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Edición del DOMINGO 9 de Marzo del 2008 EL UNIVERSO inicio e-mail
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El Tema 
Cultura general, base para la enseñanza
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Texto: Katherine Villavicencio

La facilidad de acceso a la información en páginas de internet y programas televisivos contribuyen a la formación de los jóvenes. Pero no todos utilizan las herramientas como un mecanismo educativo. Los maestros deben propiciar el cambio.


De la biblioteca al ciberespacio. De las enciclopedias a los sitios webs, blogs, programas y documentales. El acceso a la información cambió de escenarios y  se volvió de alcance masivo con solo hacer un clic. Pero, ¿ayudó a la educación de los jóvenes y a enriquecer su cultura general?

La respuesta tiene percepciones diferentes para los maestros, pero una coincidencia clara: la cultura  sigue siendo escasa entre los estudiantes de colegio.

“Alguna vez me sorprendí porque mi hija siendo una excelente estudiante no sabía, por ejemplo, quién era Pinochet (Augusto, ex dictador chileno). O mi otra hija que también era una excelente estudiante no conocía la cultura Valdivia”. Lo dice la misma subsecretaria de Educación del Litoral, Mónica Franco, quien reconoce fallas en el sistema educativo y una carencia de cultura general en los estudiantes.

El problema, indica ella, se presenta tanto en colegios fiscales como particulares y está ligado a una inadecuada aplicación de la malla curricular en los niveles educativos o a los intereses que se promueven para niños y adolescentes en la época actual (los temas de antes no tienen el mismo interés ahora).

“Cuando en el aula no se desarrollan las actividades pedagógicas y de metodología que lleven a que esos conocimientos sean descubiertos y construidos por el estudiante desde su propia y particular experiencia aparece desfortalecida la cultura general en los jóvenes y adolescentes”.

Se refiere a esa búsqueda  constante de información que debe propiciarse desde los maestros hacia los alumnos porque los conocimientos impartidos muchas veces no trascienden del salón de clases.

“A los jóvenes de hoy parecería no interesarles el lograr un amplio conocimiento de lo pasado o presente si esto no concita  poderosamente su atención”, reconoce la educadora Hipatia Paladines de Chavarría, directora general del colegio Urdesa School.

Ello explica que aunque en las casas y en los centros educativos existe internet a disposición de los jóvenes, el famoso buscador Google o sus similares no siempre son empleados para investigar.

Daniela, una joven universitaria de 21 años, lo sabe bien. La internet es su principal instrumento de consulta en su carrera de gestión empresarial. Le sirve para conocer sobre franquicias, los movimientos de exportaciones e importaciones del país, pero también para chatear y estar al día con los amigos.

Así, como en un mismo día la web le ayuda a conocer sobre la Crisis de los Misiles y sus repercusiones, porque fue una tarea encomendada por el profesor,   se entera de quién fue la última persona en chequear su página de hi5.

Ella reconoce que la búsqueda de temas de historia mundial o interés nacional no se dan por iniciativa propia sino por deberes o inquietudes que surgen a partir de estos.

El francés  Jacques Delors, quien presidió la Comisión Internacional sobre la Educación para el siglo XXI, ya anticipaba en 1996 –en su informe  La Educación encierra un tesoro, presentado ante la Unesco– lo que esta época traería para la enseñanza: “Ofrecerá recursos sin precedentes tanto a la circulación y al almacenamiento de informaciones como a la comunicación. Pero planteará una doble exigencia a la educación que, a primera vista, puede parecer casi contradictoria”.

La primera es que para el siglo XXI la educación debe transmitir, masivamente, un volumen cada vez mayor de conocimientos porque –explica el autor– son las bases de las competencias del futuro. Sin embargo, también “deberá hallar y definir orientaciones que permitan no dejarse sumergir por las corrientes de informaciones más o menos efímeras que invaden los espacios públicos y privados”.

Carlos Camacho, maestro secundario y universitario, considera que no se enseña a los niños la manera más beneficiosa de utilizar las herramientas de estudio sino que muchas veces ellos y sus padres toman, por ejemplo, la internet como un entretenimiento.

“Algunos estudiantes, incluso de niveles superiores, recurren a este apoyo universal para evitar la lectura de los libros y convertir en verdad aquella frase del copia y pega, con que salen de aprietos académicos”, indica el educador.

El sistema educativo, muchas veces limitado a las materias establecidas en el pénsum, también ha incidido en el problema. En España recientemente se abrió el debate sobre el tema. Los profesores atribuyeron al modelo aplicado la falta de cultura general de los alumnos, pese a que cuentan con mayores medios y es una generación más competitiva, que viaja más y es más abierta.

Aprender a aprender
La educación ecuatoriana no es la excepción. Milton Luna, director del Contrato Social por la Educación, menciona que en el sistema actual se ha deteriorado la enseñanza en aspectos clave como las ciencias sociales y el conocimiento de la historia, pero entendida con un nuevo concepto que deja de lado lo memorístico.

“Hay que conectar los conocimientos generales al desarrollo del pensamiento y a la formación ética y moral de las personas. Hay que apuntar a una formación integral y esta no se da en el actual sistema educativo”, dice él.

Carlos Camacho comparte esta postura. Afirma que la cultura –salvo raras excepciones– está ausente del proceso de enseñanza porque algunos maestros fueron introducidos en el sistema por compromisos políticos y porque los distintos niveles de la instrucción no contemplan esa formación total del individuo. “A lo mucho, se satisfacen con acomodar informaciones de ciertas ciencias para dar una apariencia de conocimiento”.

