Howard y Lizzie Sherman, de quince y 9 años, saben que tienen que terminar todas sus tareas escolares y deberes domésticos para recibir su mesada. La cantidad puede ser un poco menos de lo normal si se han portado mal, o un poco más si han hecho algún trabajo extra en la casa.
Cuando los niños quieren gastar su mesada, no van al centro comercial. Encienden la computadora o el televisor de la familia, porque en casa de los Sherman existe una economía paralela, con una moneda conocida como “tiempo de pantalla”.
El tiempo de pantalla se puede gastar en juegos computacionales, ver televisión o películas o, en el caso de los niños de más edad, visitar sitios de redes sociales como MySpace o intercambiar mensajes instantáneos con sus amigos.
Esta nueva moneda, empleada en muchos hogares, funciona como mesada porque el tiempo de pantalla es altamente valorado por los niños y adolescentes, y por lo general los padres lo restringen.
Quizá sean de la opinión que sus hijos se beneficiarían más de leer un libro, jugar afuera o hablar directamente con otra persona, de acuerdo con Richard N. Bromfield, psicólogo parte del staff de la Escuela de Medicina de Harvard. Pero en la mayoría de los casos, el tiempo de pantalla, con moderación, se considera aceptable.
Las familias asignan la nueva moneda de varias maneras. Algunas hacen que sus hijos lleven un diario del tiempo utilizado, o hacen que lo “gasten” de un paquete de “boletos” de 30 minutos.
Para los padres que no quieren hacer ellos mismos el seguimiento, hay dispositivos que apagan el televisor o la computadora automáticamente cuando el usuario ha llegado a un límite de tiempo. Algunas familias conceden tiempo extra de pantalla en base a cuánto lee o practica el piano el niño, por ejemplo. La Academia Estadounidense de Pediatría recomienda no más de dos horas de pantalla al día, y muchos padres creen que menos es mejor.
Hace unos cuantos años, los Sherman, que viven en Basking Ridge, Nueva Jersey, a unos 65 kilómetros de Nueva York, establecieron la regla de que toda tarea escolar, deber doméstico y práctica de instrumentos tenía que terminarse antes de que se les permitiera a los niños encender el televisor o jugar con video. “Tenía sentido en teoría, pero resultó que los niños hacían las tareas de manera apresurada y descuidada, para poder encender sus aparatos electrónicos”, dijo Amy Sherman, su madre. “Así que eliminamos totalmente del tiempo en pantalla nocturno durante la semana”.
Los niños de los Sherman han aprendido a respetar el sistema. Howard sabe que necesita tener buenas notas o no se le permitirá reunirse con sus amigos en el lugar donde juegan videos los viernes por la noche. Lizzie, su hermana menor, se ocupa de sus perros antes de alimentar y cuidar a su Webkinz, mascotas virtuales.