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Atacan consumo de alcohol para combatir corrupción china

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Un policía hace la prueba del alcoholímetro bajo la mirada de Li Bin, que dirige una campaña anti alcohol en el trabajo.
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Marzo 16, 2008

Por JIM YARDLEY | XINYANG, China

Li Bin, jubilado que realizaba una encomienda especial para el jefe del Partido Comunista de esta ciudad, caminó a zancadas por un pasillo vacío del Tribunal Medio de Xinyang, en busca de burócratas. Probó las perillas de puertas cerradas con llave e irrumpió en oficinas sin tocar. Un funcionario del tribunal se retiró aterrado y con el rostro enrojecido.

“Sople”, ordenó uno de los jóvenes subordinados de Li unos minutos más tarde, al tiempo que presionó un monitor de alcohol contra los labios de un nervioso funcionario del Partido Comunista.

El blanco del reciente operativo de Li a mediados de esa tarde no eran solamente miembros ebrios, sino el ritual que muchos funcionarios del Partido Comunista tienen años de considerar parte de la descripción de su puesto: el banquete de mediodía empapado en alcohol, de horas de duración (usualmente pagado con dinero público). Durante el pasado año, Li y otros investigadores han irrumpido en oficinas gubernamentales en esta sucia ciudad, de siete millones de habitantes, para pescar a los servidores públicos en el acto de ingerir la merienda líquida. Un infractor fue despedido en el momento.

En vista de que Beijing intenta frenar la corrupción oficial, la campaña en Xinyang, en la Provincia de Henan, podría parecer un interludio cómico.

Pero el hastío público con el privilegio oficial es tan palpable que la campaña ha atraído atención nacional, engendrado imitadores en otras ciudades y ofrecido un indicio intrigante de cuánto se beneficia la industria del alcohol de China con la sed de los funcionarios del Partido Comunista.

Wang Tie, jefe del Partido Comunista en Xinyang y arquitecto de la campaña, calculó que la política le ahorró a su gobierno casi seis millones de dólares en seis meses. Los restaurantes locales han reportado caídas marcadas en sus ganancias. El mes pasado, la Asociación de la Industria de Bebidas Alcohólicas de Henan, grupo de la industria alarmado por perder a sus mejores clientes, cuestionó la política por ser una violación de los derechos legales de los servidores públicos.

“La Ley de Servidores Públicos del país no requiere que los burócratas se abstengan de beber durante su hora de comida”, argumentó Kang Yinzhong, abogado del grupo de la industria, según medios estatales.

“El poder público no tiene base legal para interferir en la vida de un o una burócrata si él o ella no echa a perder su trabajo de la tarde”.

El consumo ritualizado del alcohol está profundamente arraigado en la cultura empresarial de China. Los restaurantes usualmente ofrecen salas de banquete privadas. En las mesas, a menudo se colocan vasos específicos para cerveza, vino o baijiu, un fuerte licor chino.

Un banquete es considerado un ejercicio obligatorio para darles la bienvenida a invitados que se encuentran allí por asuntos oficiales. Los anfitriones perderán prestigio si se percibe que un invitado se siente incómodo o no se está divirtiendo. Con esta misma lógica, una manera de asegurar buenos sentimientos y construir afinidad es que todo mundo beba.

Wang cree que su campaña liberará a los funcionarios gubernamentales de expectativas culturales indeseadas. Comentó que muchos burócratas consideran como una obligación onerosa el tener que tomar a la hora de la comida.

“Mucha gente está de acuerdo con la decisión”, dijo un funcionario de la ciudad. “Se sentía obligada a tomar en estas comidas. Si no lo hacía, se le podría acusar de no tratar a sus invitados con calidez”.


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