 |
| ::::::::: M E N Ú :::::::::: |
 |
|
| |
|
|
 |
| El Santiago Bernabéu, en el corazón del madridismo |
|
|
|
|
 |
| Vitrina con los zapatos que utilizan los jugadores del primer equipo del Real Madrid. | | |
| Texto: Patricia Villarruel
Después de los museos de El Prado, Reina Sofía y Thyssen-Bornemisza, el estadio del Real Madrid es la cuarta galería que recibe más visitantes en la capital española.
Lo miran todo. Ensimismados. Unos apelan a la memoria, a esas jugadas exquisitas, a esos célebres triunfos. Y es que el Real Madrid no se entiende sin Alfredo Di Stéfano, Puskas, Gento, la Quinta del Buitre, Raúl o Íker Casillas.
Sin el mejor palmarés del mundo: 23 campeonatos regionales, 30 campeonatos de Liga, 1 Supercopa de Europa, 2 copas de la UEFA, 3 copas Intercontinentales, 9 copas de Europa.
Precisamente por esto nadie deja de maravillarse desde que observa el azul intenso de los graderíos desde el Tercer Anfiteatro del Fondo Sur. Es este punto, el más alto, a 70 metros sobre el terreno de juego del estadio Santiago Bernabéu con un aforo para 80.000 personas, donde cada día convergen cientos de turistas dispuestos a emprender un itinerario por las entrañas de este coloso.
A cambio de 15 euros, el fortín del madridismo enclavado en pleno centro financiero de la ciudad revela sus secretos. No todos, claro está. Sí los suficientes para que el Tour del Bernabéu constituya un rito inexcusable para los amantes del balompié, seguidores o no del mejor equipo del siglo XX para la FIFA.
Con un partido entre el Real Madrid y el club portugués Os Belenenses se inauguró el estadio, el 14 de diciembre de 1947, en una mañana nublada y fría, según los cronistas de la época. Se construyó en un solar rodeado de campos de cultivo y se llamó Nuevo Chamartín, hasta que en 1954 adoptó el nombre de su precursor, Santiago Bernabéu.
Luis Alemany Indarte, hijo de uno de los arquitectos responsables de la construcción, cuenta cómo junto a su padre, Luis Alemany Soler, echaron mano de sacos de arena para comprobar la resistencia de la estructura.
El armazón superó la prueba y ahora esta ruta por el santuario blanco que ha sufrido tres remodelaciones supone una fórmula adicional de explotación comercial del club que en el 2007 facturó 351 millones de euros, el 20% más que el año anterior, de acuerdo con el estudio económico Football Money League, elaborado por la firma Deloitte.
El recorrido discurre por la zona VIP donde se ubica el palco presidencial y su antepalco, un espacio reservado para invitados exclusivos, desde jefes de Estado hasta actores. Esta área comunica de forma directa con los vestuarios. El del Real Madrid, vetado al público, es una réplica exacta del destinado al rival que cuenta con un área de recuperación y una piscina de hidromasaje.
La siguiente parada es el túnel que conduce directamente a los 22 asientos de los banquillos y a la “zona técnica” que marca el espacio designado para que cada entrenador dirija a sus jugadores. Por supuesto hay quien no resiste la tentación de acariciar a hurtadillas el césped del Santiago Bernabéu, un privilegio reservado solo para los futbolistas.
De 1902 al 2008 La historia del club con más de 100 millones de seguidores en los cinco continentes y 400.000 hinchas con carné oficial se enhebra a través de los escaparates dispuestos en la sala de exhibición de trofeos. Y, ahí, detrás del cristal, los estatutos abanderados en 1902 por 67 socios-jugadores invitan al visitante a remontarse a la época de Alfonso XIII, monarca que otorgó al equipo el título de Real.
Después vendría la construcción de los 120.000 metros de la ciudad deportiva en los albores de la década de los sesenta.
El centro, inaugurado el 18 de mayo de 1963, puede jactarse de ser la mayor factoría de futbolistas de España. No llegó a cumplir los 40 años de existencia. Se quedó pequeño y entregó el testigo a la Ciudad Real Madrid, el mayor centro deportivo jamás construido por un club de fútbol.
Las cifras abruman: tiene 1’200.000 metros cuadrados, es 2,7 veces más grande que el Estado del Vaticano, 3.500 personas intervinieron en su construcción y se movieron 900.000 metros cúbicos de tierras. El edificio principal, en forma de T, alberga 9.000 metros cuadrados para vestuarios, 3.000 para gimnasio, 3.000 para aulas… El vanguardista estadio Alfredo Di Stéfano dispone de una capacidad para 6.000 espectadores (acogerá 27.000), tres campos de entrenamiento para el primer equipo y siete para los canteranos.
Y aunque el fútbol y el baloncesto son las únicas secciones deportivas que hoy se mantienen, una de las leyendas que cuelga de las impolutas paredes descubre las 25 disciplinas en las que se lució la elástica madridista: desde el mus pasando por el voleibol hasta el waterpolo o la halterofilia.
Más de 1.200 jugadores han vestido la indumentaria blanca, elegida en imitación a la del club londinense Corinthians Casual. Pero el negocio del balón también esconde un cariz social y ese es el que exhibe en el recinto la Fundación Real Madrid, declarada embajadora del club en el mundo, gracias a la puesta en marcha de las escuelas deportivas de integración social en Argentina, Bolivia, Chile, Ecuador y El Salvador.
Abundan en este tour los homenajes a Ferenc Puskas (1927-2006), máximo goleador del siglo XX con 512 anotaciones en 528 partidos o a Alfredo Di Stéfano, el mejor jugador de esta ‘galaxia’ de estrellas. A esa magnífica Quinta del Buitre encarnada por Emilio Butragueño, Miguel Pardeza, Manolo Sanchís, Michel y Martín Vázquez y que encandiló en los ochenta. A Raúl e Íker Casillas, ejemplos idóneos para explicar la filosofía del club: que los mejores futbolistas del mundo surjan de la cantera merengue.
A Figo, Zidane, Ronaldo y Owen, Balones de Oro de un solo once, el de la temporada 2004-2005. Y, de nuevo, a Manolo Sanchís, el jugador que en más ocasiones vistió la camiseta del primer equipo; 710 en total, 523 en Liga, 66 en Copa del Rey, 99 en torneos europeos y 21 en otras competiciones.
Abundan también los galardones. El más peculiar, el XII Trofeo Ciudad de Vigo, conseguido el 21 de agosto de 1982, tras vencer al Celta de Vigo, por tres goles a dos. ¡Vaya monolito! Pesa 75 kilogramos, 25 de los cuales son de plata y su altura alcanza los 1,60 metros.
Con tanto palmarés, su ausencia resultaría impensable, por eso la efigie de la Cibeles, ícono de la ciudad y testigo de las celebraciones del madridismo, se erige en el colofón de este recorrido por el estadio considerado por la UEFA como de ‘élite’ para recordar que gracias al Real Madrid, lo madrileño es un fenómeno universal.
| |