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VIERNES | 21 de marzo del 2008 | Guayaquil, Ecuador
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Límites de edad para médicos residentes

Con profundo malestar expongo la situación que se vive con los concursos académicos convocados por diferentes hospitales e instituciones de salud, para llenar cargos de residencias en diferentes especialidades médicas en Guayaquil, con el auspicio de colegios y universidades respectivos.

En algunos de  estos como requisitos, hace tiempo y según al parecer por reglamentos de federación  médica o instituciones, se pone como tope ciertas edades, en unas máximo hasta 35 años y en otras hasta 10 años de haberse graduado; a mi parecer, con fines discriminatorios ya que en un Estado democrático como es el ecuatoriano, se atropella de esta manera al ciudadano.

¿Es la edad, raza, color de piel, credo religioso o político algún impedimento para prepararse y estudiar? ¿Qué razones tienen esas instituciones para impedir que nos liberemos de nuestra ignorancia con el simple hecho de prepararnos sin importar nuestra edad? ¿Por qué el reglamento es distinto en la Universidad Central de Quito, donde sí se puede concursar sin poner restricciones de esta naturaleza? ¿O será que detrás de todo hay intereses creados para impedir que en el país se formen mas especialistas?, pues no dejan ni participar si se tiene  36 años o más.

Investiguen y comprueben que en instituciones como maternidades, directivos decidieron bajar aún más la edad para presentarse al concurso de residente (hasta 33 años), dos años menos de lo que dicen los reglamentos, solo porque a sus juicios quienes tienen más de 33 años no rinden igual. El estudio y la preparación, sobre todo médica, es para toda la vida, y con estas restricciones se está privando de ejercer y mejorar los conocimientos a mucha gente. Ojalá a través de la prensa se pueda crear un debate serio, y si algún asambleísta lee esto, le solicito que analice el tema y lo ponga a consideración de la mesa pertinente. Gracias a Dios he podido salir del país y prepararme en el exterior, donde no existe este tipo de discriminación al estudio, pero son cientos los colegas que no pueden hacerlo aquí por “reglamentos” que atentan contra el libre ejercicio de nuestros derechos como ciudadanos de un país libre. Anhelo vivir un día en un Ecuador más justo.

Jorge Ramírez Govea,
médico, Manabí

Arte aberrante

Hace poco recibí en mi  hotmail  un comunicado acerca de un artista de Costa Rica que  expuso una escena horrorosa en una galería de arte de Nicaragua: exhibió un perro vivo convaleciente y lo dejó morir sin darle de comer. La noticia está en internet por todos lados.

Lo que me estremece es pensar que la galería de arte aceptó el hecho, que los visitantes estuvieron en la exposición y no hubo un escándalo masivo para impedir la tortura del animal, y que además este artista quien es más bien –para mí– un ser torcido, haya sido aceptado para exhibir su siguiente obra en la Bienal de Honduras en noviembre de este año.

¿Hacia dónde va este mundo? Ayer fue ese pobre perro sin nadie que lo defienda, pero hoy sucede también con los tiburones de Galápagos, con las focas bebés en Canadá, con las ballenas en la Antártida... Yéndonos más profundo, existen hechos como la prostitución de niños en un montón de países; las sectas que penalizan razas, condiciones sexuales, condiciones sociales; los genocidios entre nosotros mismos...

¿Hasta cuándo? ¿En qué nos hemos convertido? Somos destructores de vida. Se acabó la dignidad, el amor, la humildad, el respeto, la honestidad; hoy todos te miran a los ojos y te mienten y te pisotean. Nelson Mandela dijo: “La grandeza de una nación se puede medir por la manera en la que sus animales son tratados”. Todavía estamos a tiempo de ser una gran nación, un gran mundo, si nos dejamos de enfocar en nosotros mismos.

Larisa Cevallos,
Surfers Paradise, Australia

Algunos creen que copiar ciertas cosas extranjeras es ponerse a la altura de la última moda y descubrir nuevas visiones que el común de la gente desconoce; y en ese son también se inmiscuyen unos que se dicen “artistas”, y para “revolucionar” la plástica recurren a lo mismo que han visto en películas, revistas, o en algún viaje por Europa (al toparse con algún tipo que actúa raro); es decir, a crear “obras diferentes”.

