red.


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