Dos miembros del Secretariado (cúpula de mando) han caído en una semana. Uno de ellos, Raúl Reyes, era el encargado de los contactos internacionales. A eso se suman las deserciones, bajo financiamiento y pérdida de popularidad. Pero su capacidad militar sigue intacta. La paz en Colombia aún está lejana, dicen analistas.
En Colombia subsiste el miedo a las acciones del grupo guerrillero, que en los últimos años no ha dejado de protagonizar hechos violentos como secuestros y ataques. La gente pide paz.
En menos de una semana las FARC perdieron a dos miembros de su Secretariado (cúpula de mando) y se enfrentan a una de las más severas crisis desde su creación. Uno de ellos, Raúl Reyes, acribillado junto a 23 guerrilleros por fuerzas colombianas en suelo ecuatoriano, era el más visible jefe de los últimos años. Su muerte ocasionó tensión regional que llegó a la OEA y el Grupo de Río.
Las muertes se suman a unas seis mil deserciones, problemas de abastecimiento y financiamiento y rechazo de la comunidad colombiana.
No obstante, analistas creen que el fin está lejos.
El temor se expande. Corre de boca en boca por las calles de Florencia, capital del oriental departamento del Caquetá.
–Ya comienza el paro armado de las FARC y los militares prohibieron la moto con parrillero (acompañante), la venta de cilindros de gas; hay retenes del Ejército por todo lado–, dice el vendedor de Baloto (lotería), un hombre de 42 años.
- Para qué van a traer el cadáver del viejito Raúl Reyes (el número 2 de las FARC acribillado por Colombia en territorio ecuatoriano el 1 de marzo); nos va a dar problemas. Dicen que está lista la guerrilla para quitarles el cuerpo y llevarlo al monte– afirma otro hombre de 50 años que pregunta por el Baloto.
Es el atardecer del miércoles 5 de marzo. Todos se retiran temprano.
Las calles quedan semivacías. La noticia del paro armado (ataques guerrilleros a la infraestructura de servicios y quema de carros que circulan pese a la orden de no hacerlo) ha llegado incluso hasta la zona rural. Y los caquetenses duermen soñando con la violencia, a la que estaban acostumbrados por más de una década. El Caquetá era parte de la zona de despeje para los diálogos de paz, de 1999 al 2002. Ahí, las reglas las imponía la guerrilla; ahí descansaba, se divertía, negociaba la droga, reclutaba más hombres.
Ya el jueves 6, el temor y las amenazas se quedan dormidos. Las carreteras siguen expeditas, protegidas –eso sí– por cientos de militares. Las FARC no cumplen con su amenaza. Están aparentemente golpeadas por la muerte de su líder, surgido como tal en suelo caquetense. Ese día reciben otro golpe: la muerte de Iván Ríos, miembro del Secretariado (cúpula de mando), asesinado por sus propios compañeros desesperados por falta de alimentos y la presión militar.
La caída de Reyes puso en riesgo la paz en la región, pues Ecuador rompió relaciones diplomáticas con Colombia por la violación de su territorio cuando sus fuerzas militares ingresaron al país para atacar a Reyes y a 23 guerrilleros. Venezuela y Nicaragua también rompieron con Colombia por este tema.
“Las FARC viven un momento muy difícil porque es la primera vez que se debilita de esta manera. Por primera vez en su historia de casi 50 años pierde a un miembro del Secretariado y lo que es peor, al más importante de sus dirigentes”, dice Alfredo Rangel, director de la Fundación Seguridad y Democracia, con sede en Bogotá.
Refiere que el grupo, señalado por Estados Unidos y la Unión Europea como terrorista, desde su creación ha crecido en hombres, en armas, en presencia nacional; ha incrementado sus recursos económicos y su capacidad operacional. Pero en estos momentos decae.
Cuando se rompieron los diálogos de paz con el gobierno de Andrés Pastrana, el 22 de enero del 2002, se estimaba que el grupo tenía 18 mil hombres. Ahora, las fuerzas militares colombianas citan que hay seis mil desertores. “Por primera vez disminuyen; pasaron de 400 a 900 en los primeros 20 años (desde su creación al mando de Manuel Marulanda, Tirofijo, en la década del sesenta); llegan a 18 mil en los siguientes 20 años y ahora bajan a unos 12 mil”, afirma Rangel. El Ejército regular subió, en cambio, de 120 mil a 180 mil miembros en cinco años.
