Una empresa no es un ente abstracto, sino que tiene un rostro concreto, una identidad definida y valores que la orientan. Las personas que trabajan en ella son el principio vital del cual se nutre la institución. Sin embargo, existe una cierta “ceguera empresarial” para darse cuenta de que las personas constituyen el bien más preciado de la institución.
Más allá del aporte económico, las personas esperan mucho más de la empresa a la cual pertenecen. Existe frustración por parte de los trabajadores al no ser valorados de manera integral. He escuchado con frecuencia frases como: “No valoran mi trabajo”, “Estoy cansado que me traten mal”, “Acá no tengo oportunidades de desarrollarme”, “Lo que yo piense no interesa”.
Este malestar está en el ambiente como un “virus laboral” que se difunde si no es diagnosticado y resuelto de manera oportuna, generando una alta rotación en el personal y la fragmentación entre los diversos departamentos, que en vez de funcionar como un cuerpo, terminan compitiendo o empujando hacia intereses particulares, y no del bien común.
En muchas empresas que hemos asesorado un alto porcentaje de los trabajadores ha pensado en renunciar ya sea por el trato que recibían de sus jefes o porque no tenían proyección al interior de la institución.
Es responsabilidad de la jefatura cuando un trabajador valioso decide irse por no encontrar las oportunidades y el desarrollo que espera. Dado el alto nivel de competitividad o incertidumbre en el mercado, parece haber otras “prioridades” que atender, descuidando quizá la más importante: el desarrollo del personal.
La “ceguera” en estos casos se da cuando no me doy cuenta del valor de la persona que trabaja en la empresa o cuando se cree que el problema a resolver está siempre en el otro. Otra de las razones por las que se trunca el proceso de desarrollo de las personas es el temor a que otras me “superen” y terminen ocupando mi puesto.
En estos casos cada uno quiere brillar con luz propia, a veces a costa de los demás, generando un ambiente negativo y de desconfianza al interior de la empresa.
El tema del desarrollo humano es una de las estrategias que la gerencia necesita enfatizar para poder contar con trabajadores motivados e identificados con la empresa.
Las instituciones que perduren en el tiempo serán las que pongan una base sólida en su personal con adecuadas políticas y procesos de capacitación; las que sean capaces de derribar el muro que se interpone entre dirigentes y dirigidos; las que permitan a los trabajadores expresar sus ideas y ser parte de la solución de los problemas; y las que sepan promover de manera integral a las personas en los diversos aspectos de su vida. Un ciego no puede guiar a otro ciego. Seamos luz en la empresa empezando por ser luz en la propia vida.
Carlos Muñoz es laico consagrado del Sodalicio de Vida Cristiana, presidente de la fundación Acción Solidaria y promotor del grupo consultor empresarial Humane.