Esas “obras” diferentes o innovaciones del “arte” asombran mucho (como lo vemos por los periódicos y televisión) mas no por ser bellas, sino por grotescas, aberrantes. Por ejemplo, usar una parte íntima del cuerpo como pincel; usar sangre, estiércol..., por pintura; exhibir cuerpos humanos disecados con las vísceras afuera; mostrar fetos pintados o animalitos moribundos, etcétera. O como ya se copia en Ecuador, presentar torsos de maniquíes sentados en una tabla destartalada de planchar; exponer trapos colgados en una pared sobre los que se pegan pedazos de fotos y escapularios; presentar restos de animales muertos despellejados, ensangrentados y malolientes; exhibir a gente desnuda arrastrándose sobre la bandera del país. Público de varias edades acude a ver eso y a aplaudirlo y, por su parte, periodistas también van a filmar y fotografiar eso para luego darlo a conocer ampliamente a la ciudadanía. ¿Qué nos pasa? ¿En qué nos hemos convertido? ¿A eso llamamos “artistas”, “obras” y “arte”? ¿A eso se le da reconocimiento con reportajes televisivos, notas de prensa y concursos donde dan premios y medallas? ¿Dónde queda la sensibilidad humana de lo hermoso y artístico?

Efraín Cando,
Quito

¿“Nuevos” pecados?

Últimamente se ha leído en muchos medios de comunicación que la Iglesia Católica ha “inventado nuevos pecados”, y ha “actualizado” los siete pecados capitales.

Conviene informarse mejor: las declaraciones del obispo regente de la Penitenciaría Apostólica de la Santa Sede, monseñor Gianfranco Girotti, la semana pasada, son comentarios personales dentro de una entrevista; no una declaración oficial del Vaticano.

Los católicos practicantes y convencidos sabemos que la doctrina sobre el pecado es la misma desde que Dios nos la dio, y que se resume en amarlo sobre todas las cosas y en amar también al prójimo como a nosotros mismos (Mt.22:37-40).

No es necesario, entonces, explicitar cada pecado como lo hizo el prelado: los ecológicos, los sociales, los biotecnológicos, los informáticos.

Sabemos que todo aquello que falte al amor a nuestro Padre, a los demás, o a nuestro propio ser, es pecado.

Los pecados capitales, por su parte, son un instrumento didáctico, que desde tiempos de san Gregorio Magno nos ayudan a ver lo peor del ser humano y tratar de evitar estas tendencias al pecado.

“Capital” quiere decir que de estos pecados “cabeza” surgen muchos otros. De la avaricia surgen los pecados sociales, por ejemplo.  Y es una excelente manera de entender fácilmente qué debemos hacer para ser mejores personas e hijos de Dios.

Pedro E. Freile,
músico, Quito

Así como para los temas de deportes, política, economía..., existe personal versado que analiza e informa; en cuestión de religión, los medios de comunicación colectiva deben contar con gente especializada o muy conocedora para que no se malinterpreten hechos que causen dudas, polémicas y desinformación.

Ya se ha informado erradamente sobre temas delicados como que la madre Teresa de Calcuta dudaba de Dios, cuando lo que se quiso interpretar era que su alma buscaba profundamente a Dios; o se dice que los fieles “adoran” a tal santa y que ella hace milagros, cuando lo que se quiso decir era que la veneran y que por su intercesión Dios concede milagros. Ahora último, ciertos medios de televisión y prensa dicen que el Vaticano decretó dos nuevos pecados, en vez de precisar que fue un prelado de la Iglesia quien al ser entrevistado, habló de ciertos males modernos, pero en ningún momento significa que oficialmente la Santa Sede ha decretado dos flamantes pecados. Por ello, es menester que los medios deban poner gran cuidado al momento de interpretar un hecho o nota religiosa con conocimiento de causa.

Angélica María Marcillo,
Quito

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