La baja de elementos se comprueba en un informe que Édgar Tovar, uno de los jefes del Frente 48, le envía a Raúl Reyes el 16 de febrero y que hoy está en poder del Ejército colombiano y que, según su gobierno, contenían dos computadores incautados luego del ataque a Reyes.
“Camarada Raúl... Seguidamente le comento. 1. Novedades del Frente 48, la muerte de Éver Colorado cuando tropas asaltaron una unidad... La deserción de dos muchachos nuevos por los lados del camarada Benítez. Por los lados de Teteyé desertó Mileidy. Por lados Édgar desertaron dos nuevos. Por los lados de John Freddy en combates murieron Eliana, Arnoldo...”.
Las FARC tendrían problemas de financiamiento. Según informes militares y de la Fundación Seguridad y Democracia, el 60% de los ingresos proviene del narcotráfico y el 40% de los secuestros y extorsiones. En el 2002, la guerrilla realizó 900 secuestros con fines de extorsión, el año pasado hizo 150. “Esa es una disminución de ingresos, porque ha perdido presencia amenazante y ya no extorsiona”, señala Rangel.
En Florencia, esa percepción la tiene Pablo, dueño de una joyería: “A cualquier hora venían los milicianos. Parqueaban el carro en la puerta de la joyería y uno bajaba y pedía se le atienda. Decía: manda el comandante tal que le dé tantos millones de pesos, y había que darles.
Ahora como hay harta seguridad ya no vienen y lo poco que logran es en las zonas rurales”.
John Torres, editor de Justicia del diario El Tiempo de Bogotá, considera que las FARC se enfrentan al salto tecnológico de las fuerzas regulares. “Ahora el Ejército tiene mayor capacidad de movilidad. La guerrilla posee capacidad de hacer daño, pero no puede. En el campo militar está muy golpeada porque ha perdido su estratégica retaguardia, se les ha ubicado hasta sus zonas de descanso”, señala Torres, quien afirma que el golpe más duro de la guerrilla fue hace diez años, con la toma de Mitú, capital departamental.
Hoy el Ejército posee al menos 35 helicópteros ultramodernos de combate y hasta con visores nocturnos. Aquellos se usaron para el ataque a Reyes en suelo ecuatoriano.
Frente a esa presión militar, las FARC se han replegado a las fronteras con Venezuela y Ecuador, países a los que Colombia acusa de ser muy blandos en el apoyo a su lucha armada. El senador colombiano Germán Vargas Lleras denuncia que en este momento hay catorce campamentos guerrilleros en suelo venezolano. El gobierno de ese país lo niega. En el 2007, Ecuador destruyó 17 bases abandonadas en zonas de frontera.
Uno de los problemas visibles que también enfrentan las FARC es el rechazo interno a sus acciones, que según encuestas alcanza el 98%.
No obstante, las FARC siguen manteniendo su capacidad militar y tienen un botín político importante: los casi 600 secuestrados, entre ellos la ex candidata presidencial Ingrid Betancourt, tres estadounidenses, políticos y militares colombianos, y a quienes desea canjear por al menos 500 guerrilleros presos.
La negociación para su liberación involucra a gobiernos de Francia, Venezuela y Ecuador. Y eso mantiene activo el nombre de las FARC a nivel mundial.
“Hoy en día siguen pensando en fines políticos, piensan en que pueden tomarse el poder o participar en política nacional”, dice María Teresa Ronderos, editora de la versión digital de la revista Semana.
La gente común, sobre todo, aspira a la paz. Eso pide Jair Díaz Díaz, presidente del municipio de El Doncello, a 90 km de Florencia, (que ha sufrido al menos diez tomas hasta el 2003). Él perdió a un hermano por el conflicto armado. “Quedan historias de muerte en nuestras mentes. El impacto queda, pero queremos salir adelante porque somos un país rico”, dice.
Sin embargo, los golpes a las FARC de los últimos días no hacen prever un fin del conflicto. Eso lo estiman Rangel, Torres y Ronderos, quien afirma: “Por ahora no hay final, sobre todo, porque la postura del presidente Uribe no es nada conciliadora; está más definido que nunca a eliminar físicamente hasta la última persona de las FARC”.