Uno llega virginalmente a este caluroso puerto caribeño y lo primero que nos impresiona es la sinuosidad de unas playas pequeñas pero muy blancas y limpias que bordean la ciudad vieja, y también los modernos y altísimos hoteles que están regados por toda la urbe. Nuestro destino inmediato fue el hotel Caribe, donde están las oficinas del festival y donde todo el mundo se encuentra.
Mi primer tropezón fue inigualable: la dama gringa, rubia, setentona y en jeans, lucía un poco extraviada y llevaba en sus brazos una perrita salchicha de la tercera edad. Siendo el orgulloso papá de una, el abordaje fue inmediato. “Ella se llama Maxie” me dijo. “Yo escribí un libro sobre ella: Madison Avenue Maxie. Nunca me despego de ella, ni tampoco mi marido. Él es Ben Gazzara, ¿lo conoce?”.
A Gazzara –un ícono de la TV y protagonista de algunas películas– lo vimos días después en pantalla en Buscando a Palladin y en uno de los episodios de París, te amo, la sublime evocación que varios directores famosos hacen a la Ciudad Luz. Pero Cartagena no es la marquesina precisa para descubrir las grandes obras del cine norteamericano o europeo. Aquí se concentra un despliegue pirotécnico de un cine de habla hispana que recopila demostraciones de casi toda América Latina y España.
Ecuador tiene aquí a sus embajadores, Tania Hermida con su conocida Que tan lejos y Víctor Arregui con Cuando me toque a mí. Ambas están en la competencia y si tengo que atestiguar la respuesta de los periodistas en la rueda de prensa de Tania, fue unánimemente positiva. Ya veremos a Arregui mañana, porque esta columna se escribió el miércoles.
Fuera de competencia hay descubrimientos igualmente relevantes. My Blueberry Nights, de Wong Kar Wai, es su primera película en EE.UU. con un reparto de luminarias muy in: la cantante Norah Jones, Jude Law y Natalie Portman. La cinta es otra demostración del prodigioso talento visual de este gran director para contar historias románticas sumergidas en torbellinos de melancólicos encuentros y desencuentros, enmarcados ahora en una extraordinaria banda sonora repleta de blues en las voces de Jones y otros.
Pero si se trata de hablar de vanguardias, creo que nadie iguala a Luz silenciosa, del director mexicano Carlos Reygadas, realizada en una extraña comunidad de menonitas al norte de México, con actores no profesionales.
Es imposible equiparar la obra de este director a nada que suceda actualmente en el cine moderno: una fotografía bellísima que lo registra todo lentamente, sonidos, silencios, reflejos de imágenes y luces donde se integran seres vivos y la naturaleza, donde los protagonistas parecen tener la misma vida propia que las paredes que los encierran. Y hay una escena casi al final tan grandiosa como inesperada: la resolución de un triángulo amoroso en el velatorio de la esposa fallecida donde el beso de la otra conmociona la vida y la muerte.
A pesar de su eterno verano y sus playas soleadas, el Festival de Cine de Cartagena no es un evento de starlets y alfombras rojas. En este clima tropicalísimo, las sandalias y camisetas son de rigor en todas las funciones y Víctor Nieto, su fundador y actual director desde hace 48 años, tiene la misma misión de sus inicios, establecer a Cartagena de Indias en un centro turístico de primera línea, donde el sitio sea una atractiva alternativa turística y cultural, porque para eso está la esplendorosa restauración de sus antiguos barrios... y su festival.