Lo ideal es que los jóvenes alcancen un manejo de los temas generales, pero al mismo tiempo adquieran las destrezas suficientes que le permitan buscar, comprender y formar su propio criterio.

Y en ello el conocimiento de métodos de pedagogía por parte del maestro es básico. Mónica Franco menciona uno clave: que el alumno aprenda a aprender.

Es que la información dejó de ser un tesoro guardado solo en bibliotecas de la ciudad. Es parte de la vida cotidiana. Está en la internet, en revistas, periódicos, la televisión, el cine... y lo que se requiere, coinciden los educadores, es fortalecer los instrumentos del desarrollo del pensamiento y de apropiación de la información.

“Los jóvenes requieren conocimientos amplios, pero habilidades generales que le permitan manejar aspectos básicos del desarrollo de la lógica, la capacidad de analizar y sintetizar”, opina Luna.

Aprender a aprender es uno de los cuatro pilares de la educación que Jacques Delors plantea en su informe y es el factor que durante años ha marcado esa diferencia entre un estudiante y otro, entre un buen y mal profesional.

“Una de las fortalezas de una universidad, no es que la universidad me lo dé todo, lo importante es que me dé herramientas para que yo pueda buscar la información, apropiarme de la información y reelaborar a partir de ellas otras propuestas”, opina Franco.

Carmelina Villegas, rectora del  Instituto Tecnológico Guayaquil, dice que los jóvenes de hoy son cada vez más cuestionadores con los maestros porque quieren saber por qué y para qué les sirve lo que están aprendiendo. “Queremos alumnos que sepan cuestionar porque eso obliga al maestro a averigurar, consultar y orientar”.

Ella cree que el profesor es un guía y como tal debe despertar el interés de buscar información y de investigar desde el aula. Y para ello tiene que buscar técnicas que acerquen a los jóvenes a su historia, a sus orígenes y tradiciones y a los hechos del mundo, como visitas a sitios de trascendencia, museos, etcétera.

Hipatia Paladines respalda ese criterio y asume –además– otras responsabilidades. “Nos corresponde a nosotros los educadores insistir en el tema, demostrándoles que para quien tiene una mejor y amplia información las posibilidades de éxito en la vida son mayores y que el uso de la internet le signifique una herramienta competitiva de investigación”.

Maestros más preparados
Sin embargo, los maestros ecuatorianos enfrentan el reto con deficiencias en su instrucción porque tuvieron esas mismas deficiencias cuando pasaron por las aulas.

Los resultados de las pruebas que el Ministerio de Educación tomó a los maestros para ocupar nuevas partidas da una pista del problema. Solo 1.561 de un total de 17.877 profesores aspirantes al magisterio del régimen Costa alcanzaron el puntaje mínimo de 60 sobre 100 requerido para aprobar los exámenes.

“Eso demuestra que la formación en institutos y universidades es deficiente, no está adaptada a las necesidades de la educación y del país”, considera Milton Luna.

Y por ese efecto las deficiencias en el salón se replican también en el sistema educativo y en los futuros profesionales.

Mónica Franco reconoce que la calidad educativa debe mejorar y para ello se trabaja en  aristas tan diversas, como el mejoramiento de infraestructura, la entrega de textos educativos y el proceso de capacitación para los docentes.

“Queremos que un curso de capacitación no sea solo un cartón para que el profesor suba de categoría, como se ha manejado hasta el momento”, dice ella.

El propósito es que el maestro no solo sea parte de esa difusión de cultura general en los jóvenes sino que también esté inmerso en ella, con las nuevas herramientas tecnológicas, que se han convertido en elementos clave para la actualización infinita de temas y consultas rápidas.

Y dentro de esas herramientas internet es hoy por hoy un instrumento indispensable para la educación y el conocimiento de la cultura general en los estudiantes, concuerdan los maestros, pero debe ser bien orientada.

¿De qué manera propiciarlo? La cosecha es de largo aliento, asegura Carlos Camacho, porque para iniciar la siembra en los jóvenes hay que comenzar en los docentes que  en ciertas ocasiones desconocen, por ejemplo, “hasta dónde puede llegar la utilidad de navegar serena y sabiamente por internet”.

Los chicos de hoy suelen adentrarse con mayor facilidad que sus profesores y padres en el manejo de la tecnología y esto también puede llegar a producir un distanciamiento de la escuela y del método de aprendizaje empleado.

Se requiere entonces que los profesores sean debidamente asistidos y posean una computadora no como reemplazo de aquella máquina eléctrica sino como un medio eficaz de conocimiento. “Ese maestro podrá diariamente trabajar y hacer que el estudiante arribe a sus propias conclusiones luego de llevar a efecto una detenida investigación”, indica Camacho.

La Subsecretaria de Educación cree en ese método y en  la apertura de la internet frente a una sociedad  globalizada, donde la información recorre el mundo y  se genera a cada minuto, siempre que las investigaciones no terminen en un copy (copia)-page (pega).

El proceso de aprendizaje es permanente, señalan los profesores, y no termina con el colegio,  la universidad o al llegar a un puesto de trabajo.  La búsqueda de información y el conocimiento tampoco. Por eso la cultura general es clave en la formación de alumnos y profesionales y marca la diferencia entre el desenvolvimiento de un individuo y otro.

Hipatia Paladines lo deja claro: “No podemos hablar de educación si esta no tiene como componente la cultura general, que le permite al individuo adentrarse en todo lo que le ocurre en su entorno para tener así un enfoque social, económico, político y espiritual”.


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