La Revista - Logo
Edición del DOMINGO 9 de Marzo del 2008 EL UNIVERSO inicio e-mail
::::::::: M E N Ú ::::::::::
    Portada
    Teatro
    El Tema
    Piqueo de la semana
    Consultorio
    Lo Nuevo
    Dr. Tecno
    Alma En El Trabajo
    Gente de cine
    Cuerpo y Alma
    Destino
    Moda
    Perfiles
    Cine
    El Aguacate
    Desde las encantadas
    Libros
    Salud
    Vivienda
    Gastronomía
    Cocina de Patricia
El Tema 
Cuando fallan padres y maestros
ampliar imagen ampliar imagen

Imprimir esta noticia Enviar noticia por e-mail
Relacionados
Padres

Una clasificación realizada por especialistas muestra las características de los progenitores y docentes que no cumplen sus roles. Entre las figuras más comunes aparecen los padres ausentes y los profesores sin entusiasmo.


Los padres transmiten valores, normas, actitudes y modelos de comportamiento; los maestros, conocimientos. La negligencia en estos roles trascendentales en la educación de un niño se manifiesta en formas específicas, según un estudio publicado en el diario argentino La Prensa.

Si bien el descuido en el papel del progenitor será siempre el más grave, esto no resta importancia ni responsabilidad al rol crucial que desempeñan los docentes.

El siguiente es un catálogo especializado que describe distintos tipos de padres y profesores a partir de las insuficiencias y desequilibrios que su conducta establece en la crianza de los chicos.


Docentes

El acosador

Amargado y resentido, esta clase de profesores no sabe sino descargar su frustración sobre los alumnos, desestimando sus iniciativas y criticando su desempeño. Es tan orgulloso como incompetente, tan cínico como obtuso; el problema es que puede destruir la autoestima y el rendimiento de los chicos más vulnerables.

El impotente
Los años han socavado su entusiasmo y empatía, al punto que se encuentra definitivamente separado de sus alumnos. Se limita a exponer lo que sabe sin fomentar el debate ni el pensamiento, llenando el pizarrón de apuntes mientras da la espalda al curso. Sus exiguos brotes de simpatía son torpes y subestiman a sus destinatarios.

El cansino
Docto en su materia, erudito y minucioso, es sin embargo inepto a la hora de dar clase. Expone con un discurso monótono e interminable, sin inflexiones ni acentos; sus palabras de cloroformo sumen a la clase en un sopor invencible que diluye todo interés y motivación.

El robot
Circunspecto, glacial y remoto. Su relación con los alumnos se reduce a lo estrictamente académico, sin resquicio para la complicidad o el afecto. Su seriedad inspira un respeto pavoroso, pero puede resultar alienante.

El simpático
Su estrategia es honesta y tonta: apuesta a una simpatía universal que solo encuentra el abuso y la mofa. Procura ganarse la amistad de todos con su candidez y entusiasmo, pero resulta así incapaz de imponer orden o respeto. En sus clases estallan el relajo y la desobediencia.

El ‘pedabobo’ y la ‘pedaboba’
Se dedican a concebir propuestas didácticas tan imaginativas como inútiles. Proponen reformas ociosas, disciplinas confusas, métodos contraproducentes. Procuran mejorar la enseñanza pero solo logran entorpecer la labor docente.

El zombi
En algún punto de su carrera su motivación desapareció y desde entonces solo repite su ya arcaica rutina, como un reloj que suena sus campanas en una casa abandonada. Vive en un tiempo separado y quieto, ajeno al movimiento del mundo y a la vida de sus alumnos.


© Derechos Reservados 2004 Compañía Anónima EL UNIVERSO. Todos los Derechos Reservados