Primero visitan el puente de mando para solicitar que todas las luces externas del barco se apaguen al mismo tiempo, luego corren de proa a popa encendiendo cuatro lámparas de luz ultravioleta que han colocado previamente para recoger muestras.
Las trampas cuentan con una malla eléctrica para sacrificar a los bichos atraídos. Édison y Omar desean determinar la efectividad de esta técnica en el control de insectos en las embarcaciones de turismo, y nuestra nave sirve como piloto en la investigación.
Tres horas antes de llegar a una isla, Omar y Édison prenden las trampas, que quedan encendidas durante dos horas. La mayoría de los órdenes de insectos son atraídos por longitudes de onda baja que están en la región ultravioleta del espectro electromagnético.
Esta luz ultravioleta se encuentra en las luces blancas y negras, por tanto, se han elegido trampas de luz blanca. Luego de transcurridas las dos horas, nuestros ‘bichólogos’, como se los conoce con cariño a bordo, hacen lo contrario, es decir, apagan las lámparas ultravioleta y prenden las luces del barco. La idea es colectar insectos en ambas situaciones, contarlos y analizarlos.
Los insectos se guardan en fundas plásticas; en la mañana son transferidos con cuidado a tubos de ensayo que se conservan en hieleras correctamente membretadas. Al terminar la semana serán llevados al laboratorio de invertebrados terrestres de la Estación Científica Charles Darwin.
Los bichos se catalogan. Se determina qué cantidad son endémicos, es decir, únicos en Galápagos, cuántos nativos y cuántos introducidos.
Algunas reglas
Es un hecho que los barcos de turismo son agentes dispersores, no naturales, de especies de insectos voladores, sobre todo, con hábitos nocturnos.
Pero, a través de esta investigación, se intenta encontrar una forma eficaz de minimizar el impacto. Si las trampas se prueban efectivas, se propondría a cada embarcación que las implementara a bordo utilizándolas el tiempo necesario antes del arribo a una isla, evitando así que nuevas especies fueran introducidas de isla a isla. En una semana de experimentación Omar y Édison estiman a simple vista que las trampas han tenido de 70 a 75% de efectividad. Para que el éxito sea mayor, las luces deben ser colocadas en lugares estratégicos de la nave, donde no estén expuestas a corrientes de aire, y deben cumplir con la finalidad de iluminar.
Tanto Omar como Édison son becarios de la Fundación Charles Darwin donde trabajan en el departamento de Invertebrados terrestres; ambos preparan sus tesis de licenciatura en biología de la Universidad Central sobre dispersión de insectos por medio de luces de embarcaciones.
En años anteriores se han realizado investigaciones similares como parte del gran proyecto Control de Especies Invasoras en el Archipiélago de Galápagos suscrito por el Gobierno ecuatoriano con apoyo del Fondo Mundial para el Medio Ambiente (GEF).
En el informe del 2006, Polizones Peligrosos, preparado por Lázaro-Roque Albelo, Maureen Berg y Miguel Galarza se observan cifras preocupantes. Basados en muestreos en varias naves en situaciones distintas se llega a estimar que un barco mediano con 18 luces externas podría atraer hasta 102.150 insectos en un año, y un barco grande con 65 luces externas hasta 367.542 en el mismo periodo.
Soluciones válidas
El mismo informe concluye que la atracción y abundancia de los insectos a las luces de los barcos depende de diversos factores, como la estación del año, velocidad y dirección del viento, presencia de la luna, distancia a la que se encuentra el barco de tierra, tipo de nave, tamaño, número de luces, además de las características biológicas de cada especie de insecto.
Los insectos nocturnos son extremadamente sensibles a las luces porque han desarrollado especiales adaptaciones a la recepción de las mismas. Muchos tienen, a más de dos ojos compuestos, tres ojos especiales llamados ocelos en la parte superior de su cabeza con la específica función de detectar la luz y no el movimiento (según la publicación sobre entomología Borror et al, 1989)
Es necesario continuar con mayores estudios e investigaciones antes de llegar a una propuesta final. Pero para eso justamente se hace ciencia, porque primero hay que entender lo que ocurre, para luego plantear soluciones válidas y